¡Ponte a prueba! 16/2017 Oposiciones de Lengua

El texto que traemos hoy a nuestro concurso forma parte de una obra que hoy no es muy leída, ni siquiera en la universidad. Sin embargo en su época fue, salvando las distancias, un verdadero bombazo. Como sabemos, en el arte del comentario de texto de las oposiciones de Lengua no es imprescindible acertar texto y autor. Lo fundamental es explicar el texto y relacionar los rasgos que muestra con una época, un género y un movimiento determinado.

Yo mismo viví estos elementos en mis propias carnes en varias ocasiones. Por ejemplo, en 1996, en Madrid, cuando pusieron un texto de Cansinos Assens.

Yo obtuve la nota de comentario más alta del tribunal y, sin embargo, no acerté ni autor, ni obra. Y es que es muy importante en este sentido lo que escriban nuestros competidores. Si en aquel tribunal de Madrid, todo el mundo hubiera acertado que el texto era de Cansinos Assens, probablemente yo no hubiera sido la nota más alta; pero, con toda seguridad, nadie fue capaz de acertarlo, por lo que mi comentario pudo brillar más.

Así que ya sin más dilación: ¿eres capaz de acertar obra, autor, género, movimiento literario y época de este texto?

Pero a mi juicio de ahora y entonces, volviendo a la consideración prometida, con quien habló, más que a religiosos y comunidad, fue con los príncipes y sus ministros de justicia, de quien iba hablando cuando esta digresión hice. Que verdaderamente son luz y en aquel sagrado capítulo o en la mayor parte dél todo es luz y más luz, para que no aleguen que no la tuvieron. Consideré que la luz ha de estar, como agente, en algún paciente sujeto, en quien haga como en la cera, ya sea una hacha o lo que más quisieres. Digo habérseme representado la tal persona, o tú, como es verdad, ser la luz; tus buenas obras, tus costumbres, tu celo, tu santidad es lo que ha de resplandecer y darla. ¿Pues qué piensas que es darte un oficio o dignidad? Poner cera en esa luz para que ardiendo resplandezca. ¿Qué es el oficio de la luz? Ir con su calor llamando y chupando la cera hacia sí, para alumbrar mejor y sustentarse más.

Eso, pues, has de hacer de tu oficio: embeberlo, encorporarlo en esa luz de tus virtudes y honesta vida, para que todos las vean y todos las imiten, viviendo tan rectamente, que ruegos no te ablan- den ni lágrimas te enternezcan ni dones te corrompan ni amenazas te espanten ni la ira te venza ni el odio te turbe ni la afición te engañe. Oye más: ¿cuál vemos primero, la luz o la cera? No negarás que la luz. Pues haz de manera que tu oficio, que es la cera, se vea después de ti, onociendo al oficio por ti y no a ti por el oficio.

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