¡Ponte a prueba! 22/2020 (Solución) Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Ya es lunes 2 de marzo y comenzamos una nueva semana de estudio con la solución de nuestro acertijo “¡Ponte a prueba!”, con el que acompañamos a las personas que preparan la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.

Efectivamente, el texto era un fragmento de la famosa novela Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín Santos y más en concreto de la persecución que se da entre cuatro personajes de la obra (Matías, Cartucho, el policía y Amador) para encontrar a Pedro, que está escondido en el prostíbulo de doña Luisa tras la muerte de Florita. En ella, Martín Santos elige una novedosa técnica narrativa y es la de narrar la persecución solo engarzando los monólogos interiores de cada uno de estos personajes. En este caso, se trataba del monólogo del policía que va detrás de Matías con la esperanza de que este le conduzca sin saberlo al escondite de su amigo Pedro.

Y como siempre, ha habido acertantes de nuestro texto. Josega Real, Adrián Gómez Acosta y Dani ED indican acertadamente la época y Sara Piélagos Martín, Henar PC y Esperancita MP aciertan al indicar que podría tratarse de Tiempo de silencio. Enhorabuena para todos ellos y ojalá que el día D tengan la misma suerte. Esta novela es muy importante y ha aparecido en reiteradas ocasiones en las pruebas de las oposiciones. No hay que olvidar que los profesores de mi generación y de generaciones anteriores, que son los que suelen estar en las presidencias de los tribunales número 1 o comisiones de selección tuvieron que leer obligatoriamente esta novela en su instituto pues fue durante muchos años lectura obligatoria en COU. Así pues, mi recomendación a todo el mundo es que se lea y domine la novela hasta ser capaz de reconocerla sin dudar.

Y nada más por hoy. El miércoles volveremos con nuestra entrada de análisis. Saludos y ánimo.

«¿Cómo habrá conseguido que se le enamore? Porque es tan poco entreprenant. Habrá sido ella la que arregló la caza. Pero está colada. Ríase usted de la Sarah Bernhardt. Qué escenita. Te amo, te como, te devoro, te hundo los colmillos en la víscera más tierna. Y yo espectador privilegiado en proscenio especial, representación privatissime. Y ella, ignorante del lujo asiático de la mansión señorial, en absoluto coartada por los valiosos cortinajes, como si todo aquello no fueran sino bambalinas y decorados abstractos, actuando en la cúspide de su maestría. No lo merece ese tonto, ni lo sabe comprender. Gracias a que estaba yo. Si no el espectáculo se pierde en el vacío. Entró como la encarnación de la tragedia. Deus ex machina. Un gesto suyo y el destino quedaba decidido. El amor, la ira, el terror pánico, el vértigo de la angustia, lo patético. Y yo: Le esconderé, no te preocupes. Fascinado por la literatura. Arrastrado por el torbellino. Porque lo que tenía que hacer era entregarse: ir a declarar. ¿A qué viene toda esa tontería de esconderse? Tuvimos que ponernos a su altura. Ella nunca hubiera
comprendido que hubiéramos perdido un taxi y hubiéramos enviado su amor a la prevención. ¿Qué leerá esa chica? Es que lo llevan dentro.»

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