¡Ponte a prueba! 21/2020 (Solución) Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Hoy empezamos una nueva semana de estudio. Ya queda menos para junio y hay que sacar tiempo de debajo de las piedras para estudiar más y prepararse mejor. Nosotros comenzamos la semana con la solución de nuestro acertijo “¡Ponte a prueba!”, con el que pretendemos ayudar a las personas que preparan la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.

Como ya anunciábamos, sería muy difícil reconocer la obra pues es una obra casi desconocida. Se trataba de una novela corta titulada Rodando (1920) de esa indómita mujer y magnífica escritora que fue la condesa de Pardo Bazán (1851-1921), para mí la mejor escritora en español del siglo XIX. Esta obra ha sido editada en muy pocas ocasiones, la última de ellas lo fue por mi maestro y amigo Jesús Felipe Martínez Sánchez en la Editorial Debate en octubre de 2001. Así pues, reconocerla era muy difícil. Sin embargo, nuestros acertantes han sido capaces de captar en el estilo los rasgos de la novela realista del siglo XIX, con lo que muy bien podrían realizar un buen comentario que les situase en las primeras posiciones del tribunal.

Así pues hay que felicitar a Virginia Luna, Adrián Gómez Acosta, Alegala Mell, Carmen María Díaz Meca y especialmente a Paola Mira Pérez y a Dani ED, que citan explícitamente a la autora gallega, cuya lectura recomendamos vivamente. ¡Ojalá el día D tengan la misma fortuna!

Y nada más por hoy. El miércoles volveremos con nuestra entrada de fondo.

Saludos y ánimo.

Al través del ramaje que la invernada había despojado de sus hojas, Trasvalle, al levantarse de su asiento en el banco, veía el muelle. No le llamaba la atención, por frecuente, el desfile de los pasajeros de los vapores de América que allí desembarcaban. Era siempre la misma comitiva, con trajes heteróclitos, guardapolvos de verano aun en invierno, gorras a cuadros y a rayas, jipis anticuados, maletas de lata con doradas cantoneras, sacos y fardos de todo género. De pronto, Trasvalle pegó un respingo. Una forma humana, confundida entre la multitud, le había dado un golpe en el alma. Rompió a correr.
-¿Qué sucede?- interrogó Nazario.
Don Ramón no contestó. Seguía corriendo, ahogándose de sofocación, detrás del pasajero entrevisto, el cual también iba velozmente y sin volver la cabeza a pesar de los gritos, que no oiría tal vez.
-¡Geromo! ¡Geromo! ¡Aguarda, hombre!
No consiguió alcanzarle el que le perseguía, sino cuando, seguido de una mujerona que porteaba un saco de lona y cuero, iba a subir las escaleras de <>, fonda siempre llena de indianos y viajantes de muy distintas procedencias. Geromo, al verse sorprendido por su padre, que apenas podía respirar de la carrera que había dado, se estremeció primero, y luego se cuajó en frialdad defensiva, casi retadora.

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