¿Cómo encarar la Semana Santa y las últimas semanas de estudio?

Esta semana se iniciará para muchos opositores la Semana Santa. Y tras ella, el vertiginoso tercer trimestre que, como un acelerado tobogán, nos conducirá en dos meses escasos a las pruebas de las oposiciones. Se acercan pues los momentos decisivos. Y ante esta prueba magnífica, debemos tensar nuestras fuerzas y dar al máximo para conseguir nuestros objetivos. Vamos a analizar cómo encarar estas últimas semanas de estudio.

La primera cuestión es cómo utilizar el tiempo de la propia Semana Santa. Hay dos opciones: aprovecharlo para descansar unos días y tomar impulso para la recta final y la otra es aprovecharlo para recuperar tiempo que hayamos perdido en semanas anteriores de este año. La decisión debe estar condicionada, antes que nada, por nuestras posibilidades reales; pues puede que no tengamos la opción de estudiar por variadas razones. Y en ese caso, no hay que plantearse nada porque nos va a crear una angustia que es mejor no sufrir. Pero si es posible estudiar, debemos atender a si es imprescindible y será fructífero quitarnos unos días de descanso, habida cuenta de lo que proponemos en los párrafos siguientes.

Liberar todas las bolsas de horas

Porque tras la Semana Santa y a unas escasas semanas del examen, lo que hay que hacer es liberar todas las bolsas de tiempo para optimizar nuestra preparación e ir a tope. Y eso quiere decir restringir descansos y salidas al mínimo (ya sé que hemos reducido esto desde el principio) y restar hasta tiempo al sueño. Sí, incluso podemos probar a dormir media hora menos diaria para ganarla al repaso. Y es por ello, porque podemos llegar al final tensando absolutamente todas las fuerzas, por lo que nos podemos plantear un descanso los días de Semana Santa.

¿Y cómo repartirnos el tiempo?

Lo primero: garantizar los repasos.

Como siempre digo, la oposición no se conquista estudiando, sino repasando. Es el que más y mejor repasa el que mejor se sabe los temas y se prepara para el comentario. Precisamente por esto, nuestro méodo de estudio está diseñado para facilitar y garantizar buenos repasos.

Lo segundo: garantizar la programación.

La programación hay que quitársela de en medio ya, si es que no la hemos terminado. Es tiempo de tomar decisiones rápidas. Consultar a nuestro preparador, a amigos y resolver las dudas que tengamos y encerrarnos a terminarla. Una vez hecho esto hay que exponerla oralmente ante terceros para ponernos a prueba y que nos den sugerencias. ¿Cuántas veces? Hasta que la dominemos como un tema más y la integremos como tal en nuestra rutina de repasos. Las unidades didácticas son más fáciles de montar, pero la programación debe quedar clara, si es posible, antes de Semana Santa y si no lo es, justo después.

Lo tercero: los ejercicios prácticos.

Tenemos que evaluar si tenemos claro como encarar cada uno de los ejercicios posibles, con un esquema de acción claro. Si es así, vamos bien. Y si no es así, esto es otra prioridad básica pues solo pasaremos a la siguiente fase con un ejercicio práctico bien hecho. Hay apartados que se nos darán mejor o peor y eso no se podrá solventar sin invertir semanas en ello (me refiero al filológico, sobre todo) pero al menos hay que tener claro ya cuáles son los esquemas de actuación ante cada caso. Hasta que no tengamos eso hecho (y a lo mejor se trata simplemente de recapitular, porque está en verdad ya todo claro) no debemos tomar nuevos temas.

Lo cuarto: las rutinas finales y los últimos temas

Yo creo que una vez dominados programación y prácticos, podemos tomar nuevos temas integrando ese estudio en una rutina de horas que ya incluya repasos, elaboración de unidades, exposiciones orales y realización de prácticos. Una vez salvaguardadas las horas para todas estas tareas prioritarias, podemos tomar nuevos temas. Cuantos más, mejor.

Finalmente y lo más importante la preparación psicológica para afrontar el día D.

Al leer esta retahíla de consejos algunas personas se podrán alarmar al ver reunido en un solo artículo la hercúlea tarea que tienen por delante. Pero al repasar lo ya avanzado, se darán cuenta de que ya lo tienen prácticamente hecho y se pueden dedicar a repasar todo y estudiar. ¡Bendito sea quien se encuentre en esa situación! Y agradézcanselo a ustedes mismos y a quienes les hayan ayudado en su preparación, porque si a estas alturas ya tienen todo esto, es que están en condiciones de afrontar la prueba en junio con enormes garantías. Mi más cordial enhorabuena y mis mejores deseos.
Pero, ¿qué ocurre si nos faltan algunas cosas o, a lo peor, bastantes de las cosas arriba indicadas? Pues que, si nos ponemos las pilas, tenemos todavía tiempo para afrontar todo. Estudiemos en Semana Santa, robemos horas de descanso y afrontemos el futuro día D con fe y determinación en la absoluta seguridad de que la inmensa mayoría de los opositores no harán nada de esto, sino que se dejarán vencer por la desidia, los nervios, la angustia y el desánimo (y eso me lo dicen mis casi treinta años en las oposiciones). Apretemos los dientes y encaremos con fuerza el futuro. La vida se abre y nos deja paso libre, y muchos lo hemos comprobado así, cuando actuamos con fe, valentía y determinación. La vida es de los valientes. ¡Seamos uno de ellos y que nos lleve en volandas a nuestra meta!

No os quepa duda de que en la prueba suprema a la que nos enfrentaremos en junio habrá una línea invisible, pero que nosotros distinguiremos enseguida, con una mera conversación superficial, entre las personas preparadas (que no llegarán al 10%) y las que van a la oposición a hacer bulto. Formar parte de uno u otro grupo es lo que se decide en estas semanas finales. Hemos hecho ya un gran esfuerzo. ¡Apostemos por nosotros mismos! Yo estoy seguro de que tú vas a hacer lo imposible por estar en el grupo de los mejores.

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