La confianza: clave en las oposiciones

Estamos en enero, el estudio de las oposiciones ya está a punto de cruzar su Ecuador y en el horizonte comienzan a vislumbrarse nuevas convocatorias para junio de este año. De hecho, la Comunidad Valenciana ya ha anunciado que su convocatoria de secundaria será a partir del próximo 1 de junio y, en otras comunidades, las convocatorias de primaria (que prometen ser generosas) también comienzan a concretarse. Un nuevo día D ya comienza a hacerse presente como una realidad tangible y cercana.

La cercanía de las oposiciones pone a prueba la confianza del opositor

Lo que se veía lejano e incluso irreal, pasa a verse como algo cercano y, por tanto, temible. Estamos en plena navegación y ya se vislumbra nuestro atraque en el puerto más cercano. Y esto nos tensa, nos angustia y pone a prueba nuestra confianza. Es absolutamente normal sentir, ante la proximidad paulatina de la prueba, una cierta desconfianza. ¿No debería cambiar la estructura de algunos temas? ¿Será suficientemente bueno mi temario? ¿Afronto la prueba práctica con garantías? ¿Estará realmente bien mi programación? Dudas, dudas y más dudas cuando lo que necesitamos es certeza y seguridad absoluta para rendir al máximo el día D, en el que nos jugamos tanto.

La confianza es un valor clave para los opositores

Las oposiciones son siempre una oportunidad para mejorarnos como personas. Con cierta frecuencia, he preparado personas que han obtenido su plaza en tan solo un año. 2018 ha sido uno de esos años. Hay otras, como yo mismo, que tardaron años en alcanzar su objetivo. ¿Qué es mejor? Lo mejor es conseguir mejorarnos mientras preparamos nuestras oposiciones y eso se consigue cultivando virtudes como la constancia, la fe, la disciplina interior o la confianza, que es de la que hablamos ahora. Y eso, a veces, podemos conseguirlo en un año, pero es más seguro que lo consigamos si nos tenemos que presentar varios años. Yo no sería quien soy si no hubiera estudiado con todas mis fuerzas las oposiciones durante cinco largos años. Y estoy seguro de que no sería mejor persona de lo que soy.

Solo con confianza podemos realizar un ejercicio firme del tema. Solo con confianza podemos ser ágiles, concisos y eficaces en la prueba práctica. De la desconfianza provienen las dudas, las divagaciones y las pérdidas de tiempo. Solo con confianza podemos mirar a los ojos al tribunal en la encerrona y realizar un ejercicio brillante. Las sonrisas y las miradas serenas solo se dan cuando confiamos en nuestra preparación y nuestros materiales. Es decir, la confianza es imprescindible para el opositor. 

Sí, todo esto está muy bien, dirá alguien. ¿Pero cómo se consigue la confianza?

Sustentar nuestra confianza sobre bases racionales

La confianza proviene, en primer lugar, de nuestra seguridad como personas. ¿Somos personas seguras o inseguras? ¿Necesitamos siempre de la aprobación de terceros para confiar en que lo que hacemos es lo correcto? ¿Confiamos en nuestra propia evaluación de la realidad? Esta es una clave fundamental para comprender lo que nos pasa. Si somos personas seguras, tenemos un tesoro que nos ayudará (¡y cuánto!) en la vida. Si no es así, deberemos intentar cultivar esta virtud, pero quizá por ahora necesitemos una ayuda externa que nos convenza de que lo que estamos haciendo es lo correcto.

En el fondo, la confianza en las oposiciones proviene siempre de la evaluación correcta de la situación y de una elección serena y reflexiva de materiales y personas ayudantes previa al inicio del estudio. Es decir, para confiar en nuestra preparación y evitar que surja la desconfianza en mitad de la travesía, debemos haber reflexionado antes de partir sobre nosotros mismos y sobre nuestras necesidades reales. La confianza proviene de que, vistas estas necesidades, realicemos una elección correcta. Por ejemplo, si no tengo temario y no puedo hacérmelo totalmente por mi cuenta, tendré que decidir cómo lo obtengo y por qué. Y así sucesivamente en todas las facetas de mi preparación. Esto nos lleva a darnos cuenta de que una parte de la confianza es en realidad la confianza en la obtención de los elementos externos que necesitamos para prepararnos, por lo que acudir a fuentes fiables (amigos y familiares serios que ya hayan preparado la misma oposición, preparadores, academias, grupos de trabajo) puede resultar crucial para tomar las decisiones previas que nos permitan afrontar con confianza la prueba y no desmoralizarnos ante el menor contratiempo. Es decir, podemos buscar la opinión de personas que hayan preparado una oposición similar a la nuestra y la hayan “sufrido” con éxito. Estas personas pueden darnos más o menos apoyo. Desde orientarnos con sabios consejos hasta ser nuestros preparadores personales.

Pero antes de depositar nuestra confianza en estas personas es conveniente un pequeño interrogatorio. ¿En qué año se sacó la plaza? ¿Qué pruebas integraba el examen? ¿Cuántas plazas hubo y cuántos se presentaron? ¿Cuántos puntos tenía cuando aprobó? ¿Cuánto tardó en obtener la plaza? ¿Cómo preparó cada una de las pruebas? ¿Tenía temario propio? En este sentido, podemos decir que las experiencias de los aprobados entre 1990 y 1993 o entre 2008 y 2010 no nos resultan útiles, pues fueron convocatorias masivas hechas para los interinos y en las que no hubo prueba práctica. Incluso entre 1990 y 1993 se podía obtener la plaza suspendiendo la oposición (aunque parezca mentira esto es así). Es decir, estas personas no hicieron una oposición como la nuestra y se vieron favorecidos por procesos de regulación de interinos, por lo que su experiencia, simplemente, no es extrapolarle a la oposición actual.

Las redes sociales y los otros opositores como peligro

Hay personas que toman la decisión de confiar en otros opositores. Esta es una opción más arriesgada, pues confiamos la elección de nuestro rumbo a personas que todavía no han sabido o han podido alcanzar el puerto. Algunas llevan años opositando, pero en esto como en todo, cuatro años de repetir errores no es una experiencia que nos sirva para nada. De hecho, en ocasiones, estos opositores son personas especializadas ya en fracasar y que transforman sus frustraciones, sus inseguridades, sus miedos y sus limitaciones en una materia altamente explosiva y contagiosa: la extensión de sus propias limitaciones a todos los demás opositores. Lo hacen inconscientemente y como forma de auto-justificarse, pero son personas peligrosísimas de las que nos debemos alejar. Las detectaremos por su escasa capacidad de autocrítica y su inseguridad. Una forma de detectar estas personas es que suelen tener varios temarios y han probado muchas posibilidades de preparación. Ninguna les ha satisfecho. Pueden tener mucha experiencia como opositores, pero eso vale de poco, porque la mayoría acabará abandonando al cabo de años sin reconocer que el problema estaba en ellas mismas. Cuando empiezan, se pueden detectar en una supuesta seguridad que las lleva a aconsejar a todo el mundo. Pero esa efímera seguridad pronto se convertirá en un carrusel con picos de enorme confianza y grave desconfianza. Su propia personalidad insegura es como un mar tempestuoso en movimiento. Ojo con estas personas, porque abundan en la realidad y tienen en las redes sociales un lugar idóneo para propagar sus virus. Les permiten perder el tiempo, en vez de estudiar, aconsejando.

¿Y si no conozco a nadie que me pueda ayudar en las oposiciones?

Se puede dar el caso de que no tengamos a nadie para ayudarnos, porque no conozcamos a nadie o porque no tengamos dinero para pagar una buena preparación.  No fue mi caso, porque yo conté con la ayuda de mi amigo, tristemente fallecido, el catedrático y escritor Jesús Felipe Martínez Sánchez, pero creo que en estos casos, lo mejor es tener una idea presente: no hay que buscar la perfección, sino ser mejor que los demás. Buscar un buen temario de academia y personalizarlo; comprar libros de comentario y adaptar sus enseñanzas a la prueba práctica y realizar una programación que supervise un profesional con sentido común son los pasos necesarios para alcanzar el éxito. Es una tarea más difícil y arriesgada, pero también puede conducirnos al éxito.

La confianza como fuerza a favor del opositor

En todo caso, de lo que se trata aquí es de confiar en alguien fiable o en nosotros mismos y a partir de aquí no cambiar, no gastar energías en la inseguridad, sino concentrarlas en estudiar y prepararnos más y mejor. La oposición es una lucha contra otras personas y no necesitamos por tanto la perfección. Necesitamos, simplemente, saber que somos mejores que otras personas. Y para eso es bueno hablar con todo el mundo, para extraer información que nos permita saber si vamos bien o no. Pero no es bueno perder el tiempo dudando de nuestros materiales. Una vez tomada la elección, para lo que gastamos el tiempo que sea necesario, pero una sola vez y al inicio del estudio, debemos apostar por lo realizado. El contacto con la realidad y con otras personas nos debe obligar a evaluar nuestra decisión periódicamente, sin caer en el error de gastar energías en una duda perpetua. Si lo hacemos así, cuando hayamos alcanzado puerto, habremos ganado una plaza y algo mucho más importante: la confianza en que sabemos tomar decisiones y mantenernos firmes a pesar de las circunstancias. 

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