Al estudiar las oposiciones, siempre adelante.

Al llegar enero y echar la vista atrás, nos encontramos con la estela de un camino ya recorrido de varios meses. Pasaron los días del inicio con sus miedos e ilusiones; pasaron también algunas fases malas que hicieron temer que abandonaríamos. Legamos a coger un ritmo y nos adaptamos a él. Encontramos nuestro sendero adaptado a nuestra realidad. Y ahí seguimos: trabajando, estudiando, haciendo comentarios y la programación.
Pero hay ocasiones en que descarrilamos. Llega enero y nos aparecen nuevas oportunidades y nos surgen dudas. Nos preguntamos qué hacer y nos vemos obligados a mirar a otros elementos que aunque puedan incluso tener relación, no son directamente las oposiciones. Nos surgen oportunidades laborales, cursos o tenemos que echar un cable a la familia. La vida nos asalta en mitad de la travesía. Y nos alejamos del estudio. 
Pasan unos días sin hacer nada, llega una cierta pereza y podemos llegar a encontrarnos como un barco sin viento en las velas, en medio del mar, a la deriva. ¿Qué hacer?


Recuperar un ritmo es básico 


Lo primero ha de ser reconocer nuestra situación sin aspavientos ni dramatismo. Ha bajado muchísimo nuestro ritmo o incluso nos hemos detenido. Atendamos a las causas. Eso evitará desperdiciar fuerzas en fustigarnos a nosotros mismos. No somos irresponsables: hay siempre algo que explica lo sucedido. 
Y acto seguido toca poner remedio en varios pasos. 

En primer lugar, tomar conciencia de que las oposiciones son una travesía a largo plazo. Ni se gana ni se pierde la plaza en dos semanas. 

En segundo lugar, no olvidar que en nuestra singladura, se trata de avanzar siempre. Poco a poco, pero no renunciar al avance por difíciles que sean las circunstancias.

En tercer lugar, adaptarnos a las circunstancias de manera eficaz y flexible. Por ejemplo, en vez de tomar un ritmo, que puede ser incluso imposible en algunas circunstancias, hacer un listado de tareas por orden de prioridades y sacarlo adelante en los huecos que tengamos. No olvidemos nunca que en esa lista lo primero es repasar.

Finalmente, de lo que se trata es de buscar activamente el avance. Al ritmo que sea, al más bajo, al que nos parece ridículo. Un avance por pequeño que parezca, es un paso dado a la meta y no debemos renunciar a ninguno. Aquí es donde está la plaza: en este sufrimiento de pelear contra corriente cuando parece que no tiene sentido. La fortaleza de espíritu que ganamos en estos momentos es crucial, porque seremos un día un huracán que nos llevará en volandas a la meta. Si ahora que es todo tan difícil, avanzamos… ¿Qué no haremos con viento en popa? ¡Arrasaremos! Nunca dejemos la ilusión ni la esperanza. La plaza está siempre ahí, al final de la travesía, como un puerto paradisíaco de América esperando a nuestra carabela.

Busquemos el escaso viento en nuestro corazón y no desfallezcamos. Arriba el ánimo, firme el timón, la vista en el horizonte. Nos movemos, poco, sí, pero sabemos dónde vamos y lo vamos a conseguir. 

El puerto de la plaza y lo mejor de nosotros mismos está al final y dentro de este sufrimiento. Disfrutemos de hacer lo que queremos. ¡Adelante!

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