Hoy es lunes 2 de noviembre de 2026. Ayer fue nuestro Día de Todos los Santos. Y comenzamos la semana con la solucion de nuestro ¡Ponte a prueba!, el acertijo simpático y útil con el que desde 2015 queremos echar un cable a las nobles y esforzadas personas que se preparan la prueba del comentario de texto, la más quieren superar la prueba más difícil y eliminatoria de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura: .
El pasado viernes indicábamos que la elección de la obra venía motivada por su relación con la señalada fecha y no por su frecuencia de aparición en las oposiciones, pues este autor, que nosotros sepamos, no ha sido seleccionado nunca en las convocatorias desde 1994. Pero es un autor decisivo. Es imposible entender la lírica española del XX e incluso del XXI sin tenerlo en cuenta. Y sus obras narrativas han sido durante muchos años y son lectura de referencia en secundaria.
Y como cada fin de semana, en nuestra página de Facebook de opolengua.com, nuestros seguidores han respondido de forma perfecta al reto. Y así tanto nuestras amigos Magda Lena, Eva López Santuy, Sara Lorenzo, María Pilar Carbonero Muñoz, Cris Alrío y Saúl Jiménez Pérez, como nuestras nuevas participantes Sara Brun y Natalia Perales Franco (a las que damos las gracias por su participación) han reconocido obra y autor, por lo que hacen pleno. Así que, ¡enhorabuena a todos ellos y ojalá que el día D tengan el mismo acierto!
También queremos agradecerles el hecho de que se hayan adaptado a la nueva norma de las cien palabras por comentario. Esto, con toda seguridad, hará que nuestro reto sea más ágil y, por tanto, más útil.
Y es que efectivamente, se trataba de la leyenda «El Monte de las Ánimas», publicada por primera vez en 1861 en el diario El Contemporáneo) y luego incluida en sus Obras (1871) y posteriormente en sus Rimas y leyendas.
Y nada más por hoy. Feliz semana de estudio. ¡A por la plaza!
Saludos y ánimo.
»Entre los caballeros de la nueva y poderosa orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
»Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres; los lobos, a quienes se quiso exterminar, tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey; el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte, y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
»Desde entonces dicen que, cuando llega la noche de Difuntos, se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche».
La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporársele los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.





