¡Ponte a prueba! 9/2017 (Solución) Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Pues, efectivamente, se trataba de Misericordia (1897) de Benito Pérez Galdós (1843-1920) y los aciertos han sido numerosos. En Facebook han acertado Carla Romero, Inma Yuste Gómez, Maria José Peral, Francisco Blanco Trejo, Rosa Romero Servert y Cristi Arce. Y en esta página www.opolengua.com han acertado Alba Machado, Esther, Mariela, María y AOR. En total, once personas que en el caso de que hubiese caído el texto en el comentario, habrían tenido un poco de ventaja sobre los demás. ¡Enhorabuena!

Este puente estuve en Madrid y al pasar por delante de la Iglesia de san Sebastián en la calle de Atocha (muy cerca de la imprenta en la que se hizo el primer Quijote) se me ocurrió poner en el concurso esta obra de Galdós, cuya primera escena es precisamente allí. El fragmento elegido pertenece al capítulo III, cuando el narrador presenta a la inolvidable protagonista de la obra, Benina, un personaje caracterizado ya desde su nombre (en el más puro estilo galdosiano) por su extrema bondad. Una novela con ambición política, pues fue escrita cuando en España se debatía el problema de la beneficencia pública y el trato que debía dispensarse a la mendicidad.

La mujer de negro vestida, más que vieja, envejecida prematuramente, era, además de nueva, temporera, porque acudía a la mendicidad por lapsos de tiempo más o menos largos, y a lo mejor desaparecía, sin duda por encon- trar un buen acomodo o almas caritativas que la socorrieran. Respondía al nombre de la señá Benina (de lo cual se infiere que Benigna se lla- maba), y era la más callada y humilde de la comunidad, si así puede decirse; bien criada, modosa y con todas las trazas de perfecta sumisión a la divina voluntad. Jamás importunaba a los parroquianos que entraban o salían; en los repartos, aun siendo leoninos, nunca formuló protesta, ni se la vio siguiendo de cerca ni de lejos la bandera turbulenta y demagógica de la Burlada. Con todas y con todos hablaba el mismo lenguaje afable y comedido; trataba con miramiento a la Casiana, con respeto al cojo, y únicamente se permitía trato confianzudo, aunque sin salirse de los términos de la decencia, con el ciego llamado Almudena, del cual, por el pronto, no diré más sino que es árabe, del Sus, tres días de jornada más allá de Marrakesh. 

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