Las oposiciones y el sentimiento de culpa

Estamos ya a mediados de octubre y hoy vamos a tratar en nuestra entrada semanal un tema que angustia a muchos opositores hasta hacerles perder energías, la salud y hasta el sueño: el sentimiento de culpa.

El sentimiento de culpa en las oposiciones y sus causas

Siempre se dice que preparar las oposiciones es algo durísimo. Y como todos los que estamos (o hemos estado) en esta aventura sabemos bien, esta frase no es simplemente un lugar común, sino una realidad que duele. Debemos levantarnos temprano, debemos trabajar, debemos encargarnos de mil tareas que nos desvían de nuestro objetivo prioritario y muchas veces al final de la jornada (y esto tampoco es un lugar común) debemos estudiar todo lo que se pueda. Debemos, debemos, debemos, debemos… Una palabra que nos machaca durante todo el día. ¿Cómo no tener sentimiento de culpa?

Además, al finalizar cada jornada nos sentimos como una bayeta que amaneció llena de agua y energía pero que se ha estrujado y exprimido completamente hasta quedarnos exhaustos. Y nos acostamos rendidos y sabiendo que al día siguiente ese bucle maldito se repetirá hasta no se sabe cuándo. ¿Cuándo sacaré la plaza? ¿Cuándo acabará esa tortura? A veces, demasiadas veces quizás, nos acordamos de todas las renuncias del día, de la semana, del mes, de los años. Los ratos en que no quedamos con aquella amiga, el tiempo que no pudimos dedicar a nuestra pareja o a nuestros hijos, las novelas que quedaron sin leer o el hobby que quedó aparcado hasta que se produzca el milagro de obtener la plaza. Sí, quien está embarcado en esta singladura, sabe que esa es la dureza de las oposiciones.

Solo quien tiene sentido del deber tiene sentimiento de culpa. Benditas las personas que lo han sentido y malditas las que no lo han sentido jamás porque eso es indicio de que son irresponsables. No hay por tanto que aumentar nuestra angustia por sentir culpa. Son dos sentimientos diferentes que tienen causas diferentes y no debemos permitir que se unan formando una peligrosa sinergia que pueda hacer zozobrar nuestro barco en plena tormenta.

Combatir el sentimiento de culpa del opositor

De lo que se trata por tanto es de analizar fríamente, mejor dicho, lo más fríamente posible, si estamos cumpliendo o no con nuestros deberes. Y digo bien, deberes y no deber, porque lo que no podemos hacer es aislar nuestra faceta como opositores (con los deberes que esto nos marca), de nuestras otras tareas vitales (que también tienen sus deberes) y no nos quepa duda de que en la mayoría de las ocasiones cuando no cumplimos con una parte de nuestros deberes como opositores es porque hemos tenido que extendernos más tiempo en solventar otras obligaciones.

Otra de las claves para combatir el sentimiento de culpa es marcarnos unos objetivos de trabajo realistas. El plan de estudio de un opositor debe incluir todas, absolutamente todas, las facetas que las oposiciones implican (temario, ejercicio práctico, programación, lecturas, etc.) y debe ser realista. Yo siempre he dicho de mí mismo que mi mejor virtud no es que sepa mucho (hay millones de personas más inteligentes y con más conocimientos de lengua y literatura que yo); pero sí es cierto que me considero una persona muy trabajadora y sobre todo, muy pragmática, con mucho sentido común. Esa es creo una virtud esencial en la vida y desde luego en las oposiciones. A ese sentido común que todos tenemos es al que hay que apelar a la hora de plantearnos un plan objetivo de trabajo. Un plan de trabajo exigente y objetivo, que nos obligue a estirar nuestras fuerzas al máximo pero que no nos queme. Ese plan de trabajo debe escribirse semanalmente poniendo al lado de cada tarea cuánto tiempo vamos a dedicar a realizarla. Al principio nos equivocaremos, pero pronto iremos sabiendo cuanto tiempo exige cada tarea y afinaremos más.

Y al final de la semana ese sentido común es el que debe permitirnos valorar si hemos hecho todo lo posible para alcanzar nuestras metas auto evaluando nuestros logros y la voluntad que hemos puesto en hcaer todo lo proyectado.

La paz del opositor proviene del deber cumplido

Yo siempre digo a mis opositores que a quien hace todo lo que puede, no se le puede pedir más. Y esto es una verdad como un templo. No podemos martirizarnos si hemos hecho realmente todo lo posible.  El objetivo verdadero no es alcanzar el objetivo del plan de estudio (que como he dicho siempre debe ser muy exigente) sino tensar nuestras fuerzas al máximo para alcanzarlo de forma que lleguemos realmente al máximo humano posible.

Eso es lo que debe marcar la felicidad y la paz. ¿He hecho todo lo humanamente posible para cumplir con mis obligaciones? Estoy seguro de que en la mayoría de las ocasiones la respuesta será sí. Esto debe detener el sentimiento de culpa, aunque no pueda detener nuestra angustia.

Las oposiciones nos hacen pagar un duro precio en dinero, esfuerzos y tiempo; pero también, bien gestionadas, son la puerta al dominio de nosotros mismos y a un enorme crecimiento personal.

Y al final de la singladura, al alcanzar la meta soñada, siempre diremos que como don Quijote volvemos a casa como vencedores de nosotros mismos. No hay mayor premio en la vida que vivirla conscientemente y creciendo día a día. Benditas las personas que mueren sabiendo que hicieron lo que debieron porque alcanzaron la paz. Estoy seguro de que tú estarás entre ellas.

Saludos y ánimo.

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