1 de mayo de 2026. Hoy comienza un buen puente en el que descansar o repasar o avanzar tareas, según el plan de trabajo de cada cual. Y para hoy, aunque sea fiesta, es el momento del ¡Ponte a prueba!, que nos puede hacer pasar unos minutos agradables y útiles preparando la prueba más temida de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura: la del comentario de texto.
La propuesta de la semana: una obra que apareció en las últimas oposiciones de Lengua Castellana y Literatura
Hoy proponemos un texto que tuvo cierto éxito al ser publicado, aunque no fue un pelotazo ni una de las obras básicas de su autor. Pero se trata de una obra notable y apareció en las últimas oposiciones. Se tratará por tanto de identificar el género, época y movimiento literario y si ya reconocemos autor y obra, pues será fenomenal. Si somos capaces de poner la guinda de situar el fragmento, sería maravilloso. Pero, como siempre, queremos insistir en que analizando bien los elementos temáticos y formales fundamentales del texto podemos armar un buen comentario salir con bien de la prueba.
¿Por qué y cómo participar en el Ponte a prueba?
Como siempre, puedes seguir el reto en la página de Facebook de opolengua.com y de esta manera ver los comentarios que los seguidores del reto plantean dando informaciones que dan datos sobre la obra y sobre la propia forma de comentar que nos aportan siempre un aprendizaje valioso para mejorar nuestra competencia literaria. Y todavía es mejor es participar en el reto con tu comentario, para que esto te sirva para acercarte a las sensaciones que sufrirás en el examen del día D. El reto solo tiene una norma: solo podemos emplear nuestros conocimientos literarios sin echar mano de Internet. Ya sabes que puedes escribir tu comentario hasta el domingo por la noche en la página de Facebook de opolengua.com y que nosotros publicaremos el lunes la solución del reto y la lista de acertantes.
Y nada más por hoy. Feliz fin de semana.
Saludos y ánimo.
Me contó todo esto en una larguísima conversación que duró toda la tarde y buena parte de la noche, echados en la cama, ella apretada contra mí. Se había vuelto a vestir. A ratos se callaba para que yo pudiera besarla y decirle que la quería. Me contó esa historia —¿Cierta? ¿Muy adornada? ¿Totalmente falsa?— sin dramatismo, con aparente objetividad, sin autocompasión, pero, eso sí, con alivio, contenta, como si luego de contármela pudiera morirse en paz.
Duró 37 días más, en los que se portó, tal como me había jurado que lo haría en el Café Barbieri, como una esposa modelo. Por lo menos, cuando los terribles dolores no la tenían acostada y sedada con morfina. Me trasladé a vivir con ella un Aparthotel de Los Jerónimos, donde estaba alojada, llevándome una sola maleta con cuatro cosas que ponerme y algunos libros, y dejé a Marcella una carta muy hipócrita y digna, diciéndole que había decidido partir, devolviéndole la libertad, porque no quería ser un obstáculo para una felicidad que, lo comprendía muy bien, no podía darle yo, dada la diferencia de edad y de vocaciones, sino un joven de su edad y de disposición afín como Víctor Almeda. A los tres días partimos la niña mala y yo, en tren, a su casita, de las afueras de Sète, en lo alto de una colina, desde la que se veía el hermoso mar, cantado por Valéry en El cementerio marino. Era una casita pequeña, austera, bonita, bien arreglada, con un pequeño jardín. Durante dos semanas, ella estuvo tan bien, tan contenta, que, contra toda razón, pensé que podía recuperarse. Una tarde, sentados en el jardín, a la hora del crepúsculo, me dijo que, si algún día se me ocurría escribir nuestra historia de amor, que no le hiciera quedar muy mal, porque, entonces, su fantasma vendría a jalarme los pies todas las noches.
—Y por qué se te ha ocurrido eso?
—Porque siempre has querido ser un escritor y no te atrevías. Ahora que te vas a quedar solito, puedes aprovechar, así no me extrañarás tanto. Por lo menos, confiesa que te da el tema para una novela. ¿No, niño bueno?




