El duro camino a la plaza de María Rodríguez Guzmán

Mi nombre es María Rodríguez Guzmán y soy Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Huelva. Una vez que terminé mi licenciatura en 2011, cursé el Máster en Formación del Profesorado. Tenía mis ideas claras: quería dedicarme a la docencia de Lengua castellana y literatura. Así que el objetivo era prepararme las oposiciones y presentarme. En 2012, con la crisis, mis aspiraciones, como la de muchas más personas, se vieron truncadas cuando el Gobierno impugnó el proceso de oposiciones. No era posible; habría que seguir esperando. Y ese año llegó; me refiero a 2014, primera convocatoria a la que me presenté en Andalucía. En 2013 comencé a estudiar yo sola con un temario que adquirí a través de una academia online. También tuve ayuda de varias personas para preparar los comentarios y la parte de didáctica. En ese año de estudio, buscaba por Internet información que me ayudara a seguir adelante con esta ardua travesía en la que acababa de embarcarme. Y es así como accedí a la página web de Opolengua. Leía todas las publicaciones del blog hasta el punto de que escribí algún correo a Eduardo para preguntar algunas dudas. Pues bien, en esa oposición de 2014, pasé la primera prueba, pero no la segunda, así que no entré en bolsa . No tenía nada (aunque suenen muy trágicas mis palabras). No tenía trabajo y me iba ganando la vida impartiendo clases particulares a alumnado de diversos niveles (aprendí mucho; de todo se aprende, aunque aquellos fueron momentos muy duros). Tenía que hacer algo; no podía dejar pasar el tiempo. Pues bien: contacté con Eduardo para ser alumna de su curso de preparación con vistas a las oposiciones de 2016. Fue un año durísimo: seguía con un trabajo precario y estudié mucho. Sacaba fuerzas de donde no las había. Conseguí estudiar treinta y nueve temas durante el curso 2015/2016. Por lo que respecta a los comentarios, tengo que decir que me resultaba muy difícil; yo creía que nunca iba a llegar al nivel que Eduardo me exigía. Me frustraba mucho, lloraba, me enfadaba conmigo misma… pero tenía que hacerlo. En la parte de didáctica elaboramos una programación maravillosa y llena de entusiasmo, así como sus doce unidades didácticas. Ya estaba todo hecho; solo faltaba que llegara el día “D”. Y así fue: me presenté y obtuve una muy buena nota. Me parecía increíble. No obtuve la plaza, ya que nunca había trabajado y me faltaba esa parte de experiencia para el baremo (me quedé muy cerca de la plaza). Recuerdo cuando hablamos Eduardo y yo con tanta alegría por ese duro año que, finalmente, dio sus frutos.

Ya había logrado entrar en bolsa, así que solo quedaba que sonara el teléfono para empezar a trabajar. Yo seguía estudiando, y así volví a ser alumna de Eduardo en el curso 2016/17 en otro de sus completos y maravillosos curso. Vivía pegada al teléfono, y el tiempo pasaba y no me llamaban. No podía más. Recuerdo que por el mes de mayo de 2017 Eduardo y yo hablamos por teléfono y, como siempre, sus palabras sinceras y de apoyo me ayudaron a mitigar esos duros momentos. Pasó el curso y no trabajé. Pero yo seguí estudiando en el verano. Tenía que llevar los setenta y dos temas. Me lo había propuesto y tenía que hacerlo.

A principios de septiembre de 2017 (curso2017/18), volví, por tercer año consecutivo, a ser alumna de Eduardo. Seguía estudiando y comentando (“afinando aciertos y puliendo errores”, como sabiamente dice Eduardo en sus videotutoriales). A mediados de septiembre, después de quince meses en bolsa, recibí la tan ansiada llamada: me ofrecieron una vacante. No podía contener mi alegría: iba a trabajar el curso entero. Cuando supe el destino y el centro, sabía que la vida, el Destino, Dios, me ponían otro nuevo reto en mi vida. Ha sido un año durísimo: un centro muy difícil en un entorno aún más difícil. Pensaba que no iba a poder hacer frente a todo ello (al trabajo, al estudio, los comentarios…). Por momentos no podía más: lloraba para desahogarme, me enfadaba…  En los cientos de correos electrónicos que nos hemos intercambiado Eduardo y yo (además de las llamadas telefónicas), le hacía llegar mis confidencias: no podía más; todo me sobrepasaba. Pero en la vida nunca jamás hay que rendirse. Es cierto que todo es duro, y que una oposición es un camino durísimo, pero debemos ser fuertes y seguir adelante siempre y no rendirnos nunca. Me decía un antiguo profesor: “sigue, sigue, que algún día te alegrarás”. Y así es: en esta convocatoria de oposiciones de 2018 de Andalucía he obtenido la plaza. Soy muy afortunada. Le pedía dos cosas a la vida: conseguir la plaza y tener salud para poder vivir. Me emociono al escribir estas palabras por este largo camino que he recorrido. Doy las gracias públicamente a Eduardo López Prieto por su trabajo, constancia, rigor, profesionalidad y por ser una gran persona que me ha ayudado a conseguir mi deseo. Sin él, esto no hubiera sido posible. Muchas gracias. Con su permiso, me gustaría agradecer el apoyo de mis familiares, de los que han estado ahí día a día sufriendo desde la distancia como yo y de los que no están. Gracias por todo.

Desde aquí animo a todas las personas a que persistan y a que luchen por sus sueños. Con rigor, trabajo y constancia, podemos conseguirlo. Ahora comienza una nueva etapa de mi vida en la que tengo nuevos proyectos y planes que me gustaría emprender. Y, sobre todo, seguir aprendiendo y dar de mí, día a día, lo mejor y trabajar por nuestro sistema público de educación. Gracias, Eduardo.

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