¡Ponte a prueba! 5/2021 (Solución)

Hoy ya es lunes e iniciamos la semana de trabajo publicando la solución del “¡Ponte a prueba!”, el acertijo con el que pretendemos ayudar siguiendo el lema del “docere et delectare” a las personas que preparan la siempre temida prueba del comentario de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.

En esta ocasión planteábamos un texto de un escritor actual, de esos que aparecen citados en algunos temarios y en otros no, pero que ha tenido gran influencia en este siglo XXI. Y ha habido, como siempre, participantes de fino olfato y gran competencia lectora que han dado en la diana. Y así tanto Sara Piélagos, como Adrián Gómez Acosta, José Manuel Serrano Valera y Javier Ojeda aciertan en la época. Pero son Mercedes Mateos y Josega Real quienes se acercan más al pleno pues citan acertadamente a su autor. ¡Enhorabuena a todos ellos y que el Día D tengan la misma suerte!

Y es que, en efecto, se trataba de la obra Bartleby y compañía (2000) de Enrique Vila-Matas (1948). Decía Dostoievsky que “todo cabe en una novela” y así podemos situar este diario ficticio dentro de la novela y más concratamente, yo lo situaría dentro del género de la novela intelectual y metaliteraria pues trata justamente de literatura, de aquellas personas que deciden no escribir. Desde el punto de vista estilístico, me parece una obra brillante y muy divertida, llena de humor.

Y nada más por hoy. Recordamos, nuevamente, a las víctimas y sus familiares. Volveremos el miércoles con nuestra entrada de análisis. Saludos y ánimo.

Todo el relato, toda la historia de Iba siempre por delante y era extraño, extrañito es la transcripción fiel, por parte de Ramón Ros, de todo lo que cuenta Paranoico Pérez.
“Iba por fin a escribir mi primera novela -empieza contándole Paranoico-, una historia en la que había estado trabajando arduamente y que transcurría toda entera, enterita, en ese gran convento que hay en la carretera de Sintra, iba a decir Sintrita, cuando de repente, ante mi absoluta perplejidad, vi un día, en los escaparates de las librerías, firmado por un tal Saramago, un libro titulado Memorias del convento; ay madre, madrecita mía.
Paranoico Pérez, aficionado a incluir diminutivos en todo lo que cuenta, va desgranando su historia, explica cómo se quedó helado, lleno de temores que pronto confirmó cuando vio que la novela de Saramago era asombrosamente igual, pero que igualita a la que le había planeado escribir: “Me quedé pasmado prosigue Paranoico, bien pasmadito y sin saber qué pensar de todo aquello hasta que un día le oí decir a alguien que a veces hay historias que nos llegan en forma de voz, una voz que habla en nuestro interior y que no es la nuestra, no es la nuestrita. Me dije que esa era la mejor explicación que había podido encontrar para entender aquello tan raro que me había ocurrido, me dije que era muy posible que todo lo que yo había planeado para mi novela si hubiera trasladado, en forma de voz interior, a la mente del señor Saramago…”
A través de lo que va con tanto paranoico Pérez nos enteramos de que este, recuperado de la crisis que le sobrevino tras el extraño suceso, comenzó a pensar alegremente en otra novela y planeó minuciosamente una historia que protagonizaba Ricardo Reis, el heterónimo de Fernando Pessoa. Naturalmente, la sorpresa de Paranoico fue grande cuando, al disponerse a redactar su historia, apareció en las librerías El año de la muerte de Ricardo Reis, la nueva novela de Saramago.