Viernes y 13. Los anglosajones lo tienen como día de mal agüero, pero para nosotros es un viernes más en el que acompañar a las abnegadas y valientes personas que preparan la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura con nuestro acertijo semanal, el ¡Ponte a prueba! Nosotros hemos aprovechado esta semana el tiempo para actualizar y mejorar nuestros vídeos del Curso de Comentario Total y también un apartado del tema 12.
La propuesta de la semana: un texto que ha aparecido varias veces en las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura
Otra vez traemos un texto que ya ha aparecido varias veces en las oposiciones. Es, de hecho, un clásico en las pruebas porque cayó en el comentario lingüístico de 1998 en Andalucía, cuando yo obtuve la plaza y ha vuelto a caer este año. Atención, porque es una obra que debemos conocer y reconocer. Si la hemos leído, es inolvidable. Y si no lo hemos hecho, es bueno hacerlo o familiarizarse con ella. Se trata hoy, por tanto, de reconocer obra y autor e incluso situar el fragmento y si no es posible, intentaremos adscribir el fragmento razonadamente a su época, su género y a su movimiento literario. Con estos mimbres y explicando el contenido y la forma razonadamente, podemos hacer un buen comentario de texto.
¿Por qué y cómo participar en el Ponte a prueba?
2015 fue el año en que comenzamos en la página de Facebook de opolengua.com este acertijo y es en ella donde nuestros fieles seguidores escriben sus comentarios aportando su saber semana a semana. Si quieres anticipar un poco la adrenalina que vivirás el día D en el examen real, puedes aportar tu comentario, siempre y cuando cumplas la norma de usar solamente tu competencia literaria sin buscar en Internet. Escribe tu comentario hasta el domingo por la noche en la página de Facebook de opolengua.com. Nosotros publicaremos el lunes la solución del reto y la lista de acertantes.
Y nada más por hoy. Feliz fin de semana.
Saludos y ánimo.
Cuando vio a Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval sangriento, pensó que era una criatura extraordinaria. Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapaz de dar una respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo único que lamentó fue que los bobos de familia tuvieran una vida tan larga. A pesar de que el coronel Aureliano Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios, la bella, era en realidad el ser más lúcido que había conocido jamás, y que lo demostraba a cada momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la bella, se quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas habían empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa.
—¿Te sientes mal? —le preguntó.
Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.
—Al contrario —dijo—, nunca me he sentido mejor.
Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerinas y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.




