Oposiciones de Lengua y lecturas de verano

Oposiciones de Lengua y lecturas de verano

Ya llegan las vacaciones docentes. Estamos a escasos dos días de su inicio. Ya sabéis que estas vacaciones son de dos meses por varias razones. La primera, es el descanso medio que tienen todos los profesores en Europa. Y la segunda, según nuestra escala y nivel dentro de la administración pública, los profesores somos, con diferencia, los peor pagados de los antiguos licenciados. Esto se compensa también por disfrutar unas vacaciones más largas. El caso es que, salvo gran noticia, que es posible que la haya, este blog se despide hasta la primera semana de septiembre. Y hoy vamos a realizar esta última entrega del curso dando una serie de recomendaciones de lectura que, en su mayoría, tendrán que ver con diferentes temas del temario.

¿Qué debemos buscar al leer?

Hay dos razones esenciales por las que los opositores debemos leer. La primera, para complementar nuestra preparación como opositores. Para ello están las obras que aparecen en el temario. La segunda, para complementar nuestra preparación como docentes. Para ello están las obras que pueden entusiasmarnos, pues es a partir de ese sentimiento como conseguiremos entusiasmar a nuestros alumnos. Es imposible transmitir un sentimiento que no hemos disfrutado nunca.

Hay miles de obras literarias válidas para hacer una lista. Yo para hacer la mía de hoy, elegiré, prioritariamente, grandes obras, de esas de estar tumbados en la playa o en la montaña, sintiendo, como en el famoso cuento de Cortázar Continuidad en los parques, que las páginas cobran vida, hasta el punto de envolvernos y obligarnos a entrar en el universo literario creado por su autor. Cuando eso ocurre, cuando sentimos que desearíamos que la obra no terminase nunca, entonces hemos dado con una de las lecturas de nuestra vida. Y es justamente esa sensación única e individual la que hemos de intentar transmitir a nuestros alumnos con los ojos brillantes de emoción. Cuando eso ocurre en una clase, los alumnos verán nuestra emoción y querrán viviral por ellos mismos. No quizá en la misma obra. Es más, lo más seguro es que esa obra a ellos no les diga mucho; pero sí a través de otra, porque sabrán que ese es el verdadero milagro de la literatura y querrán disfrutarlo. Y además, sabrán que tienen ante si un verdadero docente, un verdadero transmisor, que no es un impostor, sino una persona que siente en el fondo de su corazón lo que intenta transmitir. Y eso, la pasión y la verdad, al final, siempre llega al corazón y genera respeto. Quiera Dios que este verano encontremos alguna de estas obras. Yo me voy a permitir señalar diecisiete obras  que me emocionaron.

Nuestras recomendaciones para el verano

Don Quijote de la Mancha. Cervantes. Obra imprescindible para comprender no solo la historia de nuestra vieja nación, sino para reconocer en tantas y tantas obras posteriores. Lectura complementaria para quien ya la haya leído: Juegos de la edad tardía de Luis Landero.

Guerra y paz. Es una obra colosal, que muestra en un gigantesco friso la invasión napoleónica y en la que aparecen decenas de personajes que cobran vida casi real y se manifiestan como seres humanos. Todo está en ella: el nacimiento de un hijo, la muerte de un hermano, el adulterio, los matrimonios infelices… la vida, la guerra y la paz. Como lectura complementaria, Vida y destino de Vassili Grossman. Otro novelón ruso, pero ambientado en la invasión nazi.

Lazarillo de Tormes. Un clásico a releer una y otra vez. Las vicisitudes de un pobre niño desamparado en la España imperial. Una novela de aprendizaje. Lectturas complemntarias para quien ya las haya hecho: Grandes esperanzas de Dickens y Míster Vértigo, de Paul Auster. Yo lloré leyendo las dos.

La Celestina de Fernando de Rojas. Otra obra imprescindible para comprender la persecución y la falta de fe de los judíos en la España de los Reyes Católicos. No hay posibilidad de conexión con la espiritualidad: el mundo es una ciénaga de dinero y sexo. Lectura complementaria: Sin destino de Imre Kertesz, en la que el autor húngaro relata su paso por los campos de concentración nazis.

La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza. Una novela ambientada en Barcelona. Es una novela de “ciudad” de esas que te llegan y te invitan a viajar allí para intentar encontrar su espíritu escondido. Lecturas complementarias: Manhattan Transfer de John Dos Passos, La busca de Pío Baroja y La colmena de Cela.

Como no, una selección de lecturas de amor: el gran tema (quizá el único) de la literatura. El buen soldado de Ford Madox Ford; Impaciencia del corazón de Stefan Zweig; Lolita de Nabokov, Bella del Señor de Cohen y De qué hablamos cuando hablamos de amor de Carver.

Y para finalizar, para quien quiera leer el último pelotazo literario español: Patria de Fernando Aramburu. Una buena y, sobre todo, imprescindible novela para comprender la tremenda injusticia que se ha vivido en España en los últimos decenios y para reflexionar lo que cada uno puede hacer para erradicar el odio.

Y nada más por este curso. Durante estos dos meses, seguiremos contestando a los correos y realizando las matrículas de nuestros cursos; pero como hemos dicho, salvo noticia de imprescindible comentario, nuestra boca estará cerrada.

Feliz verano, que nos lo hemos ganado.

Saludos y ánimo.

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