¿Cuál es el error más común que podemos cometer preparando oposiciones?

Las personas que opositan con seriedad realizan un esfuerzo ímprobo durante mucho tiempo. Es, como sabe bien quien lo ha probado (igual que el amor en el famoso soneto de Lope) un tiempo de renuncias, sacrificios, concentración y soledad. Y este tiempo, a veces, nos parece eterno, ¿Cuándo terminará la pesadilla?

Ya analizábamos la semana anterior que las circunstancias actuales permiten obtener la plaza en un año y a la primera, pero lo normal es que el proceso se alargue años. Y en un lapso de tiempo tan largo y con tantas tareas que realizar, podemos cometer muchos errores, por lo que decir cuál es el más grave resulta bastante complicado.

¿En qué podemos fallar al preparar oposiciones?

Podemos realizar una elección equivocada del temario, no adoptar un plan de estudio adecuado, no tener una secuencia de temas correcta, no preparar correctamente la prueba práctica o realizar defectuosamente la programación. Y este catálogo no acaba aquí. Hay muchos otros que ahora no desarrollamos. Todos son errores graves, porque un error en cualquiera de estas cuestiones nos conducirá con bastante certeza al suspenso y por ello, a la frustración. Tendrá ventaja en el futuro la persona que sea capaz de detectar cuáles han sido sus errores, pues podrá solventarlos. Sobre esta idea fundamental, haremos un artículo la semana que viene.

Pero esta galería de errores, siendo la causa fundamental de que no hayamos pasado el corte, no es en mi opinión el error más común. Hay referencias en internet, hay preparadores y hay sentido común que nos pueden guiar en este duro periplo que son las oposiciones. El presupuesto económico del que dispongamos, el tiempo del que disponemos e incluso nuestra personalidad nos llevará a tomar una decisión y la práctica nos dirá si fue acertada o no. Cada persona es diferente de otra y tiene diferentes circunstancias por lo que su camino será diferente también, aunque la meta sea la misma: la plaza.

Pero en mi experiencia, desde que comencé a opositar en 1992 hasta hoy, el error más común que cometemos los opositores es no aprovechar los años en que no hay oposición. Ese curso en que teóricamente no hay convocatoria no suele ser aprovechado por la mayoría de los opositores, que se lo toman directamente de descanso.

Hay personas que inicialmente se plantean lo correcto, seguir estudiando. Pero también sucumben. Es comprensible. Acaban las oposiciones y, lógicamente, nos desenchufamos para descansar. Nos instalamos en la inactividad durante unas semanas. Y al volver en septiembre, surgen las actividades obligatorias del nuevo curso escolar. Los hijos, el trabajo, la tentación de seguir haciendo cursos, creyendo que eso va a ser decisivo para el aprobado. Y es entonces cuando nos instalamos en una nueva rutina y ya pasan los días y el buen propósito se va perdiendo día a día. Cuando ha pasado un mes y no hemos arrancado, asumimos que ese año será un año en blanco, perdido para el estudio.

¿Por qué es un grave error no estudiar en los años que no hay oposición?

Una oposición es un trayecto, una travesía que tiene un inicio (el del día en que nos planteamos opositar) y un final (el del día glorioso en que nos comunican que hemos obtenido la plaza). Y ese trayecto supone tres cuestiones básicas: responder adecuadamente las pruebas prácticas, dominar el tema que nos caiga en las oposiciones, hacer una buena programación y defenderla bien. Para sacar la plaza hay que hacer esto razonablemente bien y si se falla en alguna de estas cuestiones, estaremos suspendidos.

Una oposición es además una competencia. Hay que parecerle a un tribunal que somos mejores que los demás. Y eso quiere decir que no nos podemos conformar con el aprobado, que el aprobado puede ser en realidad insuficiente. En la universidad un aprobado es suficiente, en la oposición un notable puede ser insuficiente. Esto hace que no solo tengamos que preocuparnos por lo que hacemos nosotros, sino por lo que hacen los demás.  En una carrera de fondo, no solo debemos preocuparnos por nosotros mismos, sino por lo que hacen nuestros oponentes. Es además una competición que no todo el mundo comienza a la vez. Unos comenzaron en 2016 y nos tienen ventaja. ¿Y qué es lo mejor que podemos hacer si ellos se ponen a dormir? ¡Avanzar! ¿Acaso estamos seguros de que todo el mundo va a descansar? No. De hecho, yo (y muchas otras personas que han alcanzado el éxito), han aprovechado los años “libres” para recortar el terreno de otras personas que habían comenzado a opositar años antes.

Hay que saber que siempre hay personas que aprovechan este año para estudiar y que si nosotros no lo hacemos, les estamos dando ventaja. Nos tomarán temas de ventaja que pueden resultar, al final, decisivos. Para ellas está diseñado nuestro curso Opolengua Oro a dos años vista.

¿Cómo superar esta situación?

Lo primero es tomar conciencia de ella. Ser conscientes de que es un error no estudiar. Somos opositores desde el día que comenzamos a preparar la oposición hasta que obtenemos la plaza, y tomarse un año sabático, con todas las tareas que hay que realizar en una oposición, es un error.

Hay opciones intermedias. Quizá podemos estudiar al mismo ritmo que estudiamos el año que convocan, pero podemos perfectamente realizar tareas que nos aproximen a nuestro objetivo final, dedicando siempre unas horas a la semana para el estudio de las oposiciones. En todo caso, lo que es un error mayúsculo es no repasar los temas que ya llevamos. Este es un error gravísimo porque nos llevará a empezar desde cero al año siguiente. Desperdiciar el tiempo que dedicamos a su memorización para luego no almacenarlos a largo plazo es un verdadero crimen. Ni que decir tiene que si contamos con un buen sistema de repasos , como el que proponemos desde Opohispania, la cosa se simplifica y facilita mucho, pero tengamos el sistema que tengamos, hay que repasar siempre.

Así pues, tras tomar conciencia del problema, se trata de arbitrar tiempos y espacios semanales para realizar repasos y tareas. Y si buscamos huecos, los encontraremos pues ya lo hicimos el año anterior. No dejemos que la desidia nos invada. Aprestémonos al repaso y a la preparación, porque no nos quepa duda de que persistir es el camino a la plaza.

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