¡Ponte a prueba! 15/2020 Oposiciones de Lengua castellana y literatura

¡Feliz año 2020! Tras los regalos de Reyes, esperemos que nuestro esfuerzo y nuestra fe nos traigan este junio la ansiada plaza. Y tras el paréntesis vacacional, regresamos a nuestra rutina semanal con nuestro “¡Ponte a prueba!”, el acertijo que comenzamos hace ya cuatro años para apoyar a las personas que se preparan para afrontar la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua castellana y literatura. 

Hoy comenzamos el año en nuestro acertijo y por ello hemos elegido una obra útil para recordar a quienes opositan una efeméride importante que, quizás, podría manifestarse de alguna manera en el ejercicio de la prueba práctica de este año. 

Ya sabes que el objetivo es reconocer la obra y el autor o, en su defecto, situar el texto en su época, en su movimiento y en sus coordenadas genéricas. Como siempre para participar, hay que hacerlo enviando las respuestas hasta el domingo por la noche a la página de Facebook de opolengua.com

Y nada más por hoy.¡Feliz año de oposiciones 2020!

Después de media hora de camino, durante la cual el Sr. D. José no se mostró muy comunicativo, ni el Sr. Licurgo tampoco, apareció a los ojos de entrambos apiñado y viejo caserío asentado en una loma, y del cual se destacaban algunas negras torres y la ruinosa fábrica de un despedazado castillo en lo más alto. Un amasijo de paredes deformes, de casuchas de tierra pardas y polvorosas como el suelo, formaba la base, con algunos fragmentos de almenadas murallas, a cuyo amparo mil chozas humildes alzaban sus miserables frontispicios de adobes, semejantes a caras anémicas y hambrientas que pedían una limosna al pasajero.

Pobrísimo río ceñía, como un cinturón de hojalata, el pueblo, refrescando al pasar algunas huertas, única frondosidad que alegraba la vista. Entraba y salía la gente en caballerías o a pie, y el movimiento humano, aunque pequeño, daba cierta apariencia vital a aquella gran morada, cuyo aspecto arquitectónico era más bien de ruina y muerte que de prosperidad y vida. Los repugnantes mendigos que se arrastraban a un lado y otro del camino, pidiendo el óbolo del pasajero, ofrecían lastimoso espectáculo. No podían verse existencias que mejor cuadraran en las grietas de aquel sepulcro, donde una ciudad   estaba no sólo enterrada sino también podrida. Cuando nuestros viajeros se acercaban, algunas campanas tocando desacordemente, indicaban con su expresivo son que aquella momia tenía todavía un alma.

Llamábase Orbajosa, ciudad que no en Geografía caldea o cophta sino en la de España figura con 7.324 habitantes, ayuntamiento, sede episcopal, partido judicial, seminario, depósito de caballos sementales, instituto de segunda enseñanza y otras prerrogativas oficiales.