¡Ponte a prueba! 35/2020 (Solución) Oposiciones de Lengua Castellana y Literatura

Como cada lunes, iniciamos la semana resolviendo el acertijo planteado en nuestro último “¡Ponte a prueba!”, el reto de fin de semana con el que pretendemos ayudar de forma amena a quienes preparan la prueba de comentario de la oposición de Lengua Castellana y Literatura.

En esta ocasión sabíamos que el reto era difícil y que la reconocer la obra era poco menos que imposible, pues se trataba de una obra que, si bien en su día tuvo una gran repercusión (fue premio Biblioteca Breve de Seix Barral, 1961), lo cierto es que con el paso del tiempo ha ido cayendo en un cierto olvido. Por ello, era suficiente, como decíamos, con acertar el período y el movimiento literario al podríamos adscribirla.

Y en ese sentido, hay que decir que, como siempre, nuestros participantes han mostrado una gran competencia literaria, como ahora veremos. Y así Josega Real, Ale EU y Mamen Moreno situaban la obra en su género y su época (pues verdaderamente, la novela se escribió en la segunda mitad del siglo XX). Mercedes Mateos precisaba acertadamente que pertenecía al movimiento de la generación del 50 y Sara Piélagos Martín también la situaba de forma correcta en ese mismo grupo generacional de forma muy razonada y además la emparentaba con El Jarama, tal y como es en realidad. Así que hay que darles la enhorabuena a todos y esperar que tengan al menos la misma fortuna el día D.

Y es que, efectivamente, se trataba de un fragmento del capítulo 5 de Dos de días de septiembre (1961) de José Manuel Caballero Bonald (1926), una notable novela social que muestra de forma crítica el mundo de las bodegas jerezanas a través de una gran cantidad de personajes que abarca todas las clases sociales, desde los propietarios de las bodegas, a los jornaleros, sin olvidar a las prostitutas o a los flamencos. Es una novela que merece le pena ser leída y cuyo final a mí me pareció sorprendente. Es una obra especialmente recomendada para aquellos que se presenten a las oposiciones en Andalucía.

Y nada más por hoy. Volveremos el miércoles con nuestra entrada de análisis. Como siempre, nuestro recuerdo a las víctimas de la pandemia y nuestro cariño para sus allegados. Saludos y ánimo.

Volvieron a beber. Abrieron otra botella. Perico llamó a Serafín, que seguía intentando saber lo que había pasado.
-Oye, saca una jarra de la solera. Y mete tres o cuatro botellas en el pozo, que se vayan refrescando.
-Sí, señor.
-Espera. ¿A qué hora van a empezar la pisa?
-A eso de las tres y media. ¿Quería usted algo?
-No, nada. ¿Están durmiendo ahí las cuadrillas?
-Sí, señor, como siempre, en la bodega de atrás. ¿Quiere usted algo?
-Tráete la jarra.
-Ya está aquí… Oiga, usted, ¿qué era eso del jabalí?
-Nada, hombre, una broma.
-Acabáramos.
Serafín atravesó el patio. Debían de ser bastante más de las doce. La rubia de los pechos exuberantes hablaba con Perico.
-¿Y todo esto es tuyo, titi?
-Y tuyo.
-Pues si que atrincarás parné.
-Vaya. Lo comido por lo servido.
-Sí, sí… Y tú, de campo.
-Lo que pasa es que me distrae. Una viña siempre tiene su parte distraída, como cada cosa.
Sonó la cubeta del pozo chocando contra el agua. Parecía como si la lánguida y profunda sonoridad se estuviese distendiendo por debajo de la tierra del patio. Las voces se hacían más agudas e irreales dentro de la tórrida majestad de la viña.
-Bueno, ¿estás a gusto? -le preguntó Perico a la rubia.
-Yo sí. ¿Y tú?
-Depende.
-Depende, ¿de qué?
-De cómo te portes.
El Cuba volvió a llenar las copas. La rubia le trabajaba la rodilla a Perico, acercándose a mirarlo.
-¿Yo? De dulce. ¿O no lo sabes?
-Luego te lo digo.