23 de febrero de 2026. Quedan sesenta y nueve semanas para las oposiciones de 2027 y muchas menos para las de 2026. El tiempo es una dimensión fundamental en la vida humana y nunca podemos perderlo de vista porque marca los límites de nuestra preparación. Comenzamos nuestra semana de trabajo, que debe incluir la creación del primer vídeo de nuestro nuevo curso de NGLE, con fuerza y, como siempre, con la publicación de nuestro ¡Ponte a prueba!, ese reto que sigue el lema docere et delectare y que acompaña desde 2015 la travesía de quienes preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura, en su prueba más dura, la del comentario de texto.
Como ya indicamos el viernes 20 se trataba de una obra difícil, que no ha aparecido nunca en las convocatorias de oposiciones de Lengua, por lo que era más que suficiente con señalar el género y la época y realizar el comentario a partir de esos dos elementos.
Pero, nuevamente, los comentarios en nuestra página de Facebook de opolengua.com nos han sorprendido porque a pesar de la dificultad han sido varias personas las que han respondido con acierto al reto. Y así, nuestra amiga María Pilar Carbonero Muñoz acierta con el género y nuestro amigo Francis Arrillaga Lodeiro (a quien aprovechamos para dar la bienvenida a nuestra página) da excelentes argumentos para indicar su época. Nuestras seguidoras Lidia Parra González señala con acierto el género y tanto ella como Eva López Santuy se acercan a la época, pues efectivamente es el español clásico el que aparece en el texto. Y es Salud Serrano Heredia quien hace pleno, pues acierta la obra. ¡Enhorabuena a todos ellos y ojalá que el día D tengan el mismo acierto!
Y es que, efectivamente, se trataba del inicio de La hija de Celestina (1612), una novela muy escrita por Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635), donde se narran las interesantes y truculentas aventuras de la pícara Elena, cuyo terrible final se pone como ejemplo.
Y nada más por hoy. Feliz semana de estudio. Saludos y ánimo.
A la Imperial Toledo, gloriosa, y antigua ciudad de España, tan gloriosa, que la Reyna, a quien hazen Corte los Seraphines la ennoblecio con visitalla, dexando por testigo la piedra donde puso sus plantas a quien la Fe, y piadosa Religión de sus Catholicos ciudadanos, deuotamente reuerencia, y tan antigua que la soberuia del Romano Imperio, no lo juzgo por indigna de ser asiento de su silla, las vezes que sus Principes vinieron a España; llegó vna muger llamada Elena, a cuyo nacimiento y principios les espera mas agradable lugar. En el tiempo que la Primavera anda tan liberal con los campos que a ninguno dexa quexoso, ni mal vestido, aunque en las galas q les reparte, haze de vnos a otros diferencia notable, muger de buena cara, y pocos años, que es la principal hermosura, tan subtil de ingenio, que era su coraçon la recámara de la mentira, donde hallaua siempre el vestido y traxe mas a su propósito conuiniente persona era ella que se passara diez años sin dezir una verdad, y lo que mas se le ha de estimar es, que nunca la echaba menos y viuía muy contenta, y consolada sin sus visitas, cierto que mentía con mucho aseo y limpieza, y que salia una Bernardina de su boca, cubierta de pies a cabeça de tantas galas, que se lleuaua los oydos de los que le escuchaban sin poderse defender los mas seueros, y rigurosos ánimos, dezia ella muchas vezes que aquello era todo buen natural, y tan copioso, que en vna ora que ella se recogiesse con su pensamiento, echaua vna tela que le duraua todo el año, y era tan casera y hazendosa la buena señora, que nunca salia del telar: bastara muy bien a dar provisión desta mercadería, quedandole la casa llena a todos los poetas de Castilla, con auer tantos que se pudieran hazer a sus tiempos sacas de ellos para Vizcaya, atento a ser tierra que no los lleua, y que para tenellos es fuerza que los trayga de fuera del Reino. Al fin passaua con esta gracia su vida, que acompañada de su cara, dentro de pocos años hicieron mucha hazienda, eran sus ojos negros, rasgados, balentones, y delinquentes, tenían hechas quatro, o cinco muertes, y los heridos no podían reduzirse a numero, mirauan apacibles a los primeros enquentros, prometiendo serenidad: pero enviando al miserable amante, en golfado en alta mar, acometían furiosos, y usando de aquella desesperada resolución: executese luego, dauan fin a su vida.





