¿Cómo explicar a nuestro entorno en qué consisten las oposiciones?

Hacía tiempo que quería dedicar una entrada a este tema. En las oposiciones de Lengua y literatura, muy a menudo, los opositores no tienen tan solo que lidiar con el temario, las programaciones y los comentarios, sino que además se ven obligados a luchar contra la incomprensión de amigos, familiares lejanos y, lo que es peor, padres, hermanos o pareja. Algunas de estas personas, en su ignorancia, pueden hacernos un enorme daño psicológico e incluso en ocasiones, y esto lo he vivido yo como preparador, llevar al abandono de las oposiciones. ¿Cómo afrontar esto?

Rodearnos de las mejores personas

Todo esto tiene una ventaja: podemos detectar quienes nos quieren y son positivos, pues resultan un abono en nuestro crecimiento y nos proporcionan el alimento en nuestra durísima travesía y quienes no nos quieren, o aunque nos quieren, resultan tóxicos. Las oposiciones suelen ser un largo y duro camino y es mejor afrontarlo sin lastres y sin pesos muertos en la bodega que, a malas, pueden hundir el barco.

¿Cómo detectar a las personas tóxicas?

Estas personas son aquellas que no consideran que nuestro esfuerzo sea tal. Pasan los meses y les oímos comentarios como “no sé para qué echas tantas horas a esto si aprobar es muy difícil” o “no entiendo cómo no has aprobado ya”. Es decir, los dos mensajes más duros y comunes son la crítica destructiva ante nuestro esfuerzo y la crítica destructiva ante nuestra capacidad para vencer. Es decir, estos dañinos personajes, nos están diciendo por otros medios que somos idiotas. Y a la vez, orgullosamente, como nosotros somos idiotas y ellos nos enseñan qué es la vida y qué es lo que debemos hacer, están diciendo implícitamente que ellos son muy listos, porque o bien no desperdiciarían su tiempo en presentarse o bien aprobarían con facilidad. Es decir, nos están diciendo que son superiores a nosotros. Como comprenderéis, ese mensaje y el amor son incompatibles. Pueden decir que nos quieren, pero “obras son amores y no buenas razones”, tal y como reza el sabio refrán español.

Estas personas lanzan un mensaje así, en el fondo, por su inseguridad y por un secreto temor a que consigamos el objetivo, pues si lo hacemos quedará demostrada su tóxica actitud y nuestra superioridad sobre ellos. Y esto último es lo que no quieren que ocurra. Da igual si mensajes de este tipo nos los lanza nuestro padre, nuestra madre o nuestra pareja.

Otra variante débil y sutil del mismo mensaje puede ser: “seguro que apruebas”. No siempre este mensaje proviene de la maldad  (pues puede estar guiado por el profundo desconocimiento de las oposiciones), pero en ocasiones un mensaje puede también suponer un menosprecio a nuestro esfuerzo y a la dureza de la oposición. Este mensaje puede ser lanzado de buena fe por nuestros familiares o pareja, para animarnos, y por ello no debe ser combatido de las misma manera que el anterior.

¿Qué decirles sobre las oposiciones a las personas que nos quieren?

Lo primero que hay que explicar es que cada oposición es un mundo. Eso deben tenerlo muy claro. Porque siempre está el cuñado, la suegra, el tío o el primo que conocen a uno que se sacó las oposiciones a técnico municipal a la primera o de profesor de Lengua en el año 2008 y casi no estudió. Hay que explicar que cada oposición es absolutamente diferente de las demás. Y esto no solo de cuerpo a cuerpo, pues no es lo mismo ser abogado del estado que juez o que auxiliar técnico o guardia civil o cartero o maestro que profesor, sino también de especialidad a especialidad (pues no es lo mismo ser profesor de Filosofía que de Lengua). No solo eso, sino que cada año y en cada comunidad la oposición es diferente. Es decir, no es lo mismo la oposición de Lengua en el año 2008 que en 2012 ni es lo mismo en 2016 en Andalucía que en Madrid.

Es decir, hay que explicarles que una oposición son dos cosas: en primer lugar, el número de opositores que se presentan y el número de plazas que se ofertan; en segundo lugar, el formato de concurso-oposición que se dé en cada comunidad y año. Y hay que explicarles que eso siempre es cambiante, con lo que cuando opositamos cada año no sabemos nunca con qué nos vamos a encontrar.

La segunda idea que hay que explicarles también desde el principio es que las oposicioes no tienen nada que ver ni con el instituto, ni con la universidad, lugares donde aprobar es relativamente fácil y donde podemos haber acostumbrado a nuestro entorno a notas altas siempre. ¿Cómo no vas a aprobar? Es bueno ir con datos y decirles que el primer ejercicio lo suelen aprobar aproximadamente entre el diez y el treinta por ciento de los presentados (hablo en general, por supuesto). También hay que explicarles lo que es un concurso oposición y lo fundamental que resultan en él los puntos de antigüedad. Puede darse el caso de que la compleja explicación de lo que supone el Real Decreto les sea incomprensible. Ahí veremos su fe: cuando simplemente les digamos que lo normal es que la plaza se consiga al cabo de cinco o seis años debido al sistema de puntos y confíen en nosotros.

Es decir, hay que explícales muchas cosas que no son sencillas. Si nos atienden, es que nos quieren. Si no nos atienden, es que no nos quieren. Si les convencemos, es que nos quieren. Y si no les convencemos, mala cosa. Su amor es menor fuerte que su desconfianza hacia nosotros. Si es el caso, es mejor no tener cerca una persona así mientras estemos estudiando.

Los opositores necesitan comprensión y apoyo

A los que nos quieren y por tanto nos han escuchado, debemos decirles finalmente que estamos inmersos en una lucha larga en al que sacrificaremos muchas cosas, pero que lo hacemos para crecer como personas y que lo que necesitamos de ellos es comprensión. Comprensión para apoyarnos con su fuerza moral y material, ayudándonos como mejor puedan.

Y a quienes no nos vayan a apoyar, que al menos no nos supongan un lastre. Porque si es así, alejémosles de nosotros sin contemplaciones y para siempre, pues como dice Pármeno en la Celestina “de los enemigos, los menos”. Para eso también valen las oposiciones, para poner a cada uno en su sitio.

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