10 de abril de 2026. Ya estamos de lleno en la “estación florida” y se acerca “el mentido robador de Europa” pacer estrellas en campos de zafiro. Aún son vacaciones de Semana Santa en muchas comunidades autónomas. Y sobre todo, es viernes y eso quiere decir que es nuestra cita semanal con nuestro querido ¡Ponte a prueba!, el reto amable que con toda ilusión, planteamos desde hace más de diez años cada fin de semana para acompañar en su esfuerzo a las nobles personas que preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura en su prueba más exigente y temida: la del comentario de texto.
La propuesta de la semana: un autor que nunca ha aparecido en las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura
Hoy rompemos la tendencia de este curso y planteamos un texto de un autor que increíblemente nunca ha aparecido en las oposiciones (yo, al menos, no lo recuerdo) desde 1992. Y eso que se trata de un autor que en su época tuvo enorme resonancia y cuyo eco aún es visible incluso a nivel popular. Se trata en esta ocasión de reconocer la obra (e incluso situar el fragmento planteado) e indicar el autor, y, si ello no es posible, la idea es adscribir razonadamente el fragmento en su época, su género y su movimiento literario.
¿Por qué y cómo participar en el Ponte a prueba?
Como siempre decimos, la página de Facebook de opolengua.com es la mejor forma de seguir el reto pues eso nos permite leer los comentarios de otras personas extrayendo importantes lecciones de sus aportaciones. Es mejor participar con un comentario, si queremos vivir por anticipado sensaciones parecidas a las del examen real. Nuestro reto solo tiene una norma: no se puede usar la Red para sacar información, sino que, como en el día D, debes basar tu respuesta tan solo en su competencia literaria. Puedes escribir tu comentario hasta el domingo por la noche en la página de Facebook de opolengua.com. Nosotros publicaremos el lunes la solución del reto y la lista de acertantes.
Y nada más por hoy. Feliz fin de semana.
Saludos y ánimo.
III
Pasado habían el puerto
de Santa Inés, ya mediada
la tarde, una tarde triste
de Noviembre, fría y parda.
Hacia la Laguna Negra
silenciosos caminaban.
IV
Cuando la tarde caía,
entre las vetustas hayas
y los pinos centenarios,
un rojo sol se filtraba.
Era un paraje de bosque
y peñas aborrascadas;
aquí bocas que bostezan
o monstruos de fieras garras;
allí una informe joroba,
allá una grotesca panza;
torvos hocicos de fieras
y dentaduras melladas;
rocas y rocas, y troncos
y troncos, ramas y ramas.
En el hondón del barranco
la noche, el miedo y el agua.
V
Un lobo surgió; sus ojos
lucían como dos ascuas.
Era la noche, una noche
húmeda, obscura y cerrada.
Los dos hermanos quisieron
volver. La selva ululaba.
Cien ojos fieros ardían
en la selva, a sus espaldas.
VI
Llegaron los asesinos
hasta la Laguna Negra;
agua transparente y muda,
que enorme muro de piedra,
donde los buitres anidan
y el eco duerme, rodea;
agua clara donde beben
las águilas de la sierra,
donde el jabalí del monte
y el ciervo y el corzo abrevan;
agua pura y silenciosa,
que copia cosas eternas;
agua impasible, que guarda
en su seno las estrellas.
-¡Padre! -gritaron; al fondo
de la laguna serena
cayeron, y el eco, «¡Padre!»
repitió de peña en peña.




