Estamos a mitad de enero. Es el momento en que ya se sabe qué oposiciones de Lengua va a haber este curso: Cataluña, Castilla y León y Melilla (cuya convocatoria analizamos esta semana) se perfilan en el horizonte. El resto de las oposiciones de Lengua quedará para el curso próximo. Y todos los opositores deben adecuar su paso al ritmo que marcan las convocatorias. Hay que hacer un plan de trabajo, sea para este junio o para el de 2027 y empezar cuanto antes la preparación para no ceder paso a los otros aspirantes. Pero hoy es viernes y eso quiere decir que es el día de nuestro ¡Ponte a prueba!, el simpático acertijo con el que acompañamos a las nobles y abnegadas personas que preparan la prueba del comentario de texto de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.
La propuesta de la semana: una conocida de las oposiciones
Hoy traemos una obra que tuvo importante repercusión cuando se publicó y que aún la tiene y, de hecho, es una obra que ha aparecido en las oposiciones y eso quiere decir siempre que puede volver a hacerlo. Como siempre, se trata de señalar obra y autoría y si ello no es posible, intentaremos adscribirla a un género, una época y un movimiento literario de forma razonada.
¿Por qué y cómo participar en el Ponte a prueba?
La mejor forma de seguir nuestro reto es en la página de Facebook de opolengua.com, pues desde hace años es ahí donde muchos seguidores escriben sus comentarios aportando interesantes informaciones que nos pueden servir para el comentario. Puedes participar siguiendo las normas del acertijo; es decir, sin buscar el texto en Internet. Al participar asumimos una mayor implicación emocional, lo que nos asemeja al examen real. Puedes escribir tu comentario hasta el domingo por la noche en la página de Facebook de opolengua.com, y nosotros publicaremos el lunes la solución del acertijo y la lista de acertantes.
Y nada más por hoy.
Saludos y ánimo.
Había un niño que no sabía jugar. La madre le miraba desde la ventana ir y venir por los caminitos de tierra, con las manitos quietas, como caídas a los lados del cuerpo. Al niño, los juguetes de colores chillones, la pelota, tan redonda, y los camiones, con sus ruedecillas, no le gustaban. Los miraba, los tocaba, y luego se iba al jardín, a la tierra sin techo, con sus manitas, pálidas y no muy limpias, pendientes junto al cuerpo como dos extrañas campanillas mudas. La madre miraba inquieta al niño, que iba y venía con una sombra entre los ojos. “Si al niño le gustara jugar yo no tendría frío mirándole ir y venir”. Pero el padre decía, con alegría: “No sabe jugar, no es un niño corriente. Es un niño que piensa”.
Un día la madre se abrigó y siguió al niño, bajo la lluvia, escondiéndose entre los árboles. Cuando el niño llegó al borde del estanque, se agachó, buscó grillitos, gusanos, crías de rana y lombrices. Iba metiéndolos en una caja. Luego, se sentó en el suelo, y uno a uno los sacaba. Con sus uñitas sucias, casi negras, hacía un leve ruidito, ¡crac!, y les segaba la cabeza.
FIN




