17 de abril de 2026, viernes. Y como cada viernes, aquí estamos con una nueva propuesta de nuestro ¡Ponte a prueba!, ese acertijo que planteamos desde 2015 con la intención de acompañar y ayudar a las nobles y valerosas personas que preparan la prueba más exigente de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura: la del comentario de texto.
La propuesta de la semana: otro texto que ha aparecido en las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura
En esta ocasión proponemos para su análisis un texto que ya ha aparecido en las oposiciones y que, por tanto, puede volver a caer. Se trata, además, de un pasaje importante en la obra y en la propia historia de nuestra literatura por el tipo de personaje al que se refiere. Por tanto, en esta ocasión no solo se trata de indicar la obra y el autor, sino de situar el episodio dentro de la obra. Es conveniente recordar siempre, y más en este caso, que el comentario acertado del contenido y la forma del fragmento en relación con su género, época y movimiento literario nos permitirá también hacer un sólido comentario.
¿Por qué y cómo participar en el Ponte a prueba?
Desde el inicio del reto allá por 2015, la página de Facebook de opolengua.com ha sido la mejor forma de seguirlo, porque los comentarios que otras personas escriben cada semana nos aportan interesante información sobre el texto y vías para su comentario. Todavía es mejor participar con un comentario, pues eso hace que la experiencia se asemeja más a la que viviremos el día D. Para participar solo es necesario seguir una norma: basar nuestro juicio únicamente en nuestra competencia literaria, sin usar Internet para extraer información. Ya sabes que puedes escribir tu comentario hasta el domingo por la noche en la página de Facebook de opolengua.com. Nosotros publicaremos el lunes la solución del reto y la lista de acertantes.
Y nada más por hoy. Feliz fin de semana.
Saludos y ánimo.
Al fin se cumplió mi deseo y supe lo que deseaba; porque, un día que habíamos comido razonablemente y estaba algo contento, contóme su hacienda y díjome ser de Castilla la Vieja, y que había dejado su tierra no más de por no quitar el bonete a un caballero, su vecino.
-Señor -dije yo-, si él era lo que decía y tenía más que vos, ¿no errábades en no quitárselo primero, pues decís que él también os lo quitaba?
-Sí es y sí tiene, y también me lo quitaba él a mí; mas, de cuantas veces yo se le quitaba primero, no fuera malo comedirse él alguna y ganarme por la mano.
-Paréceme, señor -le dije yo-, que en eso no mirara, mayormente con mis mayores que yo y que tienen más.
-Eres muchacho -me respondió- y no sientes las cosas de honra, en que el día de hoy está todo el caudal de los hombres de bien. Pues te hago saber que yo soy, como ves, un escudero; mas ¡vótote a Dios!, si al Conde topo en la calle y no me quita muy bien quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio, o atravesar otra calle, si la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo. Que un hidalgo no debe a otro que a Dios y al rey nada, ni es justo, siendo hombre de bien, se descuide un punto de tener en mucho su persona. Acuérdome que un día deshonré en mi tierra a un oficial y quise poner en él las manos, porque cada vez que le topaba, me decía: «Mantenga Dios a Vuestra Merced». «Vos, don villano ruin -le dije yo-, ¿por qué no sois bien criado? ¿Manténgaos Dios, me habéis de decir, como si fuese quienquiera?» De allí adelante, de aquí acullá, me quitaba el bonete y hablaba como debía.
¿Y no es buena manera de saludar un hombre a otro -dije yo- decirle que le mantenga Dios?
-¡Mira, mucho de enhoramala! -dijo él-. A los hombres de poca arte dicen eso; mas a los más altos, como yo, no les han de hablar menos de: «Beso las manos de Vuestra Merced», o por lo menos: «Bésoos, señor, las manos», si el que me habla es caballero. Y así, de aquél de mi tierra que me atestaba de mantenimiento, nunca más le quise sufrir, ni sufriría ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que: «Manténgaos Dios», me diga.
«Pecador de mí -dije yo-, por eso tiene tan poco cuidado de mantenerte, pues no sufres que nadie se lo ruegue».




