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La merecida plaza de Alba Úriz Malón (Navarra) recompensa a una abuela, una madre y una hija

Oposiciones de Lengua. Opolengua. Alba Úriz
En la imagen, mi hija y yo al día siguiente de que salieran las notas definitivas. Nuestra primera excursión juntas en mucho, mucho tiempo. Qué felicidad.

“Esto es una opotortura”

Si me hubieran dado un euro por cada vez que he dicho esa frase, ahora estaría montada en un velero rumbo a Grecia. Y es que lo he sentido así: las oposiciones me han parecido una tortura. Como las gotas de agua de un grifo mal cerrado que caen y caen por la noche mientras intentas conciliar el sueño. Lo que pasa es que el premio no tiene precio.

Ofrecerle una vida mejor a mi bebé

Nunca había pensado en opositar. Me parecía una gesta comparable a entrar en Hogwarts o alcanzar un arcoíris. Pero me convertí en mamá monoparental, surgió la oportunidad del tiempo y, con la fuerza que me daba querer ofrecerle la mejor vida a mi bebé, en enero de 2024 me puse a estudiar para las oposiciones de estabilización de mi comunidad, Navarra. Con mucha, muchísima ayuda familiar y mucho, muchísimo esfuerzo personal (ni siquiera recordaba cómo se estudiaba, cómo se memorizaba, y además me sentía una intrusa en mi campo, porque, con los años, mis conocimientos filológicos se habían ido deslizando hasta las uñas de los pies), logré entrar en la lista preferente y pude trabajar cerca de casa, que es lo que yo quería.

Oposiciones de Lengua 2025: No hubo opotregua en Navarra

Cosas de la vida, no hubo opotregua tras eso, porque a finales de ese 2024, en Navarra volvieron a convocarse oposiciones para Secundaria: esta vez, las de toda la vida, las duras, las de reposición. Y yo no sabía ni por dónde empezar: no hacía un comentario de texto en condiciones desde la carrera y tampoco sabía cómo programar con la nueva ley (en las oposiciones de estabilización había sacado muy buena nota en el tema, pero muy floja en la unidad didáctica). Así que sabía que necesitaba ayuda.

Levantarme todos los días a la 4:00 para estudiar las oposiciones de Lengua

Navegando por Internet, llegué a Opolengua. Me encajaban la actitud alentadora y luchadora de Eduardo, además de su firmeza y claridad, y me encajaba que el material lo pudiese estudiar y visionar a mi aire, porque sobre todo he tenido que opositar de madrugada, mientras mi hija dormía en la habitación de al lado. Todos los días hacia las 4:00 de la mañana, como un reloj, arriba. Sin día de descanso, porque no me lo podía permitir. Sin ver a mis amigas y a mis amigos durante meses, porque tampoco me lo podía permitir. Y, lo más doloroso, sin pasar todo el tiempo que me habría gustado con mi pequeña. Por suerte, soy afortunada: mientras yo esquematizaba temas, reaprendía a comentar, corregía exámenes y trabajos del instituto, mandaba correos con dudas a Eduardo, jugaba al “¡Ponte a prueba!” de la web, lidiaba con la ansiedad y los criterios de evaluación, y aprendía de las correcciones que me hacían Virginia y Eduardo. Mi familia se encargaba de que mi hija me echase solo un poquito de menos.

Nunca pierdes si inviertes en un futuro mejor

Ha sido una época muy dura, una carrera de fondo de profundo sacrificio. Pero, sin duda, ha merecido la pena. Y aunque no hubiera sacado la plaza esta vez, porque soy consciente de que a la constancia y el duro trabajo debe acompañarlas la suerte (y sabemos que ese factor es clave en una oposición como la nuestra), también habría merecido la pena, porque nunca pierdes si inviertes en un futuro mejor.

Ánimo para todas las personas que se plantean opositar

Así que ánimo. Hay que abrazar los miedos que nos dicen que es imposible, que no valemos para esto, que los demás son mejores, porque con tesón, confianza y el tiempo que sea necesario para cada persona, de verdad que se puede.

Suerte y, como dice Eduardo, ¡a por la plaza!

PD: en la imagen, mi hija y yo al día siguiente de que salieran las notas definitivas. Nuestra primera excursión juntas en mucho, mucho tiempo. ¡Qué felicidad!