¡Ponte a prueba! 18/2019 (Solución) Oposiciones de Lengua castellana y literatura

El viernes pasado planteábamos en nuestro acertijo, “¡Ponte a prueba!” un nuevo texto con el que comprobar nuestra competencia literaria de cara al Día D y a su prueba más exigente, el comentario de texto. Ya decíamos que se trataba de un texto difícil en cuanto a acertar la obra concreta, pero que en un caso así, muy probablemente la identificación del autor y el enfoque adecuado del comentario relacionándolo con sus rasgos de estilo sería más que suficiente para superar la prueba y hasta destacar. 

Efectivamente, era un texto de Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), inconfundible en cuanto a su estilo, tal y como ha visto Mercedes Mateos; integrado en su prosa jocosa o festiva, un grupo abundante de escritos en los que Quevedo se muestra como siempre: mordaz, satírico, nobiliario desde el punto de vista ideológico y genial en cuanto a su brillante estilo. Trataba aquí además uno de sus temas favoritos: los cornudos, lo que ha sido visto con sagacidad por Rocío Domínguez. Y con estos elementos, para hacer pleno había que indicar que la obra era Carta de un cornudo a otro, tal y como ha identificado de forma genial Mery Sán. ¡Enhorabuena a las tres! Con sus respuestas podrían organizar un brillante comentario al argumentar de forma adecuada la acertada conclusión que han indicado aquí. 

Y nada más por hoy. Tan solo desearos una fructífera semana de estudio y recordaros que el miércoles volveremos con nuestra entrada semanal de actualidad, que en este caso tratará de cuál es el mejor momento para comenzar el estudio de las oposiciones. Mientras tanto aquí os dejamos con el maravilloso texto elegido en esta ocasión. Saludos y ánimo.

¿Cómo piensa que está recibido esto de cornudar? Pues ya se hace inquisición para casarse uno, que después de darles el dote se obliga a hacerse cornudo dentro de tanto tiempo y el marido escoge el género de gente con quien mejor le está: extranjeros, seglares o eclesiásticos, y ha de llegar el tiempo en que han de usarse en España conmaridos y se ha de llamar Junta de dos desposados y vacadas los barrios, aunque la sobra de mujeres se ha cogido tanto cornudo estos años que valen a huevo. Y es un gran señor de la profesión, que antes, cuando había en una provincia dos cornudos, se hundía el mundo, y ahora, que no hay hombre bajo que no se meta a cornudo, que es vergüenza que no lo sea ningún hombre de bien, que es oficio que si el mundo anduviera como había de andar se había de llevar por oposición como cátedra y darle al mas suficiente o, por lo menos, no había de poder ser cornudo ninguno que no tuviese su carta de examen aprobada por los protocornudos y amurcones generales. Haríanse mejor las cosas y sabrían los tales cofrades del hueso lo que habían de hacer. No hay cosa más acomodada que ser cornudo porque cabe en el marido, en el hermano, en el padre, en el amigo. Al letrado no le estorba el estudiar, antes le da lugar a la lección. ¿Cómo curaría ni visitaría el médico si estuviese siempre sobre su mujer y no diese lugar al cuerno? El da lugar a los oficiales para su trabajo y a nadie estorba. Pues en cuanto a honra: ¿quién no le regala?, ¿quién no le asienta en su mesa?, ¿quién no le presta ni le da? Pues si miramos a el provecho de la república, si no tuviera cornudos ¿qué hubiera de muertes, de escándalos y putos? Todo esto estorba uno de nosotros a quien llaman hombre de buena masa. Y realmente nosotros conforme a buena justicia siempre tenemos razón para ser cornudos, porque si la mujer es buena, comunicarla con los próximos es caridad y si es mala, es alivio propio. En otro tiempo eran menester razones, mas ya está tan negro el calificado que son escusadas las autoridades, porque aunque es verdad que en el primitivo cuerno hubo alguna incomodidad y pesadumbre ahora está esto muy asentado porque todas las cosas que han hecho mudanza y más ahora que hay casta de cornudos, como de caballos y está acreditado este oficio que verá vuesa merced que están aguardando a una puta ducientos dueños para cogerla como arrebatiña y alto a casar.

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