¡Ponte a prueba! 20/2020 Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Ya es nuevamente viernes y, por ello, volvemos con nuestro acertijo “¡Ponte a prueba!”, con el que procuramos acompañar y apoyar a las personas que preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura y, más concretamente, en su faceta más difícil y meritoria, la prueba del comentario de texto, donde cómo sabemos, entran tantas habilidades en juego.

Aquí se trata de reconocer (si es que la conocemos) la obra y el autor. Y si ello no es posible, pues muchas veces no lo es, de señalar el género, la época y el movimiento literario en el convencimiento de que, con una buena extracción de datos, argumentación y exposición, basta con esto para realizar un comentario sobresaliente. Hoy traemos una obra que, dados los aciertos de las últimas semanas, ya no me atrevo a calificar de difícil.

Como siempre, las respuestas han de hacerse en la página de Facebook de www.opolengua.com hasta el domingo por la noche y el lunes publicaremos la soluciones los acertantes. Nada más por hoy. Feliz fin de semana. Saludos y ánimo.

Mi bisabuela tiraba por otro rumbo; era barbera de las damas, quiero decir, que les quitaba el vello, y a veces el pellejo; pintaba cejas, hacía mudas, aderezaba pasas, forjaba arreboles, bañaba soles, ponía lunares, y preparaba solimán; el inocente rostro que se ponía en sus manos, si no salía mártir, salía confesor; anochecían en su casa las viejas palomas, y salían cuervos, es esto de sacar manchas era única, quitaba las de la cara, pero no las del cuerpo. Últimamente, no pretendo cansar a vuestras mercedes con brujulear más la baraja de mi honrada genealogía, pues era proceder infinito y dar con la que tuvo Adán en el campo damasceno. Estos fueron los más honrados de mi linaje, de cuyos oficios saqué mis armas; bien podía mi vanidad pintar en su escudo zorras, zorrillas, perros, gavilanes, castillos y otras sabandijas, pero sería igualarme, y aún condenarme, por la vía ordinaria; la guadaña y el orinal saqué de mi padre, las muelas de mi tío, las redomas de mi boticario, y a este paso los demás con que adorno el escudo de mis armas; si soy bien nacido, dirá el capítulo que sigue, y si tengo nobleza, lo dirán mis obras en el discurso de mi vida, pues a mi flaco juicio, el más bien nacido fue siempre el que vive mejor.

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