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¡Ponte a prueba! 20/2019 Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Oposiciones Lengua Castellana

Como cada viernes, volvemos con el acertijo del “¡Ponte a prueba!”, con el que desde hace tres años proponemos un reto a las personas que opositan a una plaza de Lengua castellana y literatura, con el objeto de entretener y proponer un punto de referencia para la prueba de comentario de las oposiciones. 

Hoy traemos un texto más complicado de reconocer que el de la semana pasada. Si se usa Google es facilísimo, por supuesto, porque forma parte de los poemas más famosos de un poeta conocido. Pero yo, al menos, cuando me saqué la plaza en 1998 no lo hubiera acertado, aunque creo que el comentario me habría quedado bien porque sí habría dado con época, género y movimiento. Y estas son las preguntas que planteamos: ¿a qué obra, autor, género, movimiento y época pertenece este texto?

Como siempre, puedes participar en el acertijo escribiendo la solución hasta el domingo por la noche en nuestra página de Facebook pinchando aquí y que daremos la lista de acertantes el lunes por la tarde.

 

Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años —que eran
la quinta parte de toda mi vida—,
ya había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente,
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
—papeles y retratos
en medio de la calle…
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.