¿Estudiar o no estudiar? El dilema de la treintena

El fin del modelo de crecimiento basado en el ladrillo y la crisis económica ha puesto a nuestro país ante una situación nueva que se ha traducido en un recorte impresionante del gasto público y, por ello, del dinero dedicado a la educación.

Esta situación no es nueva. En los años noventa también yo viví un proceso similar. Entonces se congeló también el gasto en educación y se convocaron durante seis años (1994-2000) muy pocas plazas. Incluso en las especialidades minoritarias (Filosofía, Latín, Griego…)  no se convocaban oposiciones.

Pero ya hemos tocado fondo. Este año son ya muchos los interinos que están volviendo a los centros tras un período de tiempo en barbecho. Desde opolengua.com yo ya he analizado que iba a ocurrir en el futuro. No tengo una bola de cristal, pero las manzanas caen al suelo por la fuerza de gravedad.

Y la inercia vital nos va a conducir  muy probablemente a que estos interinos que están volviendo a sus puestos de trabajo no estudien. ¿Por qué? Pues porque pensarán (y con toda la razón) que si este año (con una crisis brutal) ya ha avanzado la lista 200 puestos, el curso siguiente lo hará en otros 200 puestos… y ellos tendrán vacante o estarán muy cerca de conseguirla.

Lo primero que ocurrirá (ya está ocurriendo) es que esas personas desearán que no haya oposiciones (no ahora, sino nunca más en la vida). ¿Y cuál será el resultado de desear que no haya oposiciones? Pues que, como decía Aristóteles, la naturaleza aborrece el vacío y el tiempo y el esfuerzo y las ilusiones dedicadas a sacar su plaza serán volcadas en otra dirección.

Como quiera que muchas de estas personas se encuentran entre los 30 y los 35 años, su ambición personal pasará a ser (en muchos casos) tener hijos. Y en cuanto tengan hijos, el estudio pasará a resultar mucho más difícil y costoso. Es decir, pasarán a engrosar el colectivo de interinos no  opositores. La treintena es una edad decisiva en la vida porque es la que nos sitúa definitivamente en el mundo.  Y muchas personas, en esta tesitura, van a abandonar la carrera por la plaza para centrarse en otras cosas.

Estas personas se habrán eliminado de la carrera por obtener la plaza por sus propios medios y acabarán pidiendo a los sindicatos (allá por sus cuarenta años) que les concedan  un modelo de entrada que les beneficie.

Esto no es ciencia ficción. Yo (y mucha gente) lo ha vivido. ¿O no hemos visto en los tribunales y en los centros a interinos de cuarenta y pico años que no estudiaban y cuyo único mérito es haber formado parte de una lista?

En esta tesitura se abren varias posibilidades que desde opolengua.com ya hemos analizado.

1-     El hecho de que estas personas se eliminen solas de la oposición, quiere decir que en las próximas oposiciones habrá poca gente que haya estudiado. Habrá pocas plazas, sí;  pero poca gente competirá realmente. Si apostamos por nosotros mismos, hay una oportunidad para nosotros. Es decir, también hay que mirar lo que nos favorece en una situación dada. La treintena es la edad en que se obtiene la plaza. Es entonces cuando tenemos las ideas claras y nos lanzamos con el mayor vigor hacia nuestro objetivo. Si aprovechamos nuestras fuerzas, obtendremos la plaza o nos situaremos de forma excelente para el primer año en que convoquen unas pocas plazas más.

2-   Las personas que no estudian están confiando su suerte no a sí mismas sino al designio caprichoso de los políticos y los sindicatos. ¿Y si, como ha ocurrido en Madrid, se alteran la forma de hacer la listas de interinos? ¿Y si es la nota del examen lo que determina la lista? ¿Y si cuando tengan cuarenta años no hay un nuevo proceso regularizados y son interinas de por vida? ¿Y si desaparecen los interinos como figura? Todos sus planes se desbaratarán.

Habrá que estar muy atentos al nuevo modelo de acceso que prometió el ministerio para este final de año.

Quiero recordaros que yo me enfrenté como interino con cinco años ya de antigüedad a esta situacíón. Yo entonces aposté por mí mismo y por salir adelante por mis propias fuerzas. Y en 1998 fui el número 1 de mi tribunal. Algunos de mis competidores de entonces no aprobaron hasta los procesos reguladores de 2008 en una oposición de juguete (diez años después) y otros, todavía están dando bandazos por los centros. Cada uno acaba labrándose su propio destino. Ahora cada uno debe elegir, como siempre, el suyo.  Mucha suerte para los que estudien, que son los que la merecen y los que harán que nuestro sistema educativo sea mejor.

2 comentarios en «¿Estudiar o no estudiar? El dilema de la treintena»

  1. Gracias, Eduardo, por tus orientaciones, tus consejos y tu experiencia, a muchos nos sirve para aclarar nuestras ideas y encontrar el ánimo necesario para recorrer el duro camino de las oposiciones.
    Tu temario me está resultando de gran ayuda, creo que expone todas las ideas necesarias en cada tema de forma clara y precisa, sin perder por ello el grado de profundidad requerido en una oposición.
    Aprovecho para preguntarte tu opinión sobre el cambio de temario que está previsto con la reforma del sistema de acceso. No sé si se producirán cambios importantes y numerosos o, por el contrario, se tratará de hacer una simple “lavada de cara”, ¿tú qué crees? Lo digo porque espero poder adaptar mi temario (el tuyo) a la nueva demanda. Imagino que introducirán temas nuevos de ámbitos más desarrollados en nuestra especialidad durante los últimos años, pero digo yo que el Quijote siempre será el Quijote, por lo que espero que, aun añadiendo nuevos enfoques, podamos mantener en gran medida el cuerpo del temario que ya tenemos elaborado.
    En fin, ya veremos qué pasa. Muchas gracias, un saludo y sigo leyéndote!!!

  2. Hola, María: Me alegro de que el temario te esté resultando útil. Sobre lo que planteas, yo creo que efectivamente algunos temas cambiarán, pero la base del temario siempre será la misma. El SN, el Quijote o el Poema de Mío Cid siempre estarán ahí. Saludos y ánimo.

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