¡Ponte a prueba! 35/2019 Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Ya estamos tan solo a dos semanas del día D en Galicia, Baleares y Comunidad Valenciana y, como hemos hecho en los últimos viernes, nuestro acertijo para preparar la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua castellana y literatura pretende servir de ayuda a estos opositores trayendo textos que de alguna manera tengan relación con esas comunidades.

Y el texto que traemos hoy es para mí muy grato, porque me resultó fascinante su lectura en su día y creo que es una de las obras más importantes de la literatura española del siglo XX. Se trata como siempre de reconocer la obra, el autor, el género y el movimiento literario al que pertenece el fragmento. Creo que la obra de hoy, a pesar de ser importante, resultará difícil pues no ha sido muy reivindicada en los últimos años. Sin embargo, como ya he dicho, para mí es una de las más importantes del siglo pasado.

Como sabéis, para participar hay que escribir la solución antes del lunes en la página de Facebook de opolengua.com y las soluciones con la lista de acertantes la daremos el lunes pro la tarde en el blog www.opolengua.com

Y nada más por hoy. Feliz fin de semana. Saludos y ánimo.

Incipit
¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!
En la mañana de niebla, cas al alba, las voces estremecen el aire como trompetas. Toca todavía la campana, a la primera misa; pero su sonido es tenue, precavido, como para entrar de puntillas en las alcobas oscuras, un sonido al que se da la espalda, que se esquiva o acalla metiendo la cabeza bajo las sábanas. “Pepiño, levántate, que ya son las seis y media.” Un sonido que sería impertinente si no fuera habitual; que sería íntimamente detestado si no actuara de despertador, a esa hora en que los trabajan tienen que despertarse.
¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!
Aquella señora embatada, que se llama la Tía Benita dos Carallos por los muchos que mete en la conversación, quizá para garantizar la veracidad de sus afirmaciones y tiene una tienda de abacería en la calle del Rostro Mugriento; aquella mujer arrugada que además del luto, muestra las canas del cabello, pega voces allá en lo alto de la escalinata, voces tremendas, voces desgarradas, voces despepitadas, en el mismo momento en que la niebla se esclarece un poquito porque el sol acaba de salir y le presta algo de su luminosidad; en el momento en que ka niebla, allá abajo, en la Ciudad Nueva, se hace más espesa y gris por la parte del Mendo, más ocre y húmeda por la parte del Baralla: lento el uno, rápido y alborotado el otro; de aguas densas el Mendo, de aguas opacas las del Baralla, transparentes, ligeras, que se cuentan las guijas relucientes de su lecho.

Comparte esta entrada
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter