¡Ponte a prueba! 32/2020 (Solución) Oposiciones de Lengua castellana y literatura

Como todos los lunes, retornamos a nuestra actividad con la publicación de nuestro “¡Ponte a prueba!”, el acertijo semanal con el que acompañamos a las personas que preparan la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y literatura desde hace años.

Ya decíamos el fin de semana que en esta ocasión se trataba de un texto muy especial que iba a suponer una cierta dificultad a las personas que participan en nuestro acertijo. Sin embargo, en lo referente a la época, ha habido unanimidad y acierto. Y así, Ale EU, Mercedes Mateos, Sara Piélagos, Adrián Gómez Acosta y Esperancita MP señalan acertadamente el siglo XX como la época de redacción de la obra. Pero es Josega Real quien acierta el título y el autor de la obra, llevándose el pleno. ¡Enhorabuena a todos y ojalá que el Dia D tengan la misma fortuna!

Y es que, efectivamente, el fragmento pertenecía al capítulo VIII “El colegio” de la primera parte (La forja) de la novela autobiográfica de Arturo Barea (1897-1957), La forja de un rebelde, obra excepcional aparecida inicialmente en inglés en Londres entre 1941 y 1946 (editada por T.S. Elliot y reseñada por Orwell) y luego publicada en español en 1951. Una gran novela autobiográfica que, seguramente, no ha tenido más impacto en España debido a razones políticas, pues su autor combatió en el lado republicano, pero acabó yéndose a Londres enfrentado con los comunistas. En fin, una novela inolvidable cuya lectura recomendamos de forma entusiasta, tanto por su forma como por su ágil estilo.

Y nada más por hoy. Os emplazamos a nuestra entrada de fondo del próximo miércoles y os deseamos una fructífera semana de estudio. Nuestro recuerdo a las víctimas de la pandemia y nuestro abrazo a sus familiares y allegados. Saludos y ánimo.

Su padre me mira de arriba abajo con unos ojillos grises que chispean dentro de las cejas peludas.
-¡Ah! Sí, este es el hijo de la lavandera de que me has hablado. ¡Podías aprender de él, que buenos cuartos me cuestas, para que luego seas más burro que el hijo de la lavandera!
Nieto se queda completamente pálido y yo siento que me pongo rojo. El padre Joaquín me pone una mano encima de la cabeza y le empuja de un brazo a Nieto, diciéndonos a los dos:
-Andad, idos un poco por ahí.
Se vuelve muy serio al padre de Nieto y le dice:
-Aquí son los dos iguales, mejor dicho, aquí el hijo de la lavandera es más que el hijo de dueño de minas que paga trescientas pesetas al mes.
Da media vuelta y se marcha tranquilamente sin volver la cabeza. El viejo se queda mirándole y después llama a su hijo. Se ponen los dos a discutir en el banco.
Yo paso por delante y le digo al chico:
-Hasta mañana, Nieto.- Y sigo andando sin saludar a su padre. En la puerta está el padre Joaquín que no me dice nada. Yo tampoco. Le beso la mano y me voy.
Cuando bajo las escaleras del portal no las veo, porque se me llenan los ojos de agua. Lo que ha hecho el padre Joaquín es contra la regla del colegio, donde no se puede tratar mal a la gente de dinero. Si lo supieran se quedaría solo contra todos los curas. Por ser así, toca el oboe a los pájaros y les habla.
Yo también me quedo solo como él. Porque somos distintos de los demás.