¡Ponte a prueba! 2/2017 (Solución) Oposiciones de Lengua y literattura

¡Ponte a prueba! 2/2017 (Solución) Oposiciones de Lengua y literattura

En estea ocasión nuestro acertijo semanal no ha encontrado acertantes. Quizá es que el fragmento era más difícil de señalar.  El texto procedía del capítulo 43 de la primera parte de Don Quijote de la Mancha (1605) escrito por Miguel de Cervantes (1547-1616). Se trata de otra de las bellas historias amorosas que aparecen en el libro dando así nuevo testimonio sobre uno de los temas centrales de la obra. En este caso, se trata del fragmento en que doña Clara, la hija del oídor y sobrina del cautivo, cuenta a Dorotea la historia de su enamorado don Luis, que le ha perseguido disfrazado de venta en venta desde Aragón a la Mancha.

Este que canta, señora mía, es un hijo de un caballero natural del reino de Aragón, señor de dos lugares, el cual vivía frontero de la casa de mi padre en la corte; y aunque mi padre tenía las ventanas de su casa con lienzos en el invierno y celosías en el verano, yo no sé lo que fue ni lo que no, que este caballero, que andaba al estudio, me vio, ni sé si en la iglesia o en otra parte: finalmente, él se enamoró de mí y me lo dio a entender desde las ventanas de su casa con tantas señas y con tantas lágrimas, que yo le hube de creer, y aun querer, sin saber lo que me quería. Entre las señas que me hacía, era una de juntarse la una mano con la otra, dándome a entender que se casaría conmigo, y aunque yo me holgaría mucho de que ansí fuera, como sola y sin madre, no sabía con quién comunicallo, y, así, lo dejé estar sin dalle otro favor, si no era, cuando estaba mi padre fuera de casa y el suyo también, alzar un poco el lienzo o la celosía y dejarme ver toda, de lo que él hacía tanta fiesta, que daba señales de volverse loco. Llegóse en esto el tiempo de la partida de mi padre, la cual él supo, y no de mí, pues nunca pude decírselo. Cayó malo, a lo que yo entiendo, de pesadumbre, y, así, el día que nos partimos nunca pude verle para despedirme dél siquiera con los ojos; pero a cabo de dos días que caminábamos, al entrar de una posada, en un lugar una jornada de aquí, le vi a la puerta del mesón, puesto en hábito de mozo de mulas, tan al natural, que, si yo no le trujera tan retratado en mi alma, fuera imposible conocelle. Conocíle, admiréme y alegréme; él me miró a hurto de mi padre, de quien él siempre se esconde cuando atraviesa por delante de mí en los caminos y en las posadas do llegamos; y como yo sé quién es y considero que por amor de mí viene a pie y con tanto trabajo, muérome de pesadumbre, y adonde él pone los pies pongo yo los ojos. No sé con qué intención viene, ni cómo ha podido escaparse de su padre, que le quiere estraordinariamente, porque no tiene otro heredero y porque él lo merece, como lo verá vuestra merced cuando le vea. Y más le sé decir: que todo aquello que canta lo saca de su cabeza, que he oído decir que es muy gran estudiante y poeta. Y hay más: que cada vez que le veo o le oigo cantar tiemblo toda y me sobresalto, temerosa de que mi padre le conozca y venga en conocimiento de nuestros deseos. En mi vida le he hablado palabra y, con todo eso, le quiero de manera que no he de poder vivir sin él. Esto es, señora mía, todo lo que os puedo decir deste músico cuya voz tanto os ha contentado: que en sola ella echaréis bien de ver que no es mozo de mulas, como decís, sino señor de almas y lugares, como yo os he dicho.

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