¡Ponte a prueba! 9/2020 Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Tras el paréntesis del día de Todos los Santos volvemos a la cita con nuestro acertijo semanal “¡Ponte a prueba!” para ayudar a preparar la siempre temida prueba de comentario de las oposiciones de Lengua castellana y literatura.

Seguimos tratando obras en prosa del siglo XX y en esta ocasión traemos una obra que durante un tiempo fue muy leída y emblemática de un periodo. Cuando estamos ante una obra así, puede ser importante no contentarnos con señalar la obra y el autor, sino situar el episodio de forma funcional dentro de la propia obra.

Como siempre se trata de señalar obra, autor, movimiento, género y época literaria. Y como siempre, las soluciones han de escribirse en la página de Facebook de www.opolengua.com hasta el domingo por la noche.

El pez muere por la boca, dicen, y dicen también que quien mucho habla mucho yerra, y que en boca cerrada no entran moscas, y a fe que algo de cierto para mí tengo que debe de haber en todo ello, porque si Zacarías se hubiera estado callado como Dios manda y no se hubiese metido en camisa de once varas, entonces se hubiera ahorrado un disgustillo y ahora el servir para anunciar la lluvia a los vecinos con sus tres cicatrices. El vino no es buen consejero.
Zacarías, en medio de la juerga, y por hacerse el chistoso, nos contó no sé qué sucedido, o discurrido, de un palomo ladrón, que yo me atrevería a haber jurado en el momento –y a seguir jurando aún ahora mismo- que lo había dicho pensando en mí; nunca fui susceptible, bien es verdad, pero cosas tan directas hay –o tan directas uno se las cree- que no hay forma ni de no darse por aludido, ni de mantenerse uno en sus casillas y no saltar.
Yo le llamé la atención
-¡Pues no le veo la gracia, la verdad!
-Pues todos se la han visto, Pascual.
-Así será, no lo niego; pero lo que digo es que no me parece de bien nacidos el hacer reír a los más metiéndose con los menos.
-No te piques, Pascual; ya sabes, el que se pica…
-Y que tampoco me parece de hombres el salir con bromas a los insultos.
-No lo dirás por mí…
-No; lo digo por el gobernador.
-Poco hombre me pareces tú para lo mucho que amenazas.
-Y que cumplo.
-¿Qué cumples?
-¡Sí!
Yo me puse de pie.
-¿Quieres que salgamos al campo?
-No hace falta.
-¡Muy bravo te sientes!
Los amigos se echaron a un lado, que nunca fuera cosa de hombres meterse a evitar puñaladas.
Yo abrí la navaja con parsimonia; en esos momentos una precipitación, un fallo, puede sernos de unas consecuencias funestas. Se hubiera podido oír el vuelo de una mosca, tal era el silencio.
Me fui hacia él y, antes de darle tiempo a ponerse en facha, le arreé tres navajazos que lo dejé como temblando. Cuando se lo llevaban, camino de la botica de don Raimundo, le iba manando la sangre como de un manantial…

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