¡Ponte a prueba! 16/2019 (Solución) Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Como cada lunes, traemos la solución a nuestro acertijo “¡Ponte a prueba!”,  que sirve para comprobar cuál es nuestra competencia literaria  con el fin de preparar la prueba del comentario en las oposiciones de Lengua castellana y literatura.

Y como cada semana, nuestros participantes han dado con el reto planteado. En este caso, hay una única acertante, Maica Maiqueta, que hizo pleno al señalar que el fragmento correspondía a la novela ejemplar Rinconete y Cortadillo (1613) del Príncipe de los Ingenios españoles, don Miguel de Cervantes y Saavedra (1537-1616). Obviamente esto le daría una ventaja clara. Es más, algunas personas podrían pensar que se trataba de una novela picaresca, alejándose de la solución, como de hecho ocurrió en las oposiciones reales en que se empleó este texto. Tan solo podríamos añadir que el fragmento se correspondía con el inicio de la novela, cuando los dos protagonistas se encuentran en una venta de camino a Sevilla.

Y nada más por hoy. Esta semana volveremos con nuestra entrada de fondo el miércoles y una nueva entrega de nuestro acertijo el viernes. Saludos y ánimo.

«Yo, señor hidalgo, soy natural de la Fuenfrida, lugar conocido y famoso por los ilustres pasajeros que por él de contino pasan; mi nombre es Pedro del Rincón; mi padre es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada: quiero decir que es bulero, o buldero, como los llama el vulgo. Algunos días le acompañé en el oficio, y le aprendí de manera, que no daría ventaja en echar las bulas al que más presumiese en ello. Pero, habiéndome un día aficionado más al dinero de las bulas que a las mismas bulas, me abracé con un talego y di conmigo y con él en Madrid, donde con las comodidades que allí de ordinario se ofrecen, en pocos días saqué las entrañas al talego y le dejé con más dobleces que pañizuelo de desposado. Vino el que tenía a cargo el dinero tras mí, prendiéronme, tuve poco favor, aunque, viendo aquellos señores mi poca edad, se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato, y con que saliese desterrado por cuatro años de la Corte. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo, y salí a cumplir mi destierro, con tanta priesa, que no tuve lugar de buscar cabalgaduras. Tomé de mis alhajas las que pude y las que me parecieron más necesarias, y entre ellas saqué estos naipes -y a este tiempo descubrió los que se han dicho, que en el cuello traía-, con los cuales he ganado mi vida por los mesones y ventas que hay desde Madrid aquí, jugando a la veintiuna;»

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