La expresión escrita es fundamental en las oposiciones

Photo by Art Lasovsky on Unsplash

Hoy tratamos un tema que, a menudo, soslayamos. Siempre hablamos de lo importante que es tener un buen temario, de que preparar el ejercicio práctico con correcciones personalizadas es imprescindible o de que, sin un buen ejercicio oral, es imposible obtener la plaza. Pero nunca, o casi nunca, insistimos en un aspecto que es, en mi opinión, más importante que todos los que acabo de decir: la expresión oral y escrita.

¿Qué es lo más importante en un tema?

Muchas personas dan una importancia desmesurada a que su tema sea original. Y es cierto que eso es un valor… relativo. La originalidad de los temas era muy importante en las oposiciones de hace muchos años, cuando había muchas menos plazas que ahora (años noventa del siglo pasado) o incluso antes (en la época franquista) cuando se presentaban muy pocas personas a las oposiciones. De estas épocas viene la sacralización de la originalidad del temario. 

¿Cómo incide hoy la expresión escrita en las oposiciones?

Pero hoy los tiempos son otros. Las oposiciones son masivas en cuanto a opositores y se ofertan centenares de plazas. Y aún así quedan plazas desiertas. ¿Cómo es eso posible? Durante 2018 yo hablé con los miembros de más de cincuenta tribunales de toda España para buscar correctores para Opohispania/Opolengua y su cantinela era siempre la misma: “el nivel es muy bajo, las faltas de ortografía y los errores gramaticales nos producen terror “. A mí no me cabe la menor duda de que una gran parte del problema estriba en que hoy día están llegando a las oposiciones personas que estudiaron la ESO. Si los niveles de la secundaria y de la universidad han bajado, por pura lógica eso se tiene que transmitir a las oposiciones. ¿Eso quiere decir que todas las personas que hicieron ESO están mal preparadas? Ni muchísimo menos. Eso, en realidad es una gran noticia para estas personas, porque quiere decir, como está ocurriendo de hecho, que si se expresan bien tienen un plus ganado de enorme importancia.

Hoy en las oposiciones vale más la expresión correcta que la originalidad

Efectivamente, hoy vale más un tema bien redactado que un tema original. Y esto nosotros lo podemos demostrar con datos. En primer lugar, nuestro temario (aunque es actualizado cada año) es el mismo desde hace casi treinta años. Centenares de personas han obtenido la plaza con él. Es más, nosotros hemos tenido opositores que han hecho el mismo tema en el mismo tribunal y han alcanzado la plaza. Es más, sobre todo en Andalucía, hay ya muchas personas que nosotros hemos preparado que han formado parte de tribunales y que han llevado nuestros temas (igual que otros miembros del tribunal llevaban los suyos)  para utilizarlos en las correcciones como referente. Ningún miembro del tribunal se va a espantar porque el tema no sea original, porque la mayoría de ellos tampoco llevaban un temario completamente original. Quien más, quien menos, lleva un temario basado en el de una academia o preparador o una mezcla a la que añaden elementos personales. Aquellos opositores autónomos y exclusivos eran propios de otros años, de otras épocas. Así pues, no hay que tener ningún temor a utilizar un temario de una academia. Lo que hay que temer es que el tema no esté bien redactado.

¿Cuánto vale un tema original y bien preparado si está mal redactado?

La respuesta a esta pregunta es nada. No vale nada. Pensemos con lógica. Cualquier tema, con frecuentes errores gramaticales y ortográficos va a causar una pésima impresión en el tribunal. Lo primero, porque no va a ser comprendido  por el tribunal, que tendrá que detenerse para comprender qué se quiere decir. Lo segundo, porque, aunque lo comprenda, el tribunal entenderá que nuestro ejercicio no alcanza los mínimos de cultura que se exige a un funcionario de carrera. Lo tercero, porque es más que probable que entre los propios miembros del tribunal comenten de forma burlona o despectiva nuestro ejercicio.

El objetivo es escribir un tema de oposiciones que se beba

Como decimos siempre de nuestros temarios, lo más importante de un tema es que se entienda bien, que sea ameno, que sea didáctico, que guíe al tribunal por los conocimientos que exponer como la caña de un buen pescador pesca su presa. Y así es como están redactados nuestros temas, buscando la claridad didáctica y la amenidad expositiva siempre. Hay que enganchar al tribunal desde el principio y conseguir que la lectura sea breve y sencilla. Quien consigue eso, tiene la mitad ganada. El resto se compone de rigor, datos y conocimientos; pero si carecemos de amenidad expositiva, de gancho didáctico, nuestro tema no tendrá el efecto deseado. ¿Por qué? Pues porque el tribunal está harto de leer temas y de comprobar en la mayoría de ellos (y de ahí los suspensos) tarda mucho rato porque el tema está mal escrito. Y en el tribunal no hay nadie que esté ahí por placer. Cuando hay que leer cien exámenes… ¡Cuánto se agradece, Dios mío, un ejercicio bien redactado! Es como un vaso de agua en el desierto. Cualquier persona, cualquier interino que se haya enfrentado a esta tarea lo sabe: el buen examen es aquel en el que apenas hay que corregir. Eso es igualmente aplicable a las oposiciones. 

¿Y en el ejercicio práctico?

Pues aquí todavía es más importante redactar bien, pues en el tema podemos basarnos en el modelo del propio temario y tener previstas más o menos las expresiones que utilizaremos; pero en el caso del ejercicio práctico esto es mucho más difícil pues se trata de aplicar nuestros conocimientos a un ejercicio práctico en el que habremos de improvisar nuestra expresión escrita. Aquí la rapidez y la soltura expresiva desempeñan un factor clave.

Buenas noticias y malas noticias para los opositores

¿Y todo esto es bueno o es malo? Pues depende para quien. Para todas aquellas personas que redactan bien es una noticia magnífica, porque deben pensar cuantísima gente no tiene ese don del Cielo y lo difícil que va a ser para estas personas superar la criba previa. Para las personas que tienen problemas es una mala noticia, que solo se puede convertir en buena si desde ya mismo se ponen a mejorar esta faceta… Porque mejorar la expresión escrita es posible. ¿Cómo? Lo primero buscando modelos correctos e imitándolos, si es preciso, de memoria, para garantizar en primer lugar que su tema es correcto y en segundo para ir memorizando giros y expresiones que luego podremos utilizar autónomamente. Precisamente por esto, nuestro método de estudio Opohispania es así, buscando una respuesta automática del opositor. Es conveniente, además, leer con mucha atención todo tipo de textos expositivos (no de creación) donde encontraremos las claves, los conectores y los modelos que precisamos. También podemos echar mano de manuales de español correcto que ahora (y no por casualidad) abundan.

La gran importancia de que nos corrijan los ejercicios de oposiciones

Y como siempre decimos, en esta singladura de las oposiciones, es muy importante contar con alguien que nos corrija. Nadie mejor que una mano experta y externa para saber si redactamos con fluidez, coherencia, amenidad y claridad expositiva o para ver si cometemos errores ortográficos. No someter nuestros escritos a una voz externa es un error grave, pues supone acudir el día D sin que nadie nos haya avisado de nuestros fallos y, por tanto, sin haber hecho nada para corregirlos. Es realizar experimentos arriesgados sin tomar ningún tipo de precauciones previas. 

En la especialidad de Lengua castellana y literatura todavía es más importante

En el caso de la especialidad de Lengua castellana y literatura, resulta mucho más importante. Es decisivo, como en cualquier oposición donde haya que redactar, pero con un plus determinante: los miembros del tribunal están especializados en corregir y examinar la expresión escrita de sus alumnos cada día. Podríamos decir incluso que es esto una deformación y vicio profesional, ya que cualquier docente de secundaria de la especialidad Lengua castellana y literatura, si a algo se dedica en los exámenes es a corregir los errores de expresión y de ortografía que presentan sus alumnos. Por ello, al leer cualquier texto, lo primero que va a hacer, sin darse cuenta, es mirar que la expresión y la ortografía sean correctas.

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