¡Ponte a prueba! 35/2020 Oposiciones de Lengua Castellana y Literatura

Llega junio y con ello el final del curso, pero seguimos manteniendo nuestro acertijo semanal “¡Ponte a prueba!” para servir de reto y pasatiempo quienes preparan la prueba de comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.

En esta ocasión traemos un texto en prosa procedente de una obra que puede resultar difícil de identificar y por ello, creo que en un ejercicio real de oposiciones, bastaría con señalar razonadamente la época, el género y el movimiento literario para estar en las posiciones elevadas del tribunal.

Como siempre, se puede participar poniendo un comentario en la página de Facebook de www.opolengua.com hasta el domingo por la noche y la solución y la lista de acertantes se dará a conocer el lunes.

Como siempre, nuestro respetuoso recuerdo a las víctimas de la pandemia y nuestro cariño para sus allegados. Feliz fin de semana. Saludos y ánimo.

Volvieron a beber. Abrieron otra botella. Perico llamó a Serafín, que seguía intentando saber lo que había pasado.
-Oye, saca una jarra de la solera. Y mete tres o cuatro botellas en el pozo, que se vayan refrescando.
-Sí, señor.
-Espera. ¿A qué hora van a empezar la pisa?
-A eso de las tres y media. ¿Quería usted algo?
-No, nada. ¿Están durmiendo ahí las cuadrillas?
-Sí, señor, como siempre, en la bodega de atrás. ¿Quiere usted algo?
-Tráete la jarra.
-Ya está aquí… Oiga, usted, ¿qué era eso del jabalí?
-Nada, hombre, una broma.
-Acabáramos.
Serafín atravesó el patio. Debían de ser bastante más de las doce. La rubia de los pechos exuberantes hablaba con Perico.
-¿Y todo esto es tuyo, titi?
-Y tuyo.
-Pues si que atrincarás parné.
-Vaya. Lo comido por lo servido.
-Sí, sí… Y tú, de campo.
-Lo que pasa es que me distrae. Una viña siempre tiene su parte distraída, como cada cosa.
Sonó la cubeta del pozo chocando contra el agua. Parecía como si la lánguida y profunda sonoridad se estuviese distendiendo por debajo de la tierra del patio. Las voces se hacían más agudas e irreales dentro de la tórrida majestad de la viña.
-Bueno, ¿estás a gusto? -le preguntó Perico a la rubia.
-Yo sí. ¿Y tú?
-Depende.
-Depende, ¿de qué?
-De cómo te portes.
El Cuba volvió a llenar las copas. La rubia le trabajaba la rodilla a Perico, acercándose a mirarlo.
-¿Yo? De dulce. ¿O no lo sabes?
-Luego te lo digo.