¡Ponte a prueba! 27/2020 (Solución) Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Acabó la Semana Santa y una gran parte de la población española sigue confinada en sus casas. Nosotros, tal y como anunciábamos el viernes 3, volvemos a nuestro acertijo “¡Ponte a prueba!” con el que pretendemos ser motivo de ayuda y pasatiempo a las personas que preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.

Decíamos ese día que el texto propuesto pretendía ser un homenaje a los miembros de las fuerzas de seguridad, al personal sanitario de toda condición y a todos los que velaban por nosotros para que pudiéramos estar seguros en nuestras casas. Y, como siempre, varias personas lo han acertado mostrando su competencia literaria.

Así Mercedes Mateos y Adrián Gómez Acosta aciertan la época del texto; Esperancita MP y Ale EU señalan como probable la pertenencia al Quijote y Virginia Luna y Carla Romero se llevan el pleno, pues aciertan y sitúan perfectamente el fragmento. ¡Enhorabuena a todos ellos y ojalá que el Día D tengan la misma suerte!

Y es que efectivamente se trataba del famoso discurso de las armas y las letras, contenido en el capítulo XXXVIII “Que trata del curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras” de la Primera parte del Quijote, en el que nuestro buen caballero desarrolla las ideas del propio Cervantes (buen conocedor de ambas) acerca de la preeminencia de las armas sobre las letras, pues como sabemos en nuestro Príncipe de los ingenios españoles (1547-1616) consideraba que su participación de la batalla de Lepanto (1571) era “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”, tal y como señalaría en el Prologo a la Segunda parte del Quijote.

Y nada más por hoy. Queremos mandaros desde aquí ánimos en vuestro confinamiento o en vuestro trabajo y desearos que vosotros mismos y los vuestros estéis bien. Nosotros volveremos el miércoles con nuestra entrada de análisis.

Saludos y ánimo.

Y ¿qué temor de necesidad y pobreza puede llegar ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene un soldado que, hallándose cercado en alguna fuerza y estando de posta o guarda en algún revellín o caballero, siente que los enemigos están minando hacia la parte donde él está, y no puede apartarse de allí por ningún caso, ni huir el peligro que de tan cerca le amenaza? Solo lo que puede hacer es dar noticia a su capitán de lo que pasa, para que lo remedie con alguna contramina, y él estarse quedo, temiendo y esperando cuándo improvisamente ha de subir a las nubes sin alas y bajar al profundo sin su voluntad. Y si este parece pequeño peligro, veamos si le iguala o hace ventaja el de embestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las cuales enclavijadas y trabadas no le queda al soldado más espacio del que concede dos pies de tabla del espolón; y con todo esto, viendo que tiene delante de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos cañones de artillería se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una lanza, y viendo que al primer descuido de los pies iría a visitar los profundos senos de Neptuno, y con todo esto, con intrépido corazón, llevado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta arcabucería y procura pasar por tan estrecho paso al bajel contrario. Y lo que más es de admirar: que apenas uno ha caído donde no se podrá levantar hasta la fin del mundo, cuando otro ocupa su mesmo lugar; y si este también cae en el mar, que como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin dar tiempo al tiempo de sus muertes: valentía y atrevimiento el mayor que se puede hallar en todos los trances de la guerra.