El próximo día 27 será Viernes de Dolores. Se acerca la Pascua, la Semana Santa. Son, quizás, las fechas más espirituales de nuestro calendario. Y, por ello, vamos a dedicar el artículo de hoy a la espiritualidad en las oposiciones de Lengua, que es la cuestión decisiva en la preparación y en la vida.
La verdad es que, cuando se me ocurrió hacer este artículo, me quedé asombrado de que en trece años de existencia de este blog, con más de mil quinientas entradas publicadas, no hubiera ninguna dedicada a la espiritualidad, cuando es un elemento al que me refiero con gran reiteración en los vídeos y en mis mensajes en los cursos de preparación de las oposiciones de Lengua.
De hecho, la alegoría (con su imaginería náutica) que tenemos en www.opolengua.com entre la preparación de las oposiciones y una gran travesía náutica (como pueda ser el viaje de Ulises, el Descubrimiento de América o la circunnavegación de Magallanes y Elcano), proviene justamente de su similitud entre el proceso de crecimiento personal y espiritual que estos hechos tienen entre sí. La primera entrada de Opolengua ya anunciaba este enfoque porque es el que yo apliqué desde el principio a mi propia preparación personal.
¿Qué es la espiritualidad y cuál es su función en la vida humana?
La espiritualidad proviene de “espíritu” y cuando acudimos al término en el Diccionario de la Real Academia nos encontramos con que nos dice en sus seis primeras acepciones con lo siguiente:
- espíritu. M.
- ‖ 1. Ser inmaterial y dotado de razón.
- ‖ 2. Alma racional.
- ‖ 3. Don sobrenatural y gracia particular que Dios suele dar a algunas criaturas.
- ‖ 4. Principio generador, carácter íntimo, esencia o sustancia de algo.
- ‖ 5. Vigor natural y virtud que alienta y fortifica el cuerpo para obrar.
- ‖ 6. Ánimo, valor, aliento, brío,
Y nosotros nos referiremos aquí a la espiritualidad como la búsqueda personal de una conexión con algo superior a nosotros (puede ser Dios, el universo, la naturaleza) o incluso con nosotros mismos de forma trascendente, dando un sentido a nuestra vida. Es decir, somos espirituales cuando buscamos y esperamos dar un sentido a nuestra vida de forma coherente con nuestros actos.
Debemos hacer que la obsesión por el tiempo no exista
Lo que más amarga a un opositor (y al ser humano) es el paso del tiempo. ¡Nos quedan X semanas para el examen y tenemos que ir bien preparados! ¡Llevo dos horas estudiando este punto del tema y no avanzo! ¡Tengo que aprenderme un tema a la semana y no lo logro! ¡Empecé la preparación hace seis meses y he avanzado poquísimo! ¡Pasa el tiempo y no avanzo nada! Este es el inicio del bucle que conduce al abandono. Y es aquí donde la espiritualidad aparece como elevador, como un ángel con alas que nos saca de la mezquindad del tiempo para llevarnos al mundo de lo eterno, lo realmente imprescindible.
La enorme presión psicológica que supone la preparación de las oposiciones de Lengua afecta a muchas personas en su día a día
Esta presión del tiempo y del día a día, hace que muchas personas se enfrenten a grandes problemas psicológicos al preparar las oposiciones de Lengua. Es algo muy duro, que requiere de enormes sacrificios personales y que supone, además, una colección de pequeños fracasos hasta que se alcanza la meta final. Tenemos que dedicar muchas horas y eso supone renunciar a muchas cosas. Tenemos que asimilar frecuentes errores de los que no éramos conscientes y eso quiere decir que es imprescindible levantarse del suelo muchísimas veces también. Tenemos siempre la ansiedad carcomiéndonos porque no sabemos si, con todo el esfuerzo que estamos haciendo, seremos capaces de obtener el premio.
Y esto supone dudas, remordimientos, enormes tensiones interiores que nos pueden situar dentro de una espiral negativa que nos lleve al naufragio, a abandonar las oposiciones. Muchos opositores viven en la autoexigencia extrema, la culpa constante y la sensación de no llegar nunca. De hecho, el 90% de las personas que inician la travesía naufragan antes de alcanzar el puerto de llegada. Y como yo digo siempre, lo más importante en la preparación de las oposiciones de Lengua, en lo que nos jugamos realmente la plaza, es en nuestra capacidad de adaptar nuestra vida a las oposiciones y viceversa. Si triunfamos en esto, la plaza es casi segura.
Y entonces la cuestión clave es: ¿cuál es la mejor forma de rebajar esas tensiones y afrontar con éxito la preparación de las oposiciones? Y la respuesta a esa pregunta es tan sencilla en su enunciación como complicada en su aplicación concreta: la respuesta es “espiritualidad”.
¿Cómo podemos relacionar la espiritualidad con la preparación de las oposiciones de Lengua?
Decíamos más arriba que la espiritualidad es la búsqueda de una conexión entre lo que hacemos y el sentido de nuestra vida. Eso quiere decir que para poder introducir las oposiciones de Lengua en la espiritualidad es imprescindible tener claro cuál es el sentido de nuestra vida o, al menos, buscarlo con intensidad. Si no sabemos cuál es el sentido de nuestra vida, las oposiciones van a servir, deben servirnos, para buscar una respuesta a esa pregunta.
La ventaja de quienes creen en Dios
La fe, además de una gracia divina (es decir, Dios la otorga), es una ventaja competitiva para quien la tiene, porque todas las ansiedades, sinsabores, dificultades, pequeños y grandes fracasos que la preparación de las oposiciones de Lengua suponen, son entendidas, procesadas por nuestro espíritu, como una manifestación de la voluntad de Dios y como una preparación de nuestra alma para convertirnos en una pieza más perfeccionada de nosotros mismos dentro del plan divino.
Religión no es lo mismo que espiritualidad
No debemos, sin embargo, confundir religión con espiritualidad. Se puede tener una conciencia del sentido de la existencia y no profesar ninguna religión y ni siquiera creer en la existencia de Dios. Si es este nuestro caso, el sentido de nuestra existencia puede ser formar una parte de la cadena de la humanidad o de la propia creación de la naturaleza. Este enfoque puede servir para ateos o agnósticos. Lo fundamental es creer en la búsqueda de un sentido de nuestra existencia más allá de nosotros mismos.
Lo fundamental es el crecimiento personal
En realidad, lo fundamental es el crecimiento personal, el engrandecimiento de nuestro espíritu. Como Kavafis en su Viaje a Ítaca, podemos entender la vida como una larga travesía, un viaje de enriquecimiento personal en el que las experiencias positivas y las negativas acaban conformando una pléyade de saberes sobre el que nuestro espíritu va creciendo y creciendo, haciéndonos cada vez mejores personas. Cuando nos planteamos esto así, el tiempo deja de ser un árbitro implacable y las prisas no existen, porque concentramos nuestra mirada en lo que aprendemos y crecemos espiritualmente y no en lo que conseguimos materialmente.
El crecimiento espiritual en las oposiciones de Lengua
La preparación de las oposiciones de Lengua son una gran ocasión para crecer espiritualmente y convertirnos en mejores personas. Lo primero es pensar por qué estudiamos las oposiciones. Si la respuesta es simplemente «para conseguir un trabajo», malo: ese es un gran ingrediente para el fracaso. Por el contrario, si vemos en las oposiciones una forma de mejorarnos, si nos gusta realmente lo que aprendemos, si disfrutamos en la propia adquisición del saber, si nos gusta leer obras clásicas, si buscamos con ilusión ser un simple y humilde eslabón en la transmisión de nuestra cultura, entonces estamos de enhorabuena, porque el tiempo y el esfuerzo dedicado a ese crecimiento, jamás será tiempo perdido.
Tenemos que plantearnos que la plaza importa, desde luego, es el objetivo final. Pero vivirlo como un proceso también nos transforma y mejora como persona, pues desarrollaremos la disciplina, la templanza, nuestra capacidad de organización, descubriremos y ampliaremos nuestros límites y aprenderemos a sostener la frustración.
El espíritu es el paso previo a la voluntad y a la acción
La idea siempre precede a la acción. Solo si tenemos las ideas claras y vemos la preparación de las oposiciones como una forma de crecer personalmente, vamos a soportar las presiones. Solo de esta manera, vamos a mostrar nuestra voluntad inquebrantable de obtener la plaza y nos vamos a levantar, una y otra vez, hasta conseguirlo.
Mi propio caso
Yo creo en Dios y eso para mí ha sido siempre de gran ayuda. En los mejores momentos de mi vida le he agradecido y agradezco a diario los dones que he recibido y recibo; y en los peores, he encontrado en Él consuelo y esperanza. Me siento una pieza del gran engranaje de la Creación y creo que mi minúsculo papel consiste en transmitir lo que sé y hacer que las personas que entren en contacto conmigo mejoren su vida. Es lo que intento, con mis errores, obviamente, en todas las facetas de mi vida.
El mejor camino en las oposiciones de Lengua: disfrutar del crecimiento personal
Al entrar a preparar las oposiciones de Lengua tomé conciencia rápidamente de que la plaza no iba a llegar ni fácil, ni rápidamente. En los años noventa el sistema educativo era más pequeño y además hubo una fuerte crisis entre 1994 y 1996, lo que se tradujo en poquísimas plazas. Lengua en Madrid convocaba 6, 8 o 12 plazas cada dos años y yo no tenía puntos. Llegué a la conclusión de que la única manera de soportar la tensión y los años hasta alcanzar la plaza era planteármelo como una travesía de crecimiento personal. Y eso es lo que hice. Y me lancé a construir mi temario, a leer y aprender todo lo que pudiera y a disfrutar de eso y olvidarme de que la plaza era obligatoria en cada convocatoria. El tiempo no era un enemigo, sino una mera dimensión humana.
Cada fracaso fue un paso hacia el éxito final
Y cada uno de los seis intentos anteriores a la plaza (que se saldaron con fracasos), yo los convertí simplemente en una estación más de mi recorrido. Al séptimo intento, obtuve la plaza. Hoy yo no sería quien soy sin ese crecimiento. Ese aprendizaje vital es el que yo he intentado brindar a quienes se han acercado a mi para pedirme ayuda u orientación en la preparación de oposiciones desde 1999. Y por eso existe Opolengua. Y por eso Opolengua es un barco, una travesía de crecimiento personal que siempre se remata con éxito. ¡Vamos a por la plaza!









