Las oposiciones y el azar

Cualquier opositor sabe que el azar desempeña un importante papel en las oposiciones y en la vida. Existe la probabilidad de que nos caiga o no la bola que deseamos, existe la suerte en el texto que aparece en el práctico, existe el azar en las unidades que nos caigan en el sorteo de la encerrona. Y por si fuera poco existe el azar en el tribunal que nos toque. Además de esto, también depende de la suerte el día y el orden que nos toque para exponer, etc.

 

Yo fui un campeón de la mala suerte como opositor o eso me parecía a mí. El primer año, en 1994, el tribunal de Cádiz me suspendió equivocando su nota con la de otra persona. Yo había aprobado (era la segunda nota del tribunal) y la otra persona había suspendido. Se dieron cuenta, al parecer, cuando la otra persona hizo la encerrona. Y entonces (yo ya estaba de vacaciones) me llamaron a las 17’00 de un martes en Madrid y tuve que realizar mi encerrona y mi tema teórico en Cádiz a la mañana siguiente a las 8’00.

En 1998, el tribunal de Madrid confundió el tema 26 con el 37 y a las personas que hicimos el 37 (que era el que había salido en el sorteo) nos pusieron un 5 y a las que lo hicieron mal (tres o cuatro opositores) les pusieron casi un diez. Entonces no había reclamaciones y nos quedamos con tres palmos de narices.

En dos ocasiones fui la mejor o la segunda mejor nota del tribunal (en Madrid en 1996 y en Cáceres en 1994), pero como mi tribunal puntuaba muy bajo, no tuve ninguna opción de sacar la plaza.

Sumo y sigo. Los temas casi nunca fueron de mi agrado y me tocó varias veces hacer la encerrona a primera hora de la tarde.

¿Hubo suerte en otras cosas? Bueno, casi siempre me tocaron textos que reconocí. Las trescientas, Cien años de soledad, poesía de cancionero, etc. Solo en una ocasión no reconocí el texto. Pero a esas circunstancias no las incluí en el azar. Suponía que, gracias a las que yo suponía buenas lecturas, acertaba las obras. De aquí podemos sacar una lección. Nos quejamos de la suerte cuando es mala, pero la ignoramos cuando es buena.

Y cómo preparador, ¿qué decir? Pues lo mismo. Yo he conocido opositoras que han obtenido plaza llevando solo tres temas y otras que llevando sesenta temas, no tuvieron suerte en el sorteo y no les cayó ninguna bola.

Así pues, desde luego que la suerte influye en las oposiciones.

¿Es justo que el azar influya en las oposiciones?

Desde luego que no. Lo cierto es que como ya dijimos en entradas anteriores de este blog, el azar es lo contrario de la objetividad y el sistema de acceso debería y podría ser mucho más objetivo. Simplemente con un sistema parecido al MIR que incluyera una prueba (no la única) basada en un temario oficial que consistiera en un test con preguntas de todos los temas de la oposición, la suerte del sorteo disminuiría mucho. Porque, de hecho, lo que sabemos es que una persona que obtiene la plaza no suele seguir estudiando los temas que no llevaba al sacar la plaza. Y lo normal es que una persona obtenga la plaza llevando treinta o treintaicinco temas. Luego, para el usuario, también para el alumno (usuario final del sistema), es mejor que no haya  azar y que todos los opositores deban saberse todos los temas.

Ahora bien, la decisión sobre el sistema de acceso es política y más allá de nuestro voto o nuestra militancia, poco podemos hacer para cambiarlo. La cuestión aquí, por tanto, es conocer bien el sistema y actuar en consecuencia para defender nuestros intereses.

Diferenciar lo que podemos controlar de lo que no podemos controlar

Lo primero que debemos hacer es diferenciar lo que podemos controlar de lo que no. Y no podemos decidir la hora en que intervendremos ni el tribunal (bueno o malo) que nos toca. Así que eso es mejor dejarlo a un lado y centrarnos en lo que sí podemos controlar, que es el temario, la programación y los ejercicios prácticos. Eso sí es nuestra responsabilidad y debemos controlarlo.  Y en este sentido hay que tener una idea clara: cuanto más sepamos, menos papel tiene la suerte.

¿Cómo mirar una tabla de probabilidades?

Hay una cuestión importante y es saber interpretar una tabla de probabilidades. Esta es la tabla de probabilidades que rige en nuestra oposición.

 

Probabilidad de que te toque algún tema de los que te sabes saliendo 5 bolas.

Número de temas que te sabes Probabilidad de que te toque algún tema de los que te sabes
0 0%
1 6.94%
2 13.5%
3 19.68%
4 25.5%
5 30.98%
6 36.13%
7 40.97%
8 45.51%
9 49.76%
10 53.75%
11 57.48%
12 60.97%
13 64.22%
14 67.25%
15 70.07%
16 72.7%
17 75.14%
18 77.4%
19 79.49%
20 81.42%
21 83.21%
22 84.86%
23 86.37%
24 87.76%
25 89.04%
26 90.2%
27 91.27%
28 92.24%
29 93.12%
30 93.92%
31 94.64%
32 95.3%
33 95.88%
34 96.41%
35 96.88%
36 97.31%
37 97.68%
38 98.01%
39 98.3%
40 98.56%
41 98.79%
42 98.98%
43 99.15%
44 99.3%
45 99.42%
46 99.53%
47 99.62%
48 99.7%
49 99.76%
50 99.81%
51 99.85%
52 99.89%
53 99.92%
54 99.94%
55 99.96%
56 99.97%
57 99.98%
58 99.99%
59 99.99%
60 99.99%
61 100%
62 100%
63 100%
64 100%
65 100%
66 100%
67 100%
68 100%
69 100%
70 100%
71 100%
72 100%

 

En mi opinión hay dos conclusiones a tener en cuenta. La primera, que el sistema aplicado por el Real Decreto favorece a los opositores que estudian entre veinticinco y treintaicinco temas (quizá no es por casualidad, sino porque este es el número de temas que suelen llevar los opositores estudiados en un año).  A partir del tema 36, cada tema nuevo nos suma tan solo un 0’3%, mientras que entre el 23 y el 24, un solo tema aumenta 1,3%. Es una gran diferencia.

La otra cuestión importante es que la tabla de probabilidades hay que mirarla al revés. Es decir, cuando se nos dice que tenemos con doce temas, casi un 61% de probabilidades, lo cierto es que tenemos un 39% de que no nos caiga bola. Y eso es muchísimo. Yo siempre les digo a los opositores: “Si antes de subir en un ascensor, nos dijeran que hay un 39% de posibilidades Yo diría que cualquier probabilidad inferior a un 95% es poco; porque yo al menos, con más de un 5% de probabilidades de que no me toque bola, iría agobiadísimo. De hecho, yo salvo el primer año, siempre llevé todos los temas. En este sentido, solo hay una opción para llevar todos los temas: tener un buen sistema de repasos, lo que es más importante que estudiar mucho. Y a crear ese sistema de repasos, le dediqué un tiempo enorme. De hecho, es la piedra angular de nuestro método de estudio.

Recortar el espacio de la suerte.

De lo que se trata en realidad es de recortar el espacio de la suerte. Donde hay trabajo y constancia, no hay azar. Es decir, si llevamos todos los temas, recortamos la fuerza del azar. Si llevamos todas las lecturas, recortamos la fuerza del azar. Y así sucesivamente. Donde hay dominio, no hay azar.

Y de aquí hay una lección clara: si queremos ir bien preparados y depender menos del azar, lo que debemos hacer es prepararnos con mucha antelación y tener un buen sistema de repasos. Yo tardé seis años en sacar la plaza (eso sí; en una época en que en Madrid se convocaban ocho o diez plazas cada dos años) y fui recortando poco a poco la fuerza del azar y sustituyéndola por mis conocimientos. Creo que esa es la clave del éxito: un buen sistema de estudio y sobre todo de repasos, un buen plan de lectura y una atención constante y equilibrada a todos los aspectos de la oposición. Ese es precisamente el espíritu de nuestro Curso Opolengua y por esto cada vez son más las personas que se preparan las oposiciones a dos años.

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