Cada vez que en la vida comenzamos una actividad nueva, tenemos que adaptarnos a situaciones para las que inicialmente no estábamos preparados. Como decía el poeta, “se hace camino al andar”. Y al andar, inevitablemente, surgen dudas, problemas y dificultades. De cómo gestionar esas dificultades en las oposiciones de Lengua trata del artículo de hoy.
Nuestra página toma toda su imaginería de la alegoría náutica. Esto se debe a varias razones. Una es mi pasión por la navegación. Otra es que es una alegoría de la literatura tradicional. Y la última y definitiva: preparar las oposiciones de Lengua es como una larga travesía en velero. Y hoy hablamos de la salida a alta mar para personas que no han navegado nunca.
En las oposiciones de Lengua y en la vida imposible que todo salga bien
Lo primero que debemos señalar es que, en las oposiciones, como en la vida, es imposible que todo salga bien. No hay navegación sin contratiempos. Los obstáculos y las dificultades son consustanciales a la vida. Recuerdo un amigo que me decía ya hace muchos años: “la vida es una sucesión de problemas y quien no los tiene, se los busca”. Aplicado a las oposiciones de Lengua, esto quiere decir que nunca se van a realizar a la perfección las ideas y planes que nos trazamos idealmente antes de embarcarnos en la preparación. Y esto no solo hay que tenerlo claro racionalmente, hay que asumirlo realmente. Es imposible no caer enfermo, no dedicar tiempo a otras tareas o no tener dificultades para conciliar la preparación con nuestras obligaciones familiares o nuestra vida social.
Las oposiciones de Lengua son un terreno desconocido
Para muchas personas, las oposiciones de Lengua son un terreno ignoto, como la experiencia de navegar. No sabemos realmente cómo vamos a adaptarnos a los diferentes aspectos que entraña. ¿Cómo memorizaremos los temas? ¿Qué tal realizaremos los comentarios? ¿Se nos dará bien la exposición oral? Todos tenemos un pasado en el mundo académico como estudiantes, pero las oposiciones son otro mundo que implican diferentes destrezas y conocimientos y es difícil saber a ciencia cierta cómo nos irá en ellas.
Adecuar nuestra vida a las oposiciones de Lengua
Por otro lado, hay siempre un elemento decisivo y que es el que acaba determinando nuestro destino en las oposiciones de Lengua. ¿Somos capaces de adaptar nuestra vida a las oposiciones o no es posible hacer esto? ¿Nos marearemos o tendremos un ataque de pánico al ver las olas? La vida es un Tetris y cada uno de nosotros recibe una serie de piezas semanalmente que acopla lo mejor que puede. Las horas de descanso, las comidas, el deporte, las relaciones sociales, las obligaciones familiares, etc. Cada una de estas actividades requiere un tiempo específico. De repente nos encontramos con que nos caen piezas de tiempo muy grandes (horas de estudio, de lectura, de programación…). Y esos bloques no son de cuarto de hora, sino de dos y tres horas. ¿Cómo los acomodamos en nuestra vida? Solo hay una manera: desalojar otros. Y eso es tremendamente difícil y doloroso porque incide, casi siempre, sobre otras personas a las que queremos. Tanto es así, que muchas personas no son capaces de hacerlo y abandonan la preparación.
La aparición de la frustración es inevitable en las oposiciones de Lengua
La frustración aparece siempre en la vida y en las oposiciones de Lengua más aún. Es seguro que no vamos a realizar las tareas perfectamente, sobre todo al principio. El aprendizaje de una destreza como el comentario de texto o la elaboración de programaciones y exámenes de oposición no se adquiere de la noche a la mañana, sino que es una tarea larga y costosa. Y es así porque tenemos que aprender muchas cosas porque carecemos de ellas. Si no careciéramos de ellas, no haría falta preparar nada. Nos saldría todo naturalmente, como al que le tocan con una varita mágica. Pero aquí no hay varitas mágicas, sino frustración y trabajo. Es así y no puede ser de otra manera. Y es aquí donde entra nuestra fortaleza moral, nuestra capacidad de sobreponernos a la frustración y crecer como personas.
Divide y vencerás
No memorizamos tan bien como creíamos. No hacemos los comentarios como nos gustaría. Debemos mejorar nuestra caligrafía, nuestra expresión escrita y nuestra ortografía. ¿Cómo es posible todo esto? ¿Seré capaz de sacar la plaza en las oposiciones de Lengua? Hay que mirar hacia delante. Podríamos haber tenido maestros y profesores más exigentes que nos hubieran ayudado desde la niñez a desarrollar nuestras mejores cualidades. Esto puede ser cierto y puede hacernos dudar de nosotros mismos. Supone una crisis de autoestima. Pero hay que verlo desde un punto de vista racional.
Si no domino las normas de las mayúsculas y eso me ha costado medio punto o dos puntos. ¿Soy capaz de aprender esas normas? La repuesta es sí. Si no he aprendido a estudiar temas de forma efectiva, ¿puedo hacerlo ahora? La respuesta es sí. ¿Hay formas de mejorar la redacción o la caligrafía? La respuesta es sí. Por tanto, de lo que se trata es de ver concretamente cuáles son nuestros elementos de mejora y trazar planes orientados a superar esas dificultades. Es decir, seguir la máxima tradicional del pensamiento científico: “divide y vencerás”. Divide lo que ves como un obstáculo general en apartados concretos y resuelve de manera localizada cada uno de ellos. De esas mejoras parciales, vendrá la mejora total. Si dejo de perder dos puntos por fallos de ortografía, tendré dos puntos más que me permitirán aprobar. De esto se trata.
La importancia de tener siempre alguien fiable a quien consultar las dudas
Es en este sentido en el que cobra verdadera importancia la función del preparador de oposiciones de Lengua, del guía que nos conduzca adecuadamente en la travesía. Necesitamos a alguien con experiencia, criterio, profesionalidad y rigor que sea capaz de decirnos la verdad y de mostrarnos el camino.
Esto se da por supuesto, pero no siempre es así. Yo he conocido a muchos opositores que habían tenido preparadores que daban por bueno sus temas, comentarios o programaciones. ¿Por qué? Pues porque encontrar elementos a mejorar nos supone un trabajo. Si yo corrijo un examen (o un comentario o una programación) de forma exhaustiva y encuentro fallos, no solo dedico tiempo a encontrarlos, sino que tengo que dedicar tiempo a corregirlos dando pautas de mejora. Si doy el trabajo por bueno, trabajo mucho menos. Y además el opositor es mucho más feliz y es más difícil que abandone mi preparación. Por tanto, si no vivo realmente de las oposiciones, sino del sueldo de funcionario, me puede resultar mejor no buscarme muchos problemas y si luego el opositor se estrella, allá él.
Las correcciones de Opolengua son una garantía
Nosotros garantizamos correcciones rigurosas, exhaustivas y absolutamente personalizadas. Nuestro curso tiene cuarenta y cinco correcciones. Nuestro Equipo Opolengua está formado por varias personas que han estado en los tribunales y yo mismo, como tutor y organizador del mismo, me encargo de coordinar todo. Encontramos los elementos a mejorar, damos las pautas para la superación de los problemas y seguimos la evolución en las tareas posteriores. Son muchísimas las personas que, gracias a esto, han pasado de suspender nuestro simulacro de examen inicial a obtener la plaza. La clave es la fortaleza de espíritu y el trabajo riguroso. Llevamos décadas navegando y acompañando a puerto a centenares de personas.
No temer a los otros aspirantes
Hay una cuestión importante que nos debe inducir al optimismo. Están quedando desiertas muchísimas plazas en las últimas convocatorias de las oposiciones de Lengua. Hoy día, aprobar es prácticamente obtener la plaza. Esta es la realidad. El 80% de las personas que verás en el examen no compiten realmente por la plaza. Muchas de ellas no saben estudiar, cometen errores ortográficos y de expresión. No saben hacer comentarios. Y lo que es mejor para ti: no tienen a nadie que les diga la verdad y cómo mejorar. Baste con decir que ya hay academia que están corrigiendo los ejercicios con inteligencia artificial. ¿No vas a poderlos vender en la próxima convocatoria? ¡Pues claro que sí!
Tierra a la vista: el objetivo es la vida que hay después de la plaza
Cuando estamos navegando, siempre hay un momento en que se desea llegar al puerto. El famoso portus quietis de los tópicos latinos. Y esa esperanza de tierra, de puerto, de seguridad, es lo que nos lleva a esforzarnos más. Es muy bueno disfrutar del aprendizaje, de la travesía. Pero siempre hay un destino que nos llama, una Ítaca a la que llegar. Y pensar en ella nos ayuda siempre. ¿Queremos fundar una familia? ¿Queremos estabilidad vital? ¿Queremos vivir en una casa preciosa en mitad del campo? Todo eso es posible. Ese es nuestro sueño. Y la plaza es lo que nos va a dar la llave para conseguirlo. Ese es nuestro puerto. Y en la travesía será imprescindible muchas veces soñarlo para calmarnos, para darnos ánimos y fortaleza. Lo vamos a conseguir. Lo vas a conseguir. Claro que sí. ¡A por la plaza!









