La alegría de preparar las oposiciones

A menudo me han preguntado muchas personas (amigos, opositores, familiares) qué son las oposiciones de educación y cuáles son las capacidades y los valores que ha de atesorar una persona para alcanzar el éxito en las mismas. Algunas personas me preguntan por pura curiosidad y otras muchas porque se plantean seriamente la posibilidad de opositar para alcanzar su propia plaza.

El pasado domingo tuve el privilegio de acompañar la salida del buque escuela de la Armada Española, el Juan Sebastián de Elcano desde el puerto de Cádiz hasta adentrarse en la mar con rumbo a América. En esta ocasión, la travesía conmemoraba el fantástico viaje de Magallanes y el propio Elcano y por ello doblarán como homenaje las aguas del temible cabo de Hornos. A escasos metros del precioso navío, viendo sus velas desplegadas, volví a recordar el parecido que encuentro entre las travesías oceánicas y el mundo de las oposiciones. Desde aquí quiero desear a sus tripulantes (algunos, alumnos míos) la mayor ventura en esta singladura inolvidable que inician. Volverán a España y habrán crecido…

Desde hace algunos años, suelo utilizar la imaginería náutica para explicar en qué consisten las oposiciones y más en concreto con el Descubrimiento de América, la mayor gesta colectiva que los españoles hemos conseguido en la historia. Y es que nuestro viaje, que desde luego nos conduce al oro (a la obtención de una plaza de funcionario) es también una singladura hacia lo desconocido e incierto, para alcanzar el puerto final de la libertad. Es bueno recordar siempre esto (y más en los días malos) para soportar con el mejor ánimo las pruebas innumerables que habremos de soportar hasta alcanzar la plaza.

Salir de puerto

Así, cuando salimos del puerto nos encontramos cerca de nuestra tierra, de nuestro entorno y costumbres habituales: el tiempo que dedicamos a nuestros seres queridos sin ser conscientes de su verdadero valor y también las horas desperdiciadas en mil y una banalidades que no nos ayudan a ser mejores ni aportan valor verdadero a nuestra vida. Yo siempre me recuerdo en la época anterior a opositar dedicando un par de horas al día a ver la televisión sin ningún tipo de selección verdadera, regalando el tiempo de mi vida a programas estúpidos.

El océano que nos espera

Y poco a poco, se nos aparece el mar abierto y la costa desaparee. Nos damos cuenta de la inmensidad del estudio que se nos viene encima. Programación, comentarios y estudio vienen en oleadas y nos van rodeando. Es entonces cuando comenzamos a tomar conciencia de que nuestra vida va a cambiar, de que será imposible alcanzar la meta sin consagrarnos a nuestra tarea dando todo lo que tenemos dentro de nosotros. Es entonces cuando tenemos dos opciones: o seguir con nuestras rutinas terrestres de antes de embarcar (lo que al final nos conducirá a volver a tierra y abandonar nuestro sueño) o adaptarnos a la nueva situación y poner todo nuestro talento, nuestras energías y nuestra fe en pos de nuestro sueño: cruzar el Atlántico y llegar a América.

Llegarán las tormentas, los temporales… Nos surgirán mil inconvenientes y dificultades personales y profesionales que nos desviarán de nuestro rumbo. Es inevitable: cuando se va a vela, como nosotros, no siempre se puede seguir un rumbo recto y muchas veces es el viento y las corrientes quienes nos va a empujar en una dirección u otra. Nuestra nave sufrirá sus efectos, pero ahí estaremos nosotros, firmes al timón, volviendo una y otra vez a trimar las velas poniendo rumbo a nuestro destino.

Ser opositor es crecer como persona

Porque nuestra singladura es, además, un viaje hacia nuestro propio crecimiento personal, porque en él desarrollaremos unas virtudes que, al final del viaje, nos habrán convertido en personas diferentes y, sobre todo, en mejores personas.

En la travesía vamos a adquirir unos valores que he sintetizado así.

El opositor es práctico, porque aprende a organizar su vida.

El opositor es constante, porque aprende a realizar su tarea todos los días, llueva, nieve o haga sol.

El opositor es firme porque aprende una y otra vez a dirigirse hacia su objetivo.

El opositor es generoso en el esfuerzo porque sus jornadas de trabajo le hacen más fuerte.

El opositor es sabio porque aprende todos los días algo.

El opositor es valeroso porque aprende a enfrentarse a sí mismo.

El opositor es confiado porque aprende a valorar lo bueno de sí mismo, a sus seres queridos y a la sociedad que le rodea.

El opositor es fiel porque aprende el valor de la fe, de la tradición y de la historia.

El opositor tiene sentido común porque aprende a distinguir lo que es esencial de lo que es accesorio.

El opositor es exigente porque aprende que será exigido.

El opositor es optimista porque aprende a encontrar la luz que hay en la oscuridad.

El opositor es mejor ciudadano, porque comprende que su esfuerzo hará que la sociedad sea mejor.

El opositor alcanza la libertad individual, porque no tiene miedo de ser esclavo de su obligación.

El opositor es un triunfador, porque aprende a superar las derrotas.

El opositor es feliz, porque sabe que está invirtiendo libremente su tiempo en lo mejor que puede hacer.

El mundo es nuestro y nosotros participamos de su canción

Por eso, y por muchas cosas más, es un privilegio y una alegría poder opositor, poder consagrar todo nuestro ser a una actividad que nos va a hacer crecer para luego poder convertirnos en una poderosa semilla que haga nuestra sociedad mejor. Alcanzaremos nuestra plaza, seremos un referente para nuestros alumnos y para todos aquellos que nos rodeen. Ese es el gran premio, más allá del dinero, que alcanzaremos como personas. El mundo está ahí, esperando que intervengamos en él, que aportemos nuestro verso en su gran poema. ¿Te lo vas a perder?

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