¡Ponte a prueba! 37/2019 (Solución) Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Cerramos nuestro concurso “¡Ponte a prueba!” de este curso con la solución al acertijo planteado el pasado viernes. Como decíamos se trataba de un texto que bien podía aparecer en la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua castellana y literatura en Galicia, que se celebraron el pasado sábado.

El texto era un fragmento de la colección de dieciséis relatos El bosque animado (1943) de Wenceslao Fernández Flórez (1885-1964), en la que se da una constante prosopopeya pues los animales y plantas del bosque cobran vida propia y se expresan como seres humanos.

Han acertado el texto en esta ocasión dos opositoras: María Cuenca Sánchez y Eva Candia, a las que damos nuestra más cordial enhorabuena y les deseamos la misma fortuna el día D pues ello les reportará una ventaja cierta sobre sus competidores.

Y nada más por este curso. Llega el verano y nuestro acertijo descansará hasta la llegada del nuevo curso en septiembre. Saludos y ánimo.

El pino, cantando en sordina entre los largos dientes de sus hojas, tenía un papel principal en el coro del bosque y merecía la fama de dominar la onomatopeya. Su propia felicidad, el alborozo pueril de aquella diablura, le movió a decirle al poste:
-¿No quiere usted cantar con nosotros?
El postre no contestó.
-Seguramente -insistió el pino, inclinando su copa en una cortesía- su voz es delicada y armoniosa, y a todos nos agradará que se una a las nuestras.
El poste silbó malhumorado.
-¿Y a qué viene eso? ¿Qué cantan ustedes?
-Imitamos a un tren remoto.
-¿Y para qué? ¿Son ustedes el tren?
-No -reconoció el pino avergonzado.
-Entonces, ¿qué pretenden con esa mixtificación? Ya que usted me interpela, le diré que no encuentro sería su conducta.
-¿Quizá le agrada más la canción de la lluvia?
-No.
-¿Acaso la canción del mar?
-Ninguna de ellas. Este es un bosque sin formalidad. ¿Quién podría creer que árboles tan talludos pasasen el tiempo cantando como ranas? Yo no canto nunca, susurro apenas. Si ustedes acercarse a mí sus oídos, escucharían el murmullo de una conversación, porque a través de mi pasan las conversaciones de los hombres. Eso sí que es maravilloso. Sepan que vivo consagrado la ciencia y que yo mismo soy ciencia y que todo lo que ustedes hacen a mi alrededor lo reputo como bagatela y sensiblería, si alguna vez me digno abandonar mis abstracciones y reparar en ello.
La opinión del poste pronto fue conocida en toda la fragua Y ya no se atrevieron a entregarse a aquel entretenimiento que el árbol extraño y solemne, de ramas de alambre, acusaba de frivolidad.

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