¿Cómo gestionar la ansiedad del opositor?

En este momento, cuando nuestros opositores de los dos cursos de Opolengua llevan algunas semanas de estudio, surgen inevitablemente las primeras muestras de ansiedad. No a todo el mundo, no en todos los casos, pero es una problemática común que vamos a tratar hoy. Todos desearíamos que los días tuviesen 48 horas, pero ¡no es así! Y vemos cómo nuestro tiempo se diluye sin que hayamos avanzado nada. ¡Hemos hecho mucho menos de lo que nos habíamos planteado! ¡No vamos a poder cumplir con el plan de estudio!

Me llegan correos: madres con hijos enfermos, interinas que tienen que buscarse el piso y hacer mudanza o vivir en pensiones. Gente que se incorpora a institutos con muchos problemas de disciplina… ¡Problemas!  Y es que somos madres y tenemos hijos que cuidar. O somos hijos y tenemos padres que cuidar. O compatiblizamos la oposición con mil trabajos y estamos muy preocupados por nuestra situación económica. O simplemente, fuimos optimistas como niños al planear todo.

Lo primero que hay que decir es que esta situación es normal. Al fin y al cabo, cuando empezamos a estudiar somos todo ilusión, todo corazón… ¿Qué nos ha pasado? Nos han surgido las inevitables dificultades que nos interponen la vida y la memorización de los temas. ¡Y es que es tan cansado todo! ¿Podré con todo esto? ¿Lo dejo?

¿Cómo saber si estoy afectado por este virus? Por la ansiedad. Si aparece la ansiedad es que estoy afectado. No duermo bien, estoy siempre en tensión, con preocupación, con agobio de falta de tiempo, con sentimiento de que no podré estar a la altura… ¡Me estoy agobiando! Si eso ocurre, malo: o cambiamos nuestra actitud o el barco puede naufragar. A mis opositores les digo: cuando eso ocurra, ¡llamadme por teléfono por favor!

Vamos a intentar calmarnos y reflexionar. ¿Qué nos ocurre? ¿Cómo salir del atolladero?

Estamos ante la “adolescencia del opositor”, la primera tormenta que nos surge nada más salir a alta mar. ¡Y queda tanto viaje! Ahora ya sabemos qué es esto de la oposición y cuánto nos cuesta cada tema, por lo que debemos asumir la nueva situación. No serán al final 50 temas, no llevaremos todo perfecto este año. Hay que asumirlo. Remarco. Hay que asumirlo. No llegaremos a puerto tal y como pensábamos.

Pero llegaremos. Llegaremos. Repítelo: llegaré. Llegaré. Llegaré.

¿Qué hacer? Lo primero ser conscientes de que alcanzar la meta en las oposiciones es una larga travesía. Yo he calculado que invertí en torno a las 5500 horas hasta obtener la plaza. ¡5500 horas! Eso a una media de 25 horas semanales de estudio y a 43 semanas de estudio al año. Y esa cifra global es la que hay que tener clara.

Porque lo esencial no es si esas 5000 (o 3000 horas) se hacen en 4 o 5 años sino si se hacen. Es posible obtener plaza con menos, pero no creo que con menos de 2500 horas sea posible, la verdad. Y eso son años. Imaginemos que vamos a América en barco. Hay 6745 km. Pues esto es igual. Cuanto más avancemos cada año, mejor. Si solo podemos estudiar quince horas semanales, pues hay que asumir eso. 15 horas por 50 semanas son 750 horas anuales. En tres años serán 2000 y en cuatro años casi 3000 horas, una cifra muy respetable… Pero si pasamos a desfondarnos y abandonamos el año, habremos perdido 750 horas y no habremos ganado nada. Será el naufragio. Si asumimos esas quince o diez horas semanales, habremos avanzado 500 o 750 horas de nuestra meta final. Así es como hay que ver las cosas porque así es como son.

Steering wheel of old sailing vessel

Para que todo esto funcione bien, lo único imprescindible es que sepamos estudiar y repasar bien, por lo que seguir el Método de estudio Opohispania a rajatabla es fundamental. Afortunadamente tenemos un método de estudio que nos garantiza eso. Alegrémonos por ello. No todo el mundo cuenta con una herramienta específicamente diseñada para repasar los temas en un breve lapso de tiempo. Creedme cuando os digo que esa es la única forma de garantizar que nuestro esfuerzo no se pierde cada año. Esa fue mi apuesta y me salió bien. Esa ha sido la apuesta de muchas personas y les salió bien. Y habrá opiniones de todos los gustos sobre el método y claro que supone problemas de adaptación pero no he conocido a nadie que no diga  que es absolutamente eficaz. Y muy útil para el estudio a largo plazo.

Por tanto, ante las muestras de ansiedad la solución está en aflojar y en comprender que cualquier avance es un paso que nos acerca a la meta. Es decir, plantearnos las cosas en positivo. Alegrémonos por cada paso que damos.

Hay que luchar por convertir nuestra resistencia en alegría, nuestro agobio en fuerza, nuestra capacidad de lucha en amor propio. Hemos de darnos cuenta de que estamos en el mar, que hay tormenta pero que tenemos la valentía de seguir adelante, firmes, en nuestro sitio, sosteniendo el timón cuando las cosas se ponen feas. Somos especiales y lo demostramos cada día. A nosotros y a quienes nos rodean.

Yo mismo pasé por todos estos estados de ánimo y sé bien de lo que hablo. Mi método de estudio fue parido así, como una forma de liberar angustias y tensiones. Yo he visto a mucha gente emocionarse, sufrir, llorar. Desde hace años. Y lo que puedo deciros es que merece la pena, que independientemente del resultado de cada oposición, de cada año, está la satisfacción del deber cumplido, de haber respondido a la llamada interior con todas las consecuencias. Y creedme de verdad amigos, no hay tanta gente que pueda decir eso.

Y como siempre, para todos, saludos y ánimo.

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