Hoy es 13 de abril. Quedan sesenta y dos semanas para las oposiciones de 2027 y diez para el 22 de junio de 2026. Pero lo que más importa aquí es que es el día en que desde 2015 publicamos la solución de nuestro ¡Ponte a prueba!, el reto que sirve de piedra de toque a las nobles y esforzadas personas que preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura en su prueba decisiva del comentario de texto.
Ya decíamos el viernes que este autor era muy conocido (y hasta popular), pero que nunca había aparecido en las oposiciones de Lengua. El texto elegido resultaba muy querido para mí desde que lo leímos con sumo interés en el colegio.
Y todas las intervenciones que han aparecido este fin de semana en la página de Facebook de opolengua.com han dado en la diana. Y así, nuestra amiga Sara LF y nuestra seguidora destacada Salud Serrano Heredia aciertan en la obra y autor, pues efectivamente y nuestra amiga María Pilar Carbonero Muñoz aún precisa más, pues señala exactamente de qué poema se trata, así que¡enhorabuena a todas ellas y ojalá que el día D tengan el mismo acierto!
Y es que, efectivamente, se trataba del excepcional romance “La tierra de Alvargonzález”, publicado dentro de Campos de Castilla (1912) de Antonio Machado (1875-1939).
Y nada más por hoy. Feliz semana de estudio.
III
Pasado habían el puerto
de Santa Inés, ya mediada
la tarde, una tarde triste
de Noviembre, fría y parda.
Hacia la Laguna Negra
silenciosos caminaban.
IV
Cuando la tarde caía,
entre las vetustas hayas
y los pinos centenarios,
un rojo sol se filtraba.
Era un paraje de bosque
y peñas aborrascadas;
aquí bocas que bostezan
o monstruos de fieras garras;
allí una informe joroba,
allá una grotesca panza;
torvos hocicos de fieras
y dentaduras melladas;
rocas y rocas, y troncos
y troncos, ramas y ramas.
En el hondón del barranco
la noche, el miedo y el agua.
V
Un lobo surgió; sus ojos
lucían como dos ascuas.
Era la noche, una noche
húmeda, obscura y cerrada.
Los dos hermanos quisieron
volver. La selva ululaba.
Cien ojos fieros ardían
en la selva, a sus espaldas.
VI
Llegaron los asesinos
hasta la Laguna Negra;
agua transparente y muda,
que enorme muro de piedra,
donde los buitres anidan
y el eco duerme, rodea;
agua clara donde beben
las águilas de la sierra,
donde el jabalí del monte
y el ciervo y el corzo abrevan;
agua pura y silenciosa,
que copia cosas eternas;
agua impasible, que guarda
en su seno las estrellas.
-¡Padre! -gritaron; al fondo
de la laguna serena
cayeron, y el eco, «¡Padre!»
repitió de peña en peña.





