¿Cómo aprobé yo mis oposiciones de Lengua castellana y literatura? (1)

En estas entradas voy a contar cómo fue el proceso por el que aprobé las oposiciones y obtuve mi plaza como profesor de Lengua castellana y literatura. Había 300 personas y solo una plaza. Y fue para mí. Creo que puede resultar interesante para muchos opositores que en breves semanas, se van a tener que enfrentar a la misma situación de tensión y dudas. ¿Qué necesite para obtener la plaza de profesor?

En primer lugar, la base fundamental para obtener la plaza en las oposiciones de secundaria o de primaria es tener un buen temario. Yo había dedicado cinco años a construir mi propio temario de oposiciones con lo que me garantizaba que mi temario era original y estaba perfectamente adaptado a lo que yo podía escribir en las tres horas que entonces podía durar el ejercicio. Era un temario además en constante revisión, de forma que cada año lo mejoraba un poquito.

En segundo lugar, yo iba al examen con todos los temas estudiados y repasados. Casi nadie en el tribunal estaba en esa posición. Estudiarme todos los temas bien me llevó algo más de un año. El verdadero reto consistió en ser capaz de repasarlos una y otra vez durante todos los años que estuve estudiando. Mis repasos además me garantizaban que iba a aprovechar las dos o tres horas del examen de oposiciones a tope, pues me sabía los temas de memoria. Ojo, eso no quiere decir memorieta, sino que comprendía su contenido y me lo sabía perfectamente. Eran ya seis años de estudio y repaso a casi cuarenta horas semanales, por lo que el dominio del temario era una conclusión lógica.

En tercer lugar, había leído mucho. Aunque en la universidad no había sido un buen estudiante, siempre fui un buen lector, desde niño. Y eso hacía que las obras clásicas las conociese. Además, durante el estudio de las oposiciones, me había hecho listas de obras básicas o complementarias que leía conforme estudiaba los temas con lo que estos y aquellas, además, se me revelaban con mayor claridad. Los entendía y memorizaba mejor. Las entendía con mayor claridad.

En cuarto lugar, había hecho muchos comentarios. Decenas de comentarios. Tuve la enorme fortuna de conocer a mi difunto amigo Jesús Felipe Martínez Sánchez que con su sabiduría y paciencia me guió en el proceso entre cañas y tapas. Fue un aprendizaje tan fructífero como agradable.

En quinto lugar, tenía una buena preparación didáctica y llevaba todos los materiales curriculares diseñados. Tenía bastante experiencia de hablar en público desde mi juventud por mi militancia como dirigente político a la que había que añadir mis años de profesor.

Pero todo esto en realidad son consecuencias de algo más profundo.

Porque lo que me hizo aprobar las oposiciones y obtener mi plaza como profesor de Lengua y literatura fue la voluntad. La voluntad de levantarme cada día de mi siesta tras el trabajo y ponerme delante de los apuntes. La voluntad de volver del gimnasio cada tarde y hacer un último repaso. La voluntad de faltar a una cita con amigos por acabar un tema. La voluntad de llevarme cada día un libro de lectura a la cama y no leer por puro placer sino pensando en la oposición.

Lo que me hizo triunfar fue la ilusión. El sueño de que mis sueños se hicieran realidad. El viento de la ilusión me llevaba a buscar mi libertad. Sí, llegaría un día en que dependería de mí mismo y podría hacer lo que yo desease. El mundo sería para mí y todas las renuncias tendrían sentido.

Lo que me hizo triunfar fue la fe. La fe en mí mismo, en mis posibilidades como persona, la fe en que podría superar a mis adversarios por ilusión, por voluntad, por mi valor como persona. La fe en saber que yo tenía un lugar en la educación y en la vida. La fe en que el mundo me reservaba un lugar desde el que poder trabajar por los demás formando a otros.  

Y un día, a finales de julio de 1998, vi mi nombre en las listas. Había solo una plaza en mi tribunal de Córdoba. Yo fui el número uno y Dios me premió.

En estos días, duros, solitarios, abnegados, en que imagino a todos los opositores con miedos, dudas y cansancio os quiero mandar un mensaje claro. Tened fe, tened valor, tened ilusión y tened voluntad.

Y el mundo será vuestro.

Para todos, como siempre.

Saludos y ánimo.

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