Hoy es 23 de enero de 2026. Ha sido una semana intensa, en la que hemos avanzado en nuestros cursos con nuevos vídeos y materiales. Estamos satisfechos de la tarea realizada e ilusionados con sus resultados. Toca repasar y descansar el fin de semana. Pero es nuevamente viernes y eso quiere decir que tenemos una nueva cita con nuestro ¡Ponte a prueba!, el amable reto con el que desde 2015 queremos acompañar a las nobles y abnegadas personas que preparan con ilusión la más temida y difícil prueba de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura, la del comentario de texto.
La propuesta de la semana: una ya aparecida en las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura
Hoy traemos otra obra clásica, de esas que aparecen citadas en todos los temarios y manuales de literatura española. Fue una obra de enorme impacto cuando se publicó y ha seguido enamorando a lectores de época posteriores tanto por su estilo como por la galería de personajes y sucesos que la componen. De hecho, esta obra apareció en las últimas oposiciones de Lengua, por lo que podría volver a hacerlo. Como siempre en nuestro acertijo, se trata de indicar obra y autoría (e incluso situar el fragmento dentro de la misma) y si ello no es posible, se tratar de adscribirla a un género, una época y un movimiento literario de forma razonada.
¿Por qué y cómo participar en el Ponte a prueba?
Hay muchas maneras de seguir el ¡Ponte a prueba!, pero sin duda, la mejor es seguirlo en la página de Facebook de opolengua.com, pues es ahí donde desde hace años, muchos seguidores dan su opinión de forma argumentada mediante sus comentario, que siempre aportan interesantes informaciones que nos pueden servir para el dìa del examen. Para participar, debemos incluir un comentario siguiendo la norma del acertijo; esto es, sin buscar ayuda para identificarlo en Internet. Participar es mejor que limitarnos a seguir el reto, pues al exponer pública y razonadamente nuestro juicio, nuestra implicación emocional se parece más a la que nos producirá el examen real. Recuerda que puedes escribir tu comentario hasta el domingo por la noche en la página de Facebook de opolengua.com, y nosotros publicaremos el lunes la solución del acertijo y la lista de acertantes.
Y nada más por hoy.
Saludos y ánimo.
El niño y la perra franquearon el rústico puentecillo de tablas y entraron en la era. Junto al Pajero se alzaba el palomar del Justito, y el niño, al cruzar frente a él, palmeó fuerte dos veces y el bando de palomas se arrancó alborotadamente con un ruido frenético de ropa sacudida. La perra ladró inútil, jubilosamente, mas la irrupción del Moro, el perro del Rabino Grande, el pastor, la distrajo de inmediato. El bando de palomas describió un amplio semicírculo por detrás del campanario y tornó al palomar.
El Pruden asomó por la trasera abotonándose los pantalones.
—Toma —dijo el Nini alargándole el pájaro.
El Pruden sonrió evasivamente.
—¿Así que le atrapaste? —dijo. Tomó el grajo de la punta de un ala, como con recelo, y agregó—: Anda, pasa.
Contra la tapia del corral se apoyaban el arado herrumbroso y los aperos, y el tosco carromato, y sobre la cuadra se abría la gatera del pajar. El Pruden entró en la cuadra y la mula negra pateó el suelo, con impaciencia. Depositó el pájaro en el suelo, y mientras eliminaba los pajotes de los pesebres le dijo al Nini, sin volverse:
—Vaya un pico. Así es que donde caen estos tunantes hacen más daño que un nublado. ¡La madre que los echó!
Una vez limpios los pesebres, se encaramó ágilmente en el pajar y arrojó al suelo con la horca unas brazadas de paja. Después se descolgó, tomó la criba y cernió el tamo en rápidos movimientos de vaivén. Seguidamente repartió la paja entre los dos pesebres y la cubrió, luego, con un serillo de cebada. El niño le miraba hacer atentamente y cuando acabó de repartir el grano le dijo:
—Cuélgalo patas arriba; si no, en lugar de ahuyentarlos hará de cimbel.
El Pruden se sacudió una mano con otra y agarró de nuevo el pájaro por la punta de un ala y penetró en la casa por la puerta de la cocina. El niño y la perra entraron tras él. La Sabina se revolvió furiosa al ver el cuervo.
—¿Dónde vas con esa basura? —dijo.
El Pruden no alteró su voz templada y paciente.
—Tú calla la boca —dijo.
Y depositó el pájaro sobre la mesa. Después se arrimó al hogar y dio la vuelta a las mondas de patata que cocían a fuego lento. Al cabo las apartó, se sentó con el balde entre las piernas y espolvoreó el salvado de hoja sobre las mondas y comenzó a envolverlo pacientemente.
El niño agarró la puerta para marcharse y el Pruden, entonces, se incorporó y dijo:
—Aguarda.
Le siguió por el pasillo de rojas baldosas hurgándose en los bolsillos del pantalón y una vez en la calle le alargó una moneda de peseta. El Nini le miraba fijamente, con precoz gravedad, y el Pruden se desconcertó, levantó los ojos al cielo, un cielo blanquecino, tímidamente azul, y dijo:
—No lloverá más, ¿verdad, rapaz?
—Ha arrasado. El tiempo se pone de helada —respondió el niño.
Al regresar a la cocina, el Pruden analizó el grajo con concentrada atención y después continuó envolviendo en silencio el pienso de las gallinas. Al cabo de un rato levantó la cabeza y dijo:
—Digo que el Nini ese todo lo sabe. Parece Dios.
La Sabina no respondió. En los momentos de buen humor solía decir que viendo al Nini charlar con los hombres del pueblo la recordaba a Jesús entre los doctores, pero si andaba de mal temple, callaba, y callar, en ella, era una forma de acusación.




