Carta abierta a los opositores de Opolengua

A escasas horas del día para el que nos hemos estado preparando intensamente durante los últimos meses, quiero enviarte un último mensaje de ánimo antes de afrontar la prueba final.

Y en este momento crucial, quiero devolverte por un instante a tu infancia, a tus años como estudiante, cuando volvías a casa con el boletín de notas y esperabas, con ilusión, despertar más amor y más confianza en tus padres y abuelos. Mañana volverás a casa otra vez, tras el examen, para contar qué tal te ha ido, como cuando volvías del colegio. Y ellos te esperarán con los brazos abiertos, deseando saber de tu aventura personal.

Yo sé muy bien el enorme esfuerzo que has realizado en este tiempo. Tus horas de estudio ante los temas, memorizando ideas, repitiendo palabras, forzando al cerebro una y otra vez para conseguir el resultado deseado. Tus horas de revisión y realización de los comentarios, descubriendo y adquiriendo confianza en un entorno siempre incierto, el de reconocer y acertar épocas, movimientos y estilos. Tus horas construyendo tu programación, dedicando la mejor parte de tu creatividad a insuflar en ella originalidad y entusiasmo. Yo sé de tus horas viendo vídeos y entrando a la plataforma de Opolengua, de tus zozobras por las dudas. Todo eso lo has hecho tú y ese enorme trabajo es el que te permite afrontar la prueba de mañana.

Es una tarea en la que has hecho mil renuncias que también conozco bien. Tu tiempo, tu sagrado tiempo… Hijos, parejas, padres, familiares y amigos… Son los grandes damnificados de este esfuerzo. Muchas veces, un minuto dedicado de más al estudio era una espina de dolor por no dedicar ese tiempo a los que te quieren. Aparcar aficiones, gustos, querencias, recluirse en una habitación y a solas, afrontar nuestro sueño personal. Un a montaña suprema que se conquista paso a paso y que según la ascendemos cobramos conciencia de todo lo que nos queda por subir sin darnos cuenta de que hemos crecido tanto en la ascensión que ya somos otra persona mucho mejor de lo que éramos. En todo este tiempo nos hemos alejado de ellos para crecer como personas. La oposición es siempre un territorio de crecimiento personal. Ahora somos más constantes, más responsables, más estables…

Es tiempo de hacer el último esfuerzo y volver a ellos, para brindarles nuestro nuevo yo: nuestra serenidad, nuestra constancia, nuestro sentido del deber… Todo eso que hemos ganado estos meses debemos dárselo ahora como ofrenda divina.

Obtener la plaza no va a ser fácil. En las próximas horas nos vamos a enfrentar a personas que también han realizado una larga preparación y muchos de ellas cuentan con muchos puntos en su apartado de méritos.

Pero la plaza será para nosotros. Ya les hemos vencido en la preparación, teniendo a nuestra disposición un temario abarcable y memorizable, comentarios de todos los tipos posibles y un proceso de construcción de la programación que nos ha permitido personalizar una propuesta original y eficaz. Este modelo ya ha demostrado en Cataluña su fiabilidad, donde cuatro personas han obtenido la plaza.

Pero eso no es lo más importante. Nosotros lo vamos a conseguir, porque no nos rendiremos jamás. Y no nos rendiremos jamás, porque el viento que nos impulsa es el de esos primeros recuerdos de nuestra infancia y adolescencia, cuando en nuestra familia, nuestros padres, nuestros abuelos, se sentían orgullosos de nuestros esfuerzos y logros intelectuales. Nuestro viento volverá a ser una y otra vez la sonrisa de orgullo con que nos regalaban el alma cuando les entregábamos el boletín de notas, la profunda satisfacción cuando oíamos a nuestro padre o a nuestra madre hablar de nosotros a todo el mundo con orgullo. Ese es el origen del viento que te ha conducido a estar mañana delante de un tribunal de oposiciones. No lo olvides nunca. Y ese viento, que soplan nuestros antepasados, los que hicieron posible el milagro de la vida para que tú estés mañana defendiendo tu honor, seguirá soplando siempre, eternamente, en tu corazón hasta que mueras. Por eso, te salga una bola más o menos favorable o un texto más o menos difícil, seguirás al pie del cañón y mantendrás el ánimo. No te rendirás jamás.

Mañana solo se decide si este año consigues o no la plaza, porque más tarde o más temprano, ese impulso que viene de lo más profundo y verdadero de tu ser, de tu propia sangre, te conducirá, sin lugar a dudas, a tu puerto, que es en realidad el de salida, el del orgullo de tu infancia.

Estoy seguro de que mañana volverás a casa con la satisfacción del deber cumplido, de haber dado lo mejor de ti en honor de esos padres y de esos abuelos que cada uno desde su lugar, unos cerca de tu cuerpo y otros cerca de tu alma, también te alentarán siempre. Volverás del día D como héroe o heroína, vencedora de tus limitaciones y tus dudas, de tus carencias y miedos, para decirles, con el alma cansada y el temor en tu corazón, pero con la cabeza bien alta y una sonrisa en los labios que has hecho todo lo que has podido y que más tarde o más temprano lo conseguirás.

Que Dios te acompañe en tu sueño personal.

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