Testimonios Curso Oposiciones Lengua 2016

Sonia Rodríguez Llamas

Sonia Rodríguez Llamas, Madrid

Cuando uno decide opositar a Secundaria hay que ser francos: conseguir la plaza requiere mucho tiempo, constancia, dedicación, esfuerzo, sacrificio y fe.

Mi caso es vocacional: ser profesora fue la profesión que elegí desde que tengo uso de razón. Obviamente este hecho supone una clara ventaja, porque me permite orientar mi formación laboral desde el principio hacia la docencia. De ahí el tiempo dedicado a los cursos y al doctorado,una oportunidad de vivir una gran experiencia y de ganar en madurez.

Sin embargo, en las Navidades de 2013 tomé la decisión que me embarcaría en una odisea particular, dado que debía realizar un plan de trabajo que englobara la última corrección de la tesis y la preparación de su defensa (que fue a mediados de marzo) con la preparación de las oposiciones. Finalmente, preparé un tema por semana y en la programación me ayudó uno de mis mejores amigos, maestro desde hacía unos años. Del comentario ni me preocupé, mucho menos habiendo realizado la tesis (si eso no es un comentario a lo bestia…).

A finales de junio de 2014 me choqué de bruces con la realidad en el primer examen práctico de Madrid y esos tres comentarios en apenas tres horas y media. A pesar de que el tema me salió muy bien, salí bastante desmoralizada, aunque no tenía mucho margen porque a los dos días me presentaba en Aragón también. Si bien el comentario fue más asequible, fui consciente de que si algún día quería conseguir la plaza debía preparar esa prueba a conciencia.

Finalmente, para mi sorpresa, superé la primera prueba en ambas comunidades, y en las dos realicé una defensa correcta, pero no brillante. Soy consciente de que no fue más que una toma de contacto que me permitió aprobar dos oposiciones a la vez y tener trabajo el curso siguiente. Dicho y hecho, hice las maletas y me trasladé a Madrid a un centro de difícil desempeño en el que trabajaba por las mañanas, mientras que dedicaba mis tardes a estudiar (de nuevo oposiciones en Madrid y Castilla y León).

Esta vez dediqué bastante tiempo al comentario, teniendo como base lo aprendido en la carrera y el doctorado, de forma que después de un año de intenso trabajo llegan las oposiciones de 2015. En Madrid, como siempre, examen a cara de perro y muy sufrido, pero consigo aprobar de nuevo. En Castilla y León salí muy esperanzada con un poema a comentar que ya había trabajado y uno de los mejores temas que llevaba. El 3 que me pusieron me dejó helada, por lo injusto de la nota, por lo lamentable de un tribunal incompetente y por lo sucio de las oposiciones. Pero esto es lo que tiene opositar, que vas acumulando fracasos e injusticias que te hacen aprender y crecer como persona.

La convocatoria de 2016 iba a ser otro cantar, yo lo sabía, como también que no podía permitirme el lujo de cometer un solo error. Por eso decidí ponerme en manos de Eduardo, un preparador al que seguía en su blog desde el principio y que me parecía muy profesional. No me equivoqué. Cambió mi forma de estudiar y de entender la oposición, sistematizó mi plan de estudio y me ayudó al rendir al máximo. Entre el trabajo en el instituto (esta vez de excelencia) y las opos, fueron casi cuarenta semanas de trabajo a razón de 60, 70 e incluso 80 horas semanales; fueron días de esfuerzo hasta la extenuación, de lágrimas, de frustración, de enfado, de ausencias… Y siempre, gobernándolo todo, la fe, la esperanzay la determinación.

Esta oposición fue como la maratón que corrí en su día: una preparación que te pone a prueba en todos los sentidos pero que te da todas las garantías de cara al Día D. Sabes que lo vas a hacer bien. Y punto.

La primera prueba es un claro ejemplo de ello: no tuve suerte con el tema y a pesar de ello no me rendí. Lo suspendí por los pelos, pero el gran comentario que realicé me permitió seguir optando a plaza. Después, la defensa fue la guinda del pastel: me divertí en la exposición, estuve segura de mí misma y sorprendí al tribunal. Y cuando tienes delante a buenos profesionales, todo resulta mucho más sencillo. Lo demás se resume con mi nombre en esa ansiada lista de los elegidos…

Contado así parece que no tiene mucho misterio, pero la clave para alcanzar el éxito reside en el empeño que pongamos, en el esfuerzo y la preparación y en el apoyo de los nuestros. Solo así tendremos la seguridad (y la fe) de que si algo puede salir bien, saldrá bien.

Rebeca de Caso Parra (Andalucía)

Rebeca de Caso Parra

Un movimiento de  pieza inesperado en el tablero y en 2009, mi vida, organizada e idílica, se agitaba y convulsionaba antes de quedar reducida a sueños de cenizas. Una operación de cierta envergadura hizo peligrar mi voz, mi profesión y mi estabilidad. En ese momento comenzó una lucha por resurgir de esas cenizas como un ave fénix, por recuperar mi identidad, mi trabajo y mi autoestima. Muchos me aconsejaron cambiar de profesión y comencé a estudiar ciclos formativos superiores como Secretariado e Higiene bucodental mientras recuperaba la voz con una logopeda extraordinaria, Maite Chueca. A medida que retomaba nuevos estudios y mi vida tomaba un camino diferente al de la Educación, un sentimiento de no estar completa me embargaba. Notaba que una chispa vital, la que me acompañaba cada vez que entraba en un aula, había desaparecido. Provengo de una larga saga de maestros (por citar algunos, mi madre, mi padre, varios tíos, mi abuelo…) y rápidamente me rendí a esta vocación. La anhelaba, deseaba volver a sentir su jolgorio, su alegría (también sinsabores, pero eso forma parte del trabajo y no me pesa), la ebullición de los patios, la calidez de las aulas, el soñar con ayudar aunque sea ínfimamente a un alumno, contagiar el amor por la lengua y la literatura…

Un día me levanté en 2013 y me dije: Tengo que luchar. Me acordé de la famosa frase de Martin Luther King: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy, aun así, plantaría un árbol” y me dije sólo el que es valiente consigue su meta. O me atrevo a plantar el árbol aunque me lo destroce el viento mañana o me conformo con vivir a medias siempre. Y me vino otra frase: “Sólo fracasa aquel que no lo intenta”. Y, después de unos días de introspección que no fueron nada fáciles porque el camino estaba colmado de tinieblas, comprendí que estaba decidida a pelear.

Al principio fui a ciegas, pues la primera vez que me presenté en 2014 en Andalucía fue todo muy precipitado y sólo estudié tres meses. Me encontraba muy perdida, totalmente desubicada y sin saber con qué me iba a encontrar. Los inicios son muy duros y el miedo a lo desconocido y al fracaso suelen paralizar. Es lo primero que quise neutralizar repitiéndome que no tenía nada que perder. En el peor de los casos que sacara un cero me iba a quedar en la misma situación en la que estaba. Ser consciente de eso me tranquilizó. También me recordé que me gustaba mi carrera y que por esa razón la estudié, así que debía tomármelo como una oportunidad de disfrutar estudiando lo que me fascinaba. No todo el mundo tiene esa suerte.

Finalmente ese año suspendí el comentario de texto y al año siguiente, en 2015, me presenté en Castilla y León. Ese año estudié mucho, pero también suspendí el comentario de textos. Me desmoralicé bastante.

Y entonces… sucedió.  Un antiguo proverbio Zen asevera que cuando el alumno está preparado, el maestro aparece. Así fue. Acababa de regresar de León y, mirando banalidades por Internet, encontré el blog de Opolengua. Ninguna academia ni ningún preparador me habían convencido del todo antes. Leí el blog de Eduardo y me pareció serio, responsable y trabajador. Pregunté a algunos amigos y me lo corroboraron. Fue una gran decisión porque he aprendido mucho y aunque hubo veces que me vine abajo (la crisis más grave la tuve en febrero, porque tenía la mente exhausta y sentía que la información me rebotaba y no entraba en el cerebro) porque no podía seguir el ritmo como yo quería, eso me hizo crecer. Cuando comienzas con su método de estudio, no eres consciente de la catarsis que vas a sufrir cuando llega junio. Por el camino crees que se te olvidan los temas, que no avanzas lo suficientemente rápido y que no te acuerdas de nada, que te vas a quedar en blanco el día del examen o que no te va a tocar ninguna bola que te sepas. Al principio eso me angustiaba, pero aprendí a verlo como algo “normal” o al menos recurrente. Además, intentaba no mirar más allá del día que estaba viviendo: Hoy es hoy y tengo que hacer lo que está planeado. Por el mañana ya me preocuparé dentro de 24 horas.

Finalmente, este año 2016 he conseguido aprobar el comentario, pasar el oral, aprender mucho sobre programación y sacar la plaza. Ahora, todos los esfuerzos, los tormentos interiores y las largas horas han valido la pena. Y he de dar las gracias, porque esto no se consigue sola: a Eduardo y su gran labor, a mis padres que siempre me han apoyado y a mi novio y amigos que han sabido entender mi situación y alegrarme los pocos ratos que tenía libres. Muchas gracias a todos.

Ángela Cacho Gutiérrez, Asturias

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Mi nombre es Ángela y tengo 27 años. En el 2015 me presenté por primera vez a unas oposiciones. Fue en Murcia y fue un fracaso. No es fácil encajar un mal resultado tras un año de estudio intenso  y cuando durante la carrera todo ha ido muy bien. Ese año me preparé de manera independiente. Para resolver dudas puntuales acababa siempre en la página web opolengua. com. Al principio llegaba por casualidad y en los últimos días, cuando la tensión y las dudas se hacían más intensas, acudía directamente a la página de Eduardo, pues sus entradas calibraban perfectamente el estado de ánimo y las dudas del opositor en los últimos momentos. Tenían el efecto de serenarme. Estos consejos están al alcance de todo el mundo y ya transparentan aspectos fundamentales de su método: el dominio de los mecanismos de la oposición, la milimétrica y eficiente  organización, el conocimiento profundo de nuestra materia y de los modos más efectivos de transmitirla y una gran sensibilidad para entender al opositor.  Ante el primer fracaso me sentía con una falta absoluta de asideros y sin saber qué había fallado. Fue entonces cuando me puse en contacto con Eduardo. Recibí información sobre su método, detallada y convincente, pero al final de un correo lleno de comprensión, optimismo y seguridad. Esa comprensión se ha mantenido siempre. Su implicación con cada opositor es máxima.

Hace unas semanas me presenté a las oposiciones en Madrid tras nueve meses de trabajo con Eduardo. Aprobé. Las horas de estudio han sido las mismas que el año pasado, pero el rendimiento mucho mayor, pues el esfuerzo ha sido sabiamente orientado por Eduardo. Lo que nunca voy a olvidar es la serenidad con que afronté el examen; incluso la parte más temida de comentario, pues Eduardo nos había proporcionado esquemas y autores de referencia para abordar cada tipo de texto con garantías de éxito y ejercicios adecuados al modelo de examen con correcciones en que identificaba nuestras debilidades y las reorientaba. De esta manera, hasta para enfrentarnos al texto más complicado teníamos armas. Ahora sé lo que es hacer un verdadero comentario, pues increíblemente es algo que se descuida en la carrera. Sin la experiencia, conocimientos y sensibilidad de Eduardo no hubiera sido posible.  La novedad de una programación planteada en proyectos para adaptarse perfectamente a la legislación vigente y un temario realista (perfectamente adecuado a los tiempos del examen e incluso de cada opositor), son las causas de que afrontase con calma el resto de las pruebas. Eduardo es un profesor con años de experiencia y estoy segura de que la interiorización de sus métodos de enseñanza explican gran parte del éxito en la exposición de la programación. El camino de la oposición es largo porque el sistema de puntos no favorece a los que empezamos, pero hay que comenzar construyendo bases sólidas y eso es lo que he encontrado en opolengua.com.  El año pasado veía lejísimos el aprobado y este año es una realidad.

Felices vacaciones y hasta pronto. Mil gracias por todo.

 

María Rodríguez Guzmán (Andalucía)

Me presenté a las oposiciones por primera vez en el año 2014. Adquirí un temario y yo misma fui estudiando y preparando los comentarios, la programación y las unidades didácticas. El resultado fue que suspendí la segunda prueba, de tal manera que ya estaba fuera. Solo rondaba por mi cabeza una sensación de culpa: el tiempo perdido. Aquello se me fue de las manos, además de que los dos años previos a la siguiente convocatoria (la pasada de 2016) tampoco trabajaría y, de nuevo, el tiempo perdido.

Durante ese primer año de estudio (2013/2014), por casualidad, topé en la red con un blog, el blog de www.opolengua.com. Seguía el blog con mucha frecuencia y todas tus entradas y ánimos me ayudaron bastante. Fue por ello que el pasado curso me decidí a prepararme con Opolengua. El resultado ha sido bueno, puesto que he aprobado la fase de oposición. Un método de estudio eficaz, modelos de comentarios reales, el curso de didáctica con una programación y unidades tuyas, propias, no un copia y pega. Y todo ello gracias a la dedicación tuya, a tu exigencia, a tu minucioso y personalizado trabajo. Solo tengo palabras de agradecimiento hacia ti.

Lamentablemente, nuestro sistema de acceso es penoso. A las personas que verdaderamente hemos estudiado y no tenemos puntos por experiencia docente, este sistema no nos favorece. Nos añade a una lista donde solo queda esperar, esperar y esperar a que algún día suene tu teléfono, hagas la maleta y pongas rumbo a ese destino que te han otorgado por el tiempo, asimismo, que la suerte te depare. Es injusto, sí; y ojalá algún día cambien las cosas y se favorezca tanto a interinos como a nuevos aspirantes que estudien y se tomen en serio su trabajo.

En definitiva, te agradezco tu trabajo, constancia, exigencia y dedicación, y ojalá algún día llegue mi soñada meta y tú seas partícipe de ella.

Muchas gracias.

Saludos,

María Rodríguez Guzmán.

Salvador Calvente Solís (Andalucía)

Estimado Eduardo:

Le escribo ahora que saco un poco de tiempo entre repasos y trabajo. Déjeme, en primer lugar, agradecerle todo cuanto ha hecho por el grupo, y por mí en particular, a lo largo de todo este curso que para nada ha sido fácil. Sus materiales, su rigor, la atención recibida y sus palabras de aliento han servido para que, en aquellas ocasiones en las que las fuerzas flaqueaban, nos mantuviésemos a flote.

 

No sé qué ocurrirá el domingo, si será este el año que consiga entrar en este sistema que no nos lo pone nada fácil; lo único que sí sé a ciencia cierta es que el éxito se mide con las guerras ganadas y no con las batallas perdidas, como bien nos ha hecho saber usted en reiteradas ocasionadas, por lo que si todo no sale según lo previsto, que espero que no, seguiré luchando por cumplir mi sueño: Ser profesor.

 

De nuevo, gracias por haber formado parte de mi formación. Por los valores que me han sido inculcados y que llevo a gala, pese a todos y todo, no olvido a aquellas personas que aportan, de un modo u otro, algún grano de arena en esta mi andadura. Cuente conmigo para todo cuanto necesite. Estaremos en contacto.

 

Un abrazo.

Salva

Noelia Alcázar Jiménez (Andalucía)

17 de junio de 2016.

Hola, profesor:

Como no podía ser de otra manera, una semana más esperaba su última entrada, la bocanada final de oxígeno y aire en un ambiente terminal de un período que por momentos, crea ansiedad. Tan sólo escribo para agradecer todo lo aprendido durante el curso, en todos los sentidos. Ya no sólo lo que corresponde a la competencia lingüística o literaria sino a la competencia vital, ésa que engloba a todas las demás. 

 Ha sido un año duro, en realidad muy duro. He tenido una jornada laboral de 25 horas semanales en turnos partidos de mañana y tarde de lunes a viernes. En estas dos últimas semanas el curso preparatorio del intensivo de selectividad que me han hecho trabajar de 8 a 15, sin interrupción. Pero sacaba fuerzas cuando venía y descansaba algo para ese último repaso, mirar un comentario o exigirme más. No me he preparado las oposiciones tan a conciencia y durante tanto tiempo, salvo esa vez que las desconvocaron. Y ahora he agradecido mucho ese tiempo dedicado porque con bastantes temas no empezaba de cero. También he de decir que me encanta lo que hago y lo que he estudiado y parte del trabajo de una manera u otra, la había tocado durante la carrera o en los años siguientes. Pero, insisto, nunca antes me había preparado tanto las oposiciones. 

 He disfrutado realizando la programación y las unidades, por eso, no concibo no presentarme al examen oral. Sólo se me ocurren ejercicios originales y maneras de exponer al tribunal de forma que les sea lo más ameno posible. Tengo mucho fe y esperanza en ello. De lo que no me cabe duda es del desarrollo, como le decía de esa competencia vital. De lo que puede el humano a llegar a hacer si se lo propone. Esos madrugones al amanecer antes de ir a trabajar, esas noches de repaso final, esos cinco minutos aprovechados en el autobús y tanto y tanto y tanto tiempo dedicado. Esa constancia, perseverancia, lucha y capacidad de sacrificio como usted decía, me ha hecho mucho más fuerte. No había tiempo para quejas, para lamentos, para inseguridades. Sólo había que seguir, caminar, mirar hacia adelante, crear mi historia. 

Tan sólo me queda darte las gracias, ahora sí, te tuteo. Porque han sido muchas horas escuchándote en vídeos, respondiendo a dudas y pensando en tus consejos. Por eso y por todo: muchas gracias.

Seguiremos en contacto pase lo que pase.

Un abrazo enorme.

Noelia.

Fátima Gómez Escarraza (Andalucía)

Mi nombre es Fátima y tengo 37 años. Me licencié en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla en el año 2004. La primera vez que me presenté a las oposiciones tenía 26 años y trabajaba a turno partido en un restaurante en Sevilla. Estudiaba robándole horas al sueño porque tampoco me quedaba tiempo para mucho más. Siempre he estudiado trabajando, desde mi primer curso de universidad. Y no me fue mal, aprobamos 25 personas y aunque no saqué una nota alta, me quedé a un puesto de sacarme la plaza, había 19 plazas y me quedé la 20ª. Ese año no trabajé; comencé a trabajar en el 2007 desde principio de curso. Desde entonces me he pasado diez años recorriendo Andalucía.

Las oposiciones del 2008, si no recuerdo mal, fueron aquellas en que hubo una convocatoria masiva, saqué un 7, pero se primó a los interinos con mucho tiempo de servicio y no saqué plaza. En la siguiente convocatoria, la de 2010, había 7 plazas por tribunal y me quedé la 13ª. En la de 2012 estudié desde septiembre, pero anularon el proceso de oposición en mayo. En la del 2014 quedé la 5ª, pero sólo había 3 plazas. En esta última quedé la segunda del tribunal.

Las tres primeras veces que me presenté iba con los apuntes de Claustro, con los que tenía que hacer un gran esfuerzo de síntesis pues los temas tenían alrededor de 20 páginas cada uno. Aún así en el examen siempre tenía que volver a sintetizar y tuve que hacer un gran esfuerzo para rehacer los apuntes y que fueran más unitarios pues daban la impresión de ser un corta y pega de manuales.

En 2012 conocí a Eduardo y a partir de aquí estudié con sus apuntes que eran mucho más sintéticos y compactos, pero ese año anularon las oposiciones, como ya he dicho. De todas formas era más sencillo estudiar estos temas porque eran más breves. Siempre, excepto en el 2014 en el que me estudié tan sólo 20 temas, llevé alrededor de 45, mezclados entre lengua y literatura. No siempre me preparaba los mismos pues me cansaba de estudiar lo mismo y aunque supongo que hacía un mayor esfuerzo, pero era la única manera a veces de estudiar.

Respecto a la práctica, aunque es cierto que en la carrera no hice muchos comentarios de texto, se me daban bien y siempre por una tendencia natural he leído mucho. Eduardo, sin embargo, me ayudó mucho a reordenar y sistematizar mis comentarios y hace años que leo de forma sistemática, no lo que me apetece leer, sino aquello que pensaba me podía servir para la oposición.

En estos 10 años pasé por sitios como Tíjola, en el interior de Almería o el norte de Córdoba en Sierra Morena. Pasé por unos 13 centros y cambié de casa al menos dos veces cada año, una en septiembre y otra a finales de junio, cuando volvía a mudar mis cosas a casa de mis padres hasta que en septiembre me daban mi nuevo destino. No puedo dejar de sonreír, por no llorar, si pienso en todos los junios que me he pasado corrigiendo exámenes y poniendo notas a la vez que estudiaba y a la vez que hacía los exámenes de oposición y la mudanza.

Las cuatro primeras convocatorias estudié desde septiembre, las dos últimas desde enero.

En todos estos años, y a pesar de que soy bastante positiva y me recuperaba pronto, más o menos, de otra oposición sin plaza, se me ha quedado el tic de despertarme sobresaltada de la siesta pensando que tenía que estudiar, hacerlo todo rápido (cocinar, hacer la compra o depilarme) para sacar más tiempo para estudiar, decir “no” casi sistemáticamente a cualquier plan o proyecto que requiriera de mucho tiempo, pues me ha dado la impresión de vivir sin tiempo casi para mí.

Además de eso, claro, es preciso hablar de lo que han sufrido los que han estado a mi lado. Mis días de desgana, de apatía, mi pesimismo a veces. Siempre fui una buena estudiante. Nunca repetí ningún curso y en la carrera, aunque no tenía unas notas brillantes, tampoco fueron malas y suspendí pocas asignaturas. Eso sí, soy trabajadora y perseverante y responsable hasta unos límites insospechados.

¿He aprendido algo en estos años además de lengua y literatura? Es obvio que sí, muchas cosas supongo; el esfuerzo, el rehacerte una vez tras otra, la humildad…¿Me ha merecido la pena? Bueno…me gusta mi trabajo y me da de comer. Aunque si tuviera que volver a empezar, sabiendo el esfuerzo que me iba a costar, no creo que lo hiciese.

En realidad yo pensaba que nunca iba a llegar el momento de sacarme la plaza y de dejar esa rueda en la que me daba la impresión de estar metida y el tiempo circular. ¿Por que seguía estudiando, entonces? Pues básicamente porque si estudiaba tenía alguna posibilidad de que eso alguna vez cambiara y porque no me gustaba lo que veía  en los interinos mayores con los que me he ido encontrando estos años, vidas deshilachadas de gente con 60 años.

En todos estos años no he tenido estabilidad casi en ningún sentido. Cambiar de sitio implica, como todo el que lo ha experimentado sabe, cambiar de círculo social, de proyectos, de hábitos incluso. Implica ruptura de parejas…en fin…implica renunciar a muchas cosas.

Ahora que me he sacado la plaza espero encontrarle un sentido y la satisfacción a todo el esfuerzo que he hecho. De todas formas, tengo que decir, que siempre pensé que cuando me sacara la plaza iba a ser muy feliz y en realidad no ha sido tan así, por cuestiones personales. Está claro que sacarse una plaza de oposición en los tiempos que corren, no es poca cosa, pero tampoco asegura la felicidad. Si merece la pena o no es algo que cada uno debe decidir. ¡Mira tú qué rápido se resumen diez años…!

Un saludo y ánimo a todo aquel que esté en este lío.

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