Hoy ya es 8 de junio. Quedan cincuenta y cuatro semanas para las oposiciones de 2027 y tan solo doce días para el 20 de junio de 2026, fecha de los exámenes de la primera parte de las oposiciones de 2026. Nosotros, como siempre, preparamos esta intensa semana con la publicación de la solución del ¡Ponte a prueba!, el reto amable con el que queremos ayudar desde 2015 a las nobles y abnegadas personas que preparan la decisiva prueba del comentario de texto de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.
Ya decíamos el viernes que se trataba de una obra importante de nuestra literatura. Y no abundamos por no dar excesivas pistas, pero sí decíamos, que dada la difusión de la misma era la típica obra de la que en las oposiciones conviene no solo dar el título, sino ser capaces de situar el fragmento de forma funcional dentro de la misma.
Y así ha sido, como siempre, en nuestra página de Facebook de opolengua.com, pues nuestras seguidoras han dado nuevamente en el clavo. Y así nuestras amigas Mamen Moreno señala con acierto la obra y el nombre tradicional del pasaje y Sara LF y Eva López Santuy sitúan acertadamente en su época y el fragmento en la obra, resumiendo su contenido y Cris Alrío añade a todo esto el debate acerca del género al que pertenece la obra. Así que, ¡enhorabuena a todas ellas y ojalá que el día D tengan el mismo acierto!
Y es que efectivamente, se trataba de uno de los plantos más famosos, si no el que más, de nuestra literatura. Era el famoso discurso de Pleberio, padre de Melibea, llorando la muerte de su hija, en el acto XXI de La Celestina (1499) de Fernando de Rojas (1465-1541). La edición cuyas imágenes empleamos es la de Sevilla de 1521.
Y nada más por hoy. Feliz fin de semana.
Saludos y ánimo.
¡Ay, ay, noble mujer! Nuestro gozo en el pozo, nuestro bien todo es perdido. ¡No queramos más vivir! Y porque el incogitado dolor te dé más pena, todo junto sin pensarle, porque más presto vayas al sepulcro, porque no llore yo solo la pérdida dolorida de entrambos, ves allí a la que tú pariste y yo engendré hecha pedazos. La causa supe de ella; más la he sabido por extenso de esta su triste sirvienta. Ayúdame a llorar nuestra llagada postrimería. ¡Oh gentes que venís a mi dolor! ¡Oh amigos y señores, ayudadme a sentir mi pena! ¡Oh mi hija y mi bien todo! Crueldad sería que viva yo sobre ti. Más dignos eran mis sesenta años de la sepultura que tus veinte. Turbose la orden del morir con la tristeza que te aquejaba. ¡Oh mis canas, salidas para haber pesar, mejor gozara de vosotras la tierra que de aquellos rubios cabellos, que presentes veo! Fuertes días me sobran para vivir, quejarme he de la muerte, incusarle he su dilación cuanto tiempo me dejare solo después de ti. Fálteme la vida, pues me faltó tu agradable compañía. ¡Oh mujer mía! Levántate de sobre ella y, si alguna vida te queda, gástala conmigo en tristes gemidos, en quebrantamiento y suspirar. Y si por caso tu espíritu reposa con el suyo, si ya has dejado esta vida de dolor, ¿por qué quisiste que lo pase yo todo? En esto tenéis ventaja las hembras a los varones, que puede un gran dolor sacaros del mundo sin lo sentir, o a lo menos perdéis el sentido, que es parte de descanso. ¡Oh duro corazón de padre! ¿Cómo no te quiebras de dolor, que ya quedas sin tu amada heredera? ¿Para quién edifiqué torres? ¿Para quién adquirí honras? ¿Para quién planté árboles? ¿Para quién fabriqué navíos? ¡Oh tierra dura!, ¿cómo me sostienes? ¿A dónde hallará abrigo mi desconsolada vejez? ¡Oh fortuna variable, ministra y mayordoma de los temporales bienes!, ¿por qué no ejecutaste tu cruel ira, tus mudables ondas, en aquello que a ti es sujeto? ¿Por qué no destruiste mi patrimonio? ¿Por qué no quemaste mi morada? ¿Por qué no asolaste mis grandes heredamientos?






