Regular el esfuerzo en las oposiciones de Lengua. Firme el timón.

Las reflexiones de una buena opositora, esta semana, me hacen volver sobre un tema de enorme interés: la regulación del esfuerzo. Es en verdad algo decisivo, porque hay que tensar las fuerzas como opositores, pero sin quebrar nuestro ánimo y nuestro corazón, porque nos podemos desfondar y hundirnos en las arenas movedizas de la angustia.Aquí van parte de mis reflexiones sobre este tema crucial.

Presiones diarias y oposiciones

Es muy duro volver del trabajo, cuidar de la familia, ocuparte de las tareas domésticas y además saber que tienes la oposición ahí encima. Además, en el mundo imaginario que todos nos trazamos, suponemos que hay miles de personas (o mejor dicho, todas excepto nosotros) que están volcándose en las oposiciones mientras nosotros nos enfangamos en las arenas movedizas de las presiones diarias. Vemos que el curso avanza, que las tareas que deberíamos hacer son tantas que nos resulta imposible abarcarlas todas y además suponemos que otras personas sí las están haciendo y además haciéndolas bien. Y eso nos acaba de desesperar. Nos sentimos como un barco que, golpeado por el viento, se vence a un costado llevándonos a una deriva no deseada y temiendo que vayamos a naufragar

Ningún opositor es ajeno a las presiones diarias.

Pero, siguiendo con el símil marinero, debemos también reflexionar sobre otros elementos que pueden ayudarnos a enderezar el barco y a sostener el timón con firmeza. Lo primero es comprender que nosotros estamos solos en casa y tendemos a idealizar la situación de otras personas. A esos seres ideales les quitamos nuestros propios problemas, sí; pero no les ponemos los suyos propios (porque todo el mundo los tiene), con lo que nos parece que luchamos contra gigantes. No existe la persona sin elementos que le resten tiempo e inquietudes que desvíen su atención de las oposiciones. Todos sentimos inseguridad y angustia por el presente, temor por el porvenir, dolor por el tiempo invertido… Y eso quiere decir que todos navegamos en el océano de la oposición enfrentando tempestades, mareas, monstruos personales…

Los opositores, seres especiales.

Y eso nos convierte en seres especiales, en seres que comprenden lo que supone el paso del tiempo y cada día son capaces de mirar la estela que van dejando por detrás acción a acción, lectura a lectura. Esto también es precioso y podemos vivirlo como un acontecimiento personal único, como un privilegio doloroso (tan doloroso como ver una tempestad en el mar); pero como un privilegio al fin y al cabo, que nos sitúa en la cresta de la conciencia de nuestra propia vida. Y además, sabiendo que de esa tempestad vamos a volver a tierra, donde nos esperan los nuestros. Debemos mirar alrededor porque gracias a Dios, tenemos mucha gente a nuestro alrededor que nos quiere.

Proa al viento.

En el mar, se nos dice que hay que navegar proa al viento. No enfretándodo de cara, porque si no, el barco no avanza; pero si mostrándole nuestra amura de proa para tomar su viento y aprovecharnos de su potencia. El viento somos nosotros y la propia oposición, ofreciendo tareas y tareas. Hay que buscar la tarea, porque ese es el impulso y es imprescindible que ese viento esté ahí para llenas nuestras velas. De lo que se trata es de orientar el barco de forma que ese impulso nos haga avanzar lo mejor posible. Eso quiere decir regular e ir variando el rumbo cada cierto tiempo sin perder de vista nuestro objetivo final. Adaptarnos al viento y hacer lo mejor y lo máximo en cada caso sin perder nunca el objetivo de que el barco, nosotros mismos, no resulte dañado.

Regular el esfuerzo es la clave.

Regular el esfuerzo es difícil porque el curso plantea muchas actividades y mucha carga, pero se puede regular. Enorgullécete de tu tarea y no te obsesiones con lo que otros puedan hacer. Y finalmente, miremos cada día como una nueva oportunidad, como un dinero (el tiempo) que cada día se nos da para que lo gastemos, sabiendo que al finalizar la jornada lo que no hayamos empleado se nos quitará para siempre y sabiendo además, que en cada amanecer se nos dará un nuevo cheque de tiempo. Si al acostarnos, reflexionamos y somos conscientes de que hemos gastado ese tiempo correctamente, entonces hay que dormir con la conciencia bien tranquila, porque al que hace todo lo que puede, no se le puede pedir más.
Yo estoy seguro de que tú eres de esas personas tenaces, valientes y decididas. Sin esas cualidades no estarías aquí. Así que contémplate en el espejo de tu alma y sonríe.
Proa al viento.
Saludos y ánimo.
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