¡Ponte a prueba! 6/2021 (Solución)

Hoy es un gran día para todos los hablantes y los amantes del español, pues es 12 de octubre y hoy conmemoramos el Descubrimiento de América y, por tanto, de nuestra comunidad de hispanohablantes, conformada cinco siglos después por casi seiscientos millones de personas, lo que convierte a nuestra lengua en una de las más habladas del mundo. Pero también es lunes y por ello traemos la solución de nuestro “¡Ponte a prueba!”, el reto y pasatiempo con el que o intentamos ayudar a las personas que preparan las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura en la siempre temida prueba del comentario de texto.

El viernes proponíamos un texto con truco, como ha aparecido en otras oposiciones. Con apariencia de obra teatral, se incluía un fragmento novelesco. Nuestra torpe añagaza, sin embargo, no ha podido engañar la competencia literaria de nuestros seguidores y así han sido varias las personas que han reconocido la obra. José Manuel Serrano Valera acertaba en cuanto al movimiento y la época y Mery San, Amaranta Buendía Moreno, Maica Maiqueta, Mercedes Mateos, Javier Ojeda y Neleb Orelom hacían pleno pues daban con título y autoría. ¡Enhorabuena para todos ellos y ojalá que el día D tengan la misma suerte!

Efectivamente se trataba de un fragmento correspondiente al inicio del capítulo IV de la primera parte de Nada (1945), la magnífica y fascinante novela de Carmen Laforet (1921-2004), en la que traza un sobresaliente friso sentimental y social de la posguerra en la ciudad de Barcelona. Una novela que testimonia, junto con otras obras de la época (como Hijos de la Ira, por ejemplo) la existencia de tantísimas vidas humanas maltratadas por lo ocurrido en la guerra civil, en pleno estado postraumático. Impresionante novela menos alabada de lo que se merece. Hay que recordar que esta obra apareció en las oposiciones de 2018, en la Región de Murcia.

Y nada más por hoy. Volveremos el miércoles con nuestra entrada de fondo. Saludos y ánimo.

GLORIA.- Yo, cuando llegamos aquí estaba muy asustada. Román me decía: “no tengas miedo”. Pero él también había cambiado.
ABUELA.- Cambio en los meses que estuvo en la Checa; allí lo martirizaron; cuando volvió casi no lo reconocimos. Pero Juan había sido mucho más desgraciado que él, por eso yo comprendo más a Juan. Me necesita más Juan. Y esta niña también me necesita. Si no fuera por mí, donde estaría su reputación.
GLORIA.- Román había cambiado antes. En el momento mismo que entramos en Barcelona en aquel coche oficial. ¿Tú sabes que Román tenía un cargo importante con los rojos? Pero era un espía, una persona baja y ruin que vendía a los que le favorecieron. Sea por lo que sea, el espionaje es de cobardes.
ABUELA.- ¿Cobardes? Niña, en mi casa no hay cobardes… Román es bueno y valiente y exponía su vida por mí, porque yo no quería que estuviera con aquella gente. Cuando era pequeño…
GLORIA.- Te voy a contar una historia, mi historia, Andrea, para que veas que es como una novela de verdad… Ya sabes tú que yo estaba en un pueblo de Tarragona, evacuada… Entonces, en la guerra, siempre estábamos fuera de nuestras casas. Cogíamos los colchones, los trastos y huíamos. Había quien lloraba. A mí me parecía tan divertido… Era por enero o febrero cuando conocí a Juan, tú ya lo sabes. Juan se enamoró de mí enseguida y nos casamos a los dos días… Le seguía todos los sitios a donde iba… Era una vida maravillosa, Andrea, Juan era completamente feliz conmigo, te lo juro, y entonces estaba guapo, no como ahora, que parece un loco… Había muchas chicas que seguían a sus maridos y a sus novios a todos lados.
Siempre teníamos amigos divertidos. Yo nunca tuve miedo a los bombardeos, ni a los tiros… Pero no nos acercábamos mucho a los sitios de peligro. Yo no sé bien cuál era el cargo que tenía Juan, pero también era importante. Te digo que yo era feliz. La primavera iba a llegando. Y pasábamos por sitios muy bonitos un día me dijo Juan: “Te voy a presentar a mi hermano”. Asimismo, Andrea. Román al principio me pareció simpático. ¿Tú lo encuentras más guapo que Juan? Pasamos algún tiempo con él, en aquel pueblo. Un pueblo que llegaba al mar.
Todas las noches Juan y Román se encerraban, para hablar, en cuarto junto al que yo dormía. Yo quería saber lo que decían. ¿No te hubiera pasado lo mismo? Y además había una puerta entre las dos habitaciones. Creía que hablaban de mí. Estaba segura de que hablaban de mí. Una noche me puse a escuchar. Miré por la cerradura: estaban los dos inclinados sobre un plano y Román era el que decía: “Yo tengo que volver aún a Barcelona. Pero tú puedes pasarte. Es sencillísimo…” Poco a poco empecé a comprender que Román estaba instando a Juan para que se pasara a los nacionales… Figúrate, Andrea, que por aquellos días fue cuando yo empecé a sentir que estaba embarazada. Se lo dije a Juan. El se quedó pensativo… Aquella noche en que se lo dije ya te imaginarás mi interés al volver a escuchar tras de la puerta del cuarto de Román. Yo estaba en camisón, descalza todavía me parece que siendo aquella angustia. Juan decía: “Estoy decidido. Ya no hay nada que me detenga”. Yo no lo podía creer. Si lo hubiera creído, en aquel mismo momento habría aborrecido a Juan.
ABUELA.- Juan hacía bien. Te mando aquí, conmigo…