Las oposiciones y el miedo

Fortaleza de Masada (Israel)

Estoy en contacto con las oposiciones desde 1992. Ese fue el primer año en que me enfrenté al ejercicio. Eran entonces los tiempos en que se implantaba la LOGSE y la ESO y aunque la oposición era para profesor de bachillerato. Fue la única vez en que me presenté a las oposiciones sin tener miedo. ¿Por qué? Porque no llevaba nada más que un tema y me presentaba para probar. No había hecho esfuerzo apenas y no tenía expectativas. Por tanto, no había temor. En realidad, no era todavía un opositor. Luego, el miedo siempre me ha acompañado, en mayor o menor medida. Primero como opositor; después como preparador.

Es normal tener miedo opositando

Recibo muchos correos al cabo del año y muchos tienen que ver con el miedo. Así que lo primero que debes saber es que, si sientes miedo, eres una persona normal y estás viva. No he conocido a nadie que se haya enfrentado de verdad a las oposiciones sin tener miedo. ¿Cómo no tener miedo enfrentándose a un examen en el que uno se juega tantos esfuerzos? ¿Cómo no sentir temor cuando nos jugamos en un par de horas un cambio radical en nuestras vidas, cuando estamos ante una encrucijada que en breve nos conducirá a un camino de libertad y seguridad, a un nuevo ciclo de sacrificios y angustias o, lo que es peor, al naufragio del abandono? Así que es normal tener miedo porque tiene unas bases absolutamente razonables. No es un miedo infundado.

La clave, por tanto, no es quitarse el miedo (que creo que es imposible), sino aprender a convivir con él. Vamos a intentar en esta entrada de ayudar a quienes sienten miedo con la mayor calidez y comprensión posible.

 

Reconocer los miedos en las oposiciones

Como en tantas cosas en la vida, creo que lo más útil para luchar contra el miedo es reconocerlo. Debemos reconocer nuestros temores, porque difícilmente vamos a doblegar a un enemigo si no somos capaces de reconocer su existencia.

El segundo paso consiste en dividirlo. Ya dice acertadamente el adagio: “Divide y vencerás”. Así que analicemos nuestro miedo en abstracto y dividámoslo en miedos más concretos, más pequeños y manejables. Hay diferentes factores. Miedo a no llevar suficientes temas, miedo a quedarme en blanco en el desarrollo del tema, miedo a no reconocer la obra que me caiga en el comentario, miedo a hundirme en la encerrona, miedo a que mi entorno crea que he fracasado (para otro día dejo una entrada sobre la familia y las oposiciones, ciertamente necesario) miedo, miedo, miedo… Hay una gran colección de miedos y seremos inteligentes y eficaces si somos capaces de identificar cuáles sentimos y en qué intensidad. Yo, por ejemplo, tenía miedo especialmente a no reconocer la obra en el comentario. También tenía miedo, parece mentira, pero así era, a no llegar a tiempo el día D y a veces soñaba que llegaba tarde a las oposiciones y resultaba descalificado. Y el miedo fundamental: en Madrid para obtener vacante entre 1994 y 1998 era preciso aprobar todos los ejercicios de las oposiciones. Y si no se aprobaba el primero, se iba uno a la última posición de la lista de interinos. Quedarme sin trabajo como profesor me aterraba. Cada vez que se acercaba un nuevo proceso de oposiciones, sentía crecer la angustia poco a poco hasta llegar al día D, en que las ganas de descansar estaban ya por encima del miedo y deseaba que todo acabase, fuera como fuese… El cansancio siempre vence al temor.

El trabajo vence el miedo en las oposiciones

Podemos observar que una parte de los miedos depende de nuestras capacidades. Es decir, si tenemos miedo a que no nos caiga una bola, la solución es llevar todos los temas. Y eso lo conseguí yo en mi tercera convocatoria. Si tenemos temor a los comentarios, debemos leer siguiendo un plan de lecturas serio y realizando comentarios que alguien (un amigo, otro profesor, un preparador, quien sea) nos corrija. Si tenemos miedo a hablar en público, debemos buscar a personas ante las que hablar y desarrollar discursos, acostumbrándonos a hablar en público. Es decir, debemos recortar el espacio del miedo. Si tenemos miedo a llegar tarde, podemos buscar alojamiento en la misma ciudad en la que se realice el ejercicio y prever nuestra llegada con mucha antelación, previendo la posibilidad de que nuestro coche nos deje tirados. Es decir, debemos iluminar con nuestro esfuerzo y nuestra planificación aquellas zonas oscuras que siempre están acechando y en las que se esconde el miedo. Eso no quiere decir que vayamos a terminar con nuestros temores, porque por muchos comentarios que hagamos o muchas obras que hayamos leído, siempre cabe la posibilidad de que el texto que aparezca sea tan rebuscado que no lo reconozcamos.

El miedo a lo incontrolable en las oposiciones

Y, por otro lado, está la parte del miedo de las cuestiones que no podemos controlar. La composición del tribunal, la posibilidad de una enfermedad en los días previos a las oposiciones o simplemente, como me pasó a mí el año que saqué la plaza, que no durmamos ni una hora la noche anterior al ejercicio escrito, llegando destrozado para enfrentarme a dos temas y dos comentarios… Eso es incontrolable.

Concentrar nuestra mente en los avances diarios en las oposiciones

Es decir, podemos reducir el espacio del temor, pero siempre quedarán zonas oscuras. Y ante esto creo que no hay otra sino asumir esa angustia y avanzar fingiendo que esos elementos no existen, olvidando que esas posibilidades ciertas se pueden plantear. ¿Y cómo se hace esto segundo? Yo creo que es posible hacerlo (o al menos eso hago yo) concentrando nuestra atención en otra cosa. Saturando nuestro cerebro con otras necesidades concretas y perentorias. Es decir, con un buen plan de trabajo que nos obligue día a día a realizar tareas concretas y nos impida perder el tiempo en otras cosas. Protocolos diarios de trabajo, planes de estudio semanales y diarios que deban ser evaluados diariamente y nos obliguen a prestar atención a lo inmediato, a lo abarcable y nos distraigan de las grandes preguntas. Ahora toca estudiar, actuar. Ya llegará el momento de la reflexión y del ocio y del temor. Ahora no tengo tiempo ni para dormir ni para soñar ni para temer. Hacer, hacer, hacer… Arrinconándolo con trabajo, esfuerzo y determinación. Esa creo que es la clave. No vamos a vencer el miedo, seguro; pero vamos a sacar la plaza… ¡Vamos a por ello!

Comparte esta entrada
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Google+
Google+